El año 2016, se publicó “The Gray Rhino”, libro en que Michele Wucker reflexiona sobre las causas que nos impiden enfrentar satisfactoriamente amenazas inminentes como la de un rinoceronte que corre peligrosamente hacia nosotros. El autor utiliza esta metáfora para ejemplificar el inexplicable inmovilismo de los gobiernos y los organismos multilaterales ante peligros como el cambio climático, o la falta de una acción decidida para afrontar los desafíos que plantea la gobernanza actual. ¿Por qué la cooperación y la gobernabilidad están fallando cuando más las necesitamos?
A nivel mundial, la crisis de la gobernanza ha sido explicada por la mayor complejidad de los problemas, los altos niveles de burocracia, el retorno de un mundo multipolar y la creciente fragmentación empujada por una mayor cantidad de actores con intereses contrapuestos. Además, este contexto de estancamiento y de ausencia de respuestas eficaces ha fomentado la búsqueda de soluciones individuales a problemas comunes, deslegitimando aún más la institucionalidad existente.
En Chile, la realidad es aún más preocupante. Respecto de las causas del estancamiento, el clima de polarización, intolerancia y enfrentamiento, han agudizado el fenómeno de la fragmentación que se ha convertido en el mejor sinónimo de ingobernabilidad. A esto podemos agregar una profunda desafección ciudadana con la política, aumentando el riesgo de liderazgos populistas, que suelen basar su popularidad en exacerbar la confrontación y en plantear soluciones fáciles o cortoplacistas.
Respecto de las consecuencias; arriesgamos no sólo no poder dar respuesta a desafíos en materia de seguridad, salud, pensiones o crecimiento económico, sino que también desaprovechar las gigantescas oportunidades que tenemos en materia de industrias estratégicas como la del cobre, el litio o el hidrógeno verde; y que probablemente representan nuestra mejor alternativa para recuperar el camino al desarrollo.
Urge sobreponernos a la crisis de gobernanza, que si bien es un fenómeno mundial, ha mostrado en Chile una de sus peores caras. Para esto hacen falta diálogo, consensos, y liderazgos responsables para encauzarlos, pero también necesitamos innovaciones y medidas concretas que faciliten acuerdos amplios. En este contexto, la propuesta del Consejo Constitucional de reducir el número de parlamentarios, establecer un umbral de 5% que aumente las exigencias a la representación parlamentaria, y las medidas que buscan fortalecer a los partidos políticos, son herramientas concretas para alcanzar soluciones en pos del bienestar de la ciudadanía.
El proceso constitucional nos ofrece la oportunidad de avanzar en una institucionalidad que favorezca la gobernabilidad por lo que es imperativo alcanzar un borrador que logre ser aprobado. Sin embargo, si esto no se resuelve de esta manera, la necesidad de una reforma política en esta línea seguirá siendo prioritaria y urgente para dejar atrás la incertidumbre.
*Ignacio Abarca. Abogado – Fundación Aire Nuevo
