El columnista Carlos Peña en El Mercurio dijo no entender las críticas del cardenal Chomali al show de Stefan Kramer en el Festival de Viña. Argumenta que en la rutina no hubo irreverencia religiosa porque las canciones pastorales que el humorista coreó junto al público de la Quinta Vergara “eran productos pop, reiterados una y otra vez como un resultado del proselitismo fácil”. Nada de auténticamente religioso habría en ellas y, por lo tanto, más valdría a la Iglesia atender a la denuncia de una evangelización superficial que se confunde con la industria del entretenimiento.
En primer término, habría que revisar en qué se relaciona este argumento con la crítica específica de Chomali, que apunta a los chistes en doble sentido acerca de la Virgen María y a otros elementos litúrgicos en la rutina de Kramer, sin referencia a las canciones entonadas. Luego, conviene aclarar que Peña entiende la religión a la manera de Rudolf Otto, como un asomarse a lo numinoso, al misterio. Conectar con el gran Otro divino. Pero el pensamiento de Otto es protestante, no católico, y por tanto tiende a centrar la fe en la experiencia de contacto con Dios individual y subjetiva, ignorando la dimensión comunitaria y tradicional que es propia de la Iglesia Católica. Ver a la Quinta coreando canciones pastorales no es un insulto para los católicos —aunque el doble sentido que le estaba dando el humorista sí lo era—, sino una confirmación de que, a nivel nacional, muchos recibieron una educación religiosa, asistieron a catequesis, misas, o participaron en grupos juveniles de la Iglesia. No todos, pero seguramente bastantes tuvieron en esas comunidades una experiencia personal de contacto con Dios. Saberse la canción no es lo religioso, pero sí un indicio de que muchos han buscado alguna vez acercarse a espacios donde encontrar ese vínculo con lo divino.
Por otro lado, las canciones entonadas por el humorista y el público pueden tener una letra sencilla, emotiva y una melodía simple. Son canciones guitarreadas, como dice Peña, cuestión perfectamente admisible en la liturgia desde el Concilio Vaticano II. De allí a decir que no tienen nada de religioso hay una larga distancia. La letra de “María, mírame” está inspirada en un poema de san Alberto Hurtado que habla del carácter intercesor de la Virgen entre la humanidad y Jesús. Es un clamor de la fragilidad de la persona ante el desafío de acceder al misterio, y una petición esperanzada de auxilio. Quien crea que la Virgen María es una mera hada madrina del catolicismo, o bien una caricatura maternal con el que el pueblo se identifica, seguramente no comprenderá que un himno como “María, mírame” sea portador de una dimensión teológica significativa. Lo religioso no implica siempre caer en éxtasis, también puede ser cantar una verdad de fe con una sonrisa en la boca.
La cuestión de fondo está en comprender que la fe católica en Chile vive hoy en un mundo secular, nos guste o no, y se ve enfrentada a dimensiones ordinarias como la industria del entretenimiento y la cultura pop. La Iglesia del último siglo ha buscado navegar este escenario con convicción y respeto mutuo —a ello apela Chomali en su crítica a la rutina de Kramer—, sin correr a aislarse en la “torre de lo sagrado”. En todo caso, Peña tiene razón en que muchas veces la pastoral católica ha caído en mostrar una fe diluida y light para atraer un mayor público, y como advertía J. Ratzinger, totalizando la dimensión comunitaria y emocional sin acceder a una intimidad religiosa. Ahora bien, la reacción de la Quinta Vergara al show de Stefan Kramer no me parece una manifestación de esa superficialidad. En el contexto de un show laico y de entretenimiento —nada tan profundo podía pasar allí—, fue un indicio de que la cultura católica sigue arraigada en la vida de los chilenos, más allá de cuántos sean o no creyentes.

Carlos Peña no pierde oportunidad de atacar a la Iglesia, dejando siempre a la vista su letrada ignorancia. Es tan notoria su obsesión, que sin quererlo revela en sus escritos la lucha entre los sentimientos de admiración y de odio que lo embargan.
Sus recientes ataques a José Antonio Kast, también son más de lo mismo, porque atacan a la familia tradicional y a las costumbres cristianas. ¿Envidia?
Un favor pido, dejemos de responder a este seudo letrado, es lo que más quiere. Nº le demos el gusto de visibilizar su pobreza intelectual.
Lo de Stefan Kramer solo visualiza la decadencia de un humor no renovado y no transformado en al.go novedoso o nuevo. Su adhesion a la Primera Linea lo sepulto a un estilo de imitacion repetitiva y aburrida. Ahora, de que se espantan los catolicos modernistas, cuando muchas de esas supuestas «canciones religiosas» provienen de la Musica Popular con melodias pegajosas para atraer a incautos, ignorantes y credulos. La misma religion catolica al haber abandonado el camino de hace 2026 años; solo produjo duda, division y confusion. Y esto ya se vislumbraba en el año 1958, y fue ratificado con el nefasto Concilio Vaticano II. Se deseaba infiltrar al Catolicismo para debilitarlo y manipularlo, por parte de los enemigos de esa religion. Por lo cual, se fundo una nueva religion «catolica» sensiblera, emocional e ignorante. Y todo centrado en el hombre; pero no, en Dios.
Tanto Kramer como Peña son comentaristas de la sociedad Chilena, cada uno en su estilo, pero eso comentaristas uno desde la liviandad del humor y el otro desde la pesadez de la intelectualidad…. Casa uno elige la óptica para mirar…