Codelco sigue siendo un activo estratégico para Chile. Sus aportes al fisco y su rol en la minería del cobre la mantienen en el centro del desarrollo económico del país. Pero justamente por esa relevancia, hoy resulta indispensable evaluar a la empresa no sólo por su historia o por sus transferencias anuales, sino también por su capacidad real de generar valor de manera sostenible en el tiempo.

Durante décadas, el país privilegió la extracción de recursos por sobre el fortalecimiento patrimonial de la estatal. En su momento, esa decisión pudo parecer funcional a las necesidades fiscales. Sin embargo, en una industria intensiva en capital, de ciclos largos y alta exigencia operacional, postergar inversión termina pasando la cuenta: cae la productividad, suben los costos, se deteriora la competitividad y se debilita la creación de valor.

Eso es precisamente lo que hoy refleja la empresa estatal. La entidad arrastra una deuda superior a US$25.000 millones, enfrenta atrasos en proyectos estructurales y opera con una base de activos tensionada. Más aún, no ha logrado capturar plenamente el valor que ofrecieron el mayor precio del cobre y la mejora en las perspectivas de demanda del metal rojo, impulsadas por la electrificación, la transición energética y la expansión de nuevas tecnologías.

El problema, por tanto, ya no es sólo operacional o financiero: es también un problema de valorización. Según las más recientes estimaciones de Bank of America, Codelco estaría valorizada en torno a US$40.000 millones. La comparación es elocuente, porque en 2014 la propia estatal cifraba su valor en US$50.000 millones. Es decir, en más de una década no sólo no ha creado valor adicional, sino que ha visto presionada su valorización a la baja en un período en que el mercado del cobre ofreció condiciones mucho más favorables que en años anteriores.

La brecha se aprecia con mayor nitidez al comparar a Codelco con otras mineras relevantes. Hoy Antofagasta Minerals vale del orden de US$50.000 millones; Anglo American, cerca de US$54.000 millones; Vale, alrededor de US$65.000 millones; Rio Tinto, aproximadamente US$164.000 millones; y BHP, cerca de US$214.000 millones. El contraste más revelador es, probablemente, el de BHP: en los últimos diez años duplicó su valor en dólares australianos, mientras Codelco permanece estancada, de acuerdo con estudios de organismos independientes y valorizaciones de mercado referenciales.

Esta comparación no pretende desconocer que Codelco opera bajo restricciones distintas a las de una minera privada. Su condición de empresa estatal implica obligaciones, marcos de decisión y exigencias de política pública que no son equivalentes. Pero precisamente por eso, la discusión correcta no es si debe parecerse por completo a una privada, sino si está gestionando de la mejor manera posible el capital que pertenece a todos los chilenos. Y bajo ese estándar, la pregunta por la eficiencia y por la creación de valor se vuelve ineludible.

A lo anterior se suma un factor especialmente delicado: la confianza. La reciente controversia por la adulteración de cifras de producción para aparentar cumplimiento de metas no sólo constituye una mala señal reputacional. También revela debilidades en control interno, gestión e incentivos. Cuando una organización ajusta la realidad a la meta, en vez de ajustar la gestión a la realidad, se compromete la calidad de la información con la que se toman decisiones estratégicas. Y sin información confiable, no hay disciplina operacional, ni buen gobierno corporativo, ni creación de valor sostenible.

Por eso, el desafío de la nueva etapa de Codelco debe formularse en términos más exigentes: recuperar eficiencia, volver a generar valor y hacerlo sobre bases financieras sostenibles. Eso exige revisar la relación entre aportes al Estado e inversión de largo plazo; fortalecer el balance; ordenar costos y productividad; acelerar con disciplina la ejecución de proyectos estructurales; y evaluar con pragmatismo esquemas de asociación que permitan compartir riesgos, capital y capacidades de ejecución en nuevos proyectos de crecimiento que aumenten una producción estancada.

El contexto internacional sigue ofreciendo una oportunidad relevante. La demanda estructural por cobre debiera mantenerse firme en los próximos años. Pero esa oportunidad no se captura por inercia ni por la sola riqueza geológica. Se captura con productividad, con foco estratégico, con una asignación rigurosa de capital y con una gobernanza capaz de alinear intereses y exigir resultados medibles.

Codelco no puede conformarse con sostener su tamaño ni con administrar sin recobrar el liderazgo. Una empresa de esta relevancia debe aspirar a cerrar la brecha entre su potencial geológico y su valor económico efectivo. En otras palabras, debe pasar desde una lógica de gestionar con complacencia lo que se tiene hacia una lógica de creación de valor que es más desafiante. Esa es la discusión de fondo: no sólo cuánto aporta hoy al fisco, sino cuánto valor es capaz de construir, preservar y multiplicar para Chile en las próximas décadas.

*Juan Alberto Pizarro. Magíster en Finanzas, Universidad de Chile

Magíster en Finanzas, Universidad de Chile

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