Siempre ha sido un gran desafío, en la extensa y compleja arena política, encontrar un equilibrio entre conservar lo esencial y abrazar el cambio que muchos necesitan. En este contexto, me permito usar una metáfora con dos elementos básicos como lo son el fuego y el agua, para describir a candidatos y sus propuestas en tiempos de elecciones que se avecinan.
El fuego, con su luz y calor, simboliza aquello que debemos preservar. Me refiero, específicamente, a los principios, valores y tradiciones que constituyen el alma de una nación. Este fuego nos ilumina el camino hacia el futuro, infundiéndonos seguridad y esperanza. Sin el esfuerzo constante por mantener vivo este fuego, corremos el riesgo de perder nuestra identidad cultural y cohesión social. Es muy claro y evidente que el 2019 hubo algunos que quisieron extinguir nuestro fuego, asfixiando nuestra esencia nacional, mediante la violencia y luego por otros métodos. Ahora, es responsabilidad de todos defender nuestro sistema y equilibrio.
Por otro lado, el agua representa la frescura y la necesidad de cambio o adaptación. Las leyes, los proyectos, los procedimientos, las reformas sensatas, las ordenanzas municipales, la tecnología al servicio de la sociedad, los proyectos de infraestructura y transporte, el mantenimiento de las calles, etc., deben evolucionar y fluir rápidamente tal como lo hace el agua que corre por los ríos. Esa agua representa la vitalidad, la productividad y el dinamismo de una sociedad. Sin embargo, si el agua se estanca, se vuelve turbia y pestilente, simbolizando propuestas obsoletas y perjudiciales que sólo traen enfermedades sociales.
El doctor Humberto Maturana, premio nacional de ciencias, afirmaba que, para innovar, primero debemos determinar qué queremos conservar. Esta perspectiva es crucial en la evaluación para decidir por uno u otro candidato. No podemos permitirnos elegir a líderes que ofrecen cambios, pero que en realidad generan situaciones de estancamiento y enriquecimiento personal, basta con mirar algunas comunas. Los planes de muchos de ellos no son más que fórmulas rancias y fracasadas, ya probadas en otros países de la región, y en Chile también, donde sólo han traído estancamiento y luego un marcado retroceso.
Un candidato de fuego sabe que nuestras tradiciones y valores son el pilar sobre el cual construimos el futuro. Un candidato de agua, por su parte, comprende que el estancamiento es el enemigo del progreso y se compromete a traer cambios significativos y positivos basados en la honestidad, probidad, eficiencia y verdadera vocación de servicio.
Estas lecciones deben ser aprendidas y tomadas en cuenta por nuestros ciudadanos en las elecciones que se avecinan para este y el próximo año. Debemos elegir a líderes que verdaderamente representen el equilibrio entre el Fuego y el Agua: Que conserven lo mejor de nuestra identidad nacional mientras nos llevan hacia un futuro de verdadera justicia, productividad, libertad y desarrollo.

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Buena reflexión, Ramiro. Me gustó mucho to mención de que para inovar hay que saber qué conservar.