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Este martes, el cielo del Líbano volvió a iluminarse por explosiones que quebraron la frágil calma de los últimos meses. Más de diez ataques aéreos impactaron los suburbios del sur de Beirut, y en cuestión de horas casi 30.000 personas comenzaron a desplazarse.

Desde la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) hemos advertido que esta nueva escalada de violencia —que comenzó el 28 de febrero con los bombardeos de Israel y Estados Unidos contra Irán y se ha extendido con represalias iraníes hacia otros países de la región— podría tener consecuencias devastadoras para las comunidades cristianas de Medio Oriente. La situación no sólo pone en riesgo vidas y hogares, sino que evidencia la fragilidad estructural de la minoría cristiana, cuya posibilidad de permanencia se reduce cada vez más, debido a conflictos que no provocan ni controlan.

En el sur del Líbano, las comunidades cristianas han quedado atrapadas en ciclos de violencia que no provocaron. No son mayoría política, no cuentan con milicias propias ni respaldo geopolítico. Son familias que han vivido por generaciones en la misma zona, y cada nueva escalada amenaza no solo sus hogares, sino también su decisión de permanecer.

Pero la situación en Líbano no es un caso aislado; refleja una tendencia que afecta a toda la región. La presión sobre las minorías cristianas no es reciente. En los últimos diez años, su proporción ha disminuido de manera sostenida en todos los países de Medio Oriente. Según el Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025 de ACN, en Siria la caída es la más significativa: de 6,3% en 2016 a 2,3% en 2025; en Irak, de 0,9% a 0,3%; en los Territorios Palestinos, de 1,1% a 0,7%; en Israel, de 2,1% a 1,9%; en Líbano —históricamente el país con mayor presencia cristiana—, de 34,5% a 33,7%; y en Irán, donde la comunidad vive bajo fuertes restricciones, de 0,8% a 0,7%.

La tendencia es clara: cada ciclo de inestabilidad no sólo genera desplazamientos temporales; acelera una erosión demográfica que puede volverse irreversible.

En Irak, los pueblos cristianos destruidos por la violencia extremista del ISIS apenas comenzaban a reconstruirse. Una nueva ola de destrucción podría ser el punto final. Muchas familias ya emigraron y, ante un nuevo conflicto, es poco probable que regresen. Quienes permanecen suelen ser personas mayores, con escasos recursos y profunda incertidumbre sobre el futuro.

En Siria, tras más de una década de conflicto, la reducción numérica no es sólo una estadística: refleja comunidades enteras que desaparecieron del mapa. La incertidumbre persiste en medio del proceso de transición política. Las ideologías extremistas no han desaparecido y continúan representando riesgos para minorías percibidas como occidentales, incluidos los cristianos.

En Gaza, la pequeña parroquia católica que permanece es también centro de distribución de alimentos y apoyo humanitario para cientos de personas. En Cisjordania, la violencia actual amenaza el turismo religioso, principal sustento de muchas familias cristianas.

El dilema es brutal y silencioso: quedarse o partir. Para miles de familias, significa decidir si pueden seguir viviendo en la tierra donde nacieron o si deben abandonarlo todo.

La desaparición progresiva de los cristianos de Medio Oriente no sería solo un golpe para la Iglesia. Sería una pérdida cultural, histórica y social para toda la región. Estas comunidades han convivido durante siglos con otras confesiones, han fundado escuelas, hospitales y universidades, y han sido puentes de encuentro en sociedades fragmentadas.

Desde ACN Chile acompañamos de cerca a los sacerdotes y religiosas que hoy están en primera línea acogiendo, alimentando y consolando. Nuestro compromiso con estas comunidades no cesa, incluso cuando la violencia amenaza con hacerlas desaparecer.

Mientras la violencia continúa, esta otra consecuencia de la guerra avanza en silencio. Y esa erosión, si no se enfrenta con atención y acompañamiento constante, puede terminar siendo definitiva. La presencia cristiana en Medio Oriente sigue siendo un patrimonio vivo de fe, cultura y esperanza que debemos seguir observando y apoyando con constancia y compromiso.

Directora Nacional de ACN Chile

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1 Comment

  1. Desgraciadamente ciertos tipos de regímenes dictatoriales y fanáticos, no se derrotan con votaciones, reuniones ni conclave. Es tal su odio y salvajismo que solo pueden ser derrotados por el uso legítimo de la fuerza. Tengo la convicción y esperanza que saldrá un Oriente Medio más Pacifico y democrático

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