FOTO: MANUEL LEMA OLGUIN/AGENCIAUNO

Han corrido ríos de tinta sobre el deterioro del debate público, ese proceso deliberativo racional en el cual descansa el éxito o el fracaso de la democracia, que supone un espacio común en el cual se confrontan las ideas, frente a una ciudadanía que en última instancia dirime con su voto.

Cada vez se hace más patente el impacto de las redes sociales en términos de degradar ese espacio de deliberación, fragmentándolo en múltiples nichos autorreferentes, a lo que se suma la extrema polarización del sistema político producto de la mala reforma electoral que reemplazó el binominal: los parlamentarios ya no le hablan al país, sino al pequeño nicho de votantes que necesitan para ser reelegidos.

A lo anterior se agrega una nueva izquierda que practica la “agudización del conflicto”, devotos de Laclau y Mouffe entre otros, lograron imponer sus métodos frente a una centroizquierda que no estuvo a la altura para rechazar la violencia y defender la democracia representativa; hoy son gobierno y su incoherencia queda al descubierto en cada nueva voltereta.

Por la derecha surgieron unos aprendices de brujo que creen que la fórmula es exitosa para alcanzar el poder. Creen que el resto del país no existe, qué solo hay que hablarle al votante duro y para asegurar su voto hay que pegarle a la competencia directa, no a aquella izquierda que se ha convertido en su espejo y referente metodológico.

Parte de la estrategia consiste en crear situaciones ficticias que permitan captar “el voto duro”. Por ejemplo, la acusación contra Giorgio Jackson, un personaje detestado por el electorado de derecha y pieza fundamental del actual gobierno y de su desplome.

Se sabía que, sin los votos de otras fuerzas como el PDG y la DC, la acusación fracasaría y en vez de asestar una derrota al Gobierno, se le concedía una victoria segura, una bocanada de aire en medio del festival de “desprolijidades”, contradicciones e “impericias”.

Pero lo importante era la galería, mostrar quienes son los verdaderos “patriotas” versus “la derechita cobarde” para que luego sus redes sociales, debidamente reforzadas con bots y mucho dinero, hagan el resto del trabajo sucio.

Conscientes del juego y del costo electoral que implicaba no respaldar la acusación, Chile Vamos la apoyó, con excepción de tres abstenciones que no fueron decisivas (faltaban cinco votos), pero sí suficientes para que la “operación” diera resultado.

Quedó de manifiesto la incoherencia: el respeto a la Constitución y los requisitos jurídicos necesario para acusar constitucionalmente, que invocamos tantas veces, ahora no aplicaba. Qué decir de la incoherencia de los que acusaron a Jackson y rechazaron la acusación contra la exministra Ríos.

Es hora de ordenar las ideas y la conducta. Necesitamos que el mayoritario triunfo del Rechazo se plasme en una nueva Constitución, auténticamente democrática -a diferencia de la que fue rechazada- que respete y garantice nuestras libertades, que corrija nuestro sistema político y que establezca derechos sociales bajo provisión mixta, con libertad de elegir y con responsabilidad fiscal, capaz de convocar a una amplia mayoría ciudadana para darle a Chile estabilidad y paz en las próximas décadas.

Para persuadir y convocar esas mayorías es imprescindible recuperar la coherencia.

Hay un amplio electorado -el que en definitiva dirime las elecciones- que no vota en función del color político, que detesta las peleas intestinas, que desconfía de los partidos, pero que necesita volver a creer en la política, luego del fiasco de la Convención.

Si no entendemos que no se trata solo de ganar elecciones, que el país es mucho más que los grupos virtuales y reales en los cuales nos desenvolvemos, seguiremos a la deriva como sector y como sociedad. Sólo la coherencia puede ayudarnos a recuperar el rumbo.

*Luis Pardo Sáinz – Director Ejecutivo Instituto Libertad

Director Ejecutivo Instituto Libertad

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.