Existe un extendido consenso en el mundo de que el principal problema ambiental que enfrenta la humanidad es el cambio climático y sus consecuencias. El ambientalismo internacional y amplios sectores políticos destacan el tema como prioritario, y en virtud de esto los países implementan políticas públicas e impulsan acciones, algunas de las cuales son resistidas por imponer duras restricciones a ciertos sectores. Resulta, pues, clave identificar acciones de alto impacto, eficaces y costo, eficientes para lograr resultados de mitigación con los mínimos costos para la sociedad.

Se ha identificado que la construcción en hormigón, acero y aluminio es uno de los mayores de emisores de CO2 del mundo, con una magnitud del orden del 23 % del total. La construcción en madera, sin embargo, emite la cuarta parte por m3 y puede evitar emisiones de hasta 45 ton. de CO2 por vivienda, además de ser el único material que mantiene CO2 capturado. Esta última debe obtener su materia prima ya sea haciendo extracciones sustentables de los bosques naturales o forestando para producir madera; y los bosques son fundamentales para capturar carbono: en Chile capturan aproximadamente la mitad de todo el carbono que emite el país. Forestar, entonces, es una medida potente para mitigar el cambio climático.

Lo lógico sería entonces acudir a la solución más ecoeficente para producir madera: menos tierra (la cuarta o quinta parte), menos agua (20 a 30%) y menos costo socioeconómico por tonelada (no por hectárea) que otros bosques; y que a la vez es la más rápida y socialmente más barata por tonelada de CO2 capturado. Esta solución son las plantaciones forestales de rápido crecimiento, capaces de atrapar 1 ton. de CO2 a la octava parte del costo de otros bosques.

La combinación de fomentar la construcción en madera e impulsar la forestación industrial es una herramienta formidable para el combate del cambio climático. Más del 70% de los bosques industriales en Chile cuentan con las más exigentes certificaciones de sustentabilidad del mundo. En el cálculo de los compromisos ambientales de Chile para alcanzar la carbono neutralidad (NDC), se consideró la forestación de 200 mil há. en 10 años, que aportarían la mayor captura (3 millones de ton./año) ¿Por qué entonces sectores del ambientalismo, supuestamente comprometidos con la mitigación del cambio climático, se oponen a los bosques industriales?

Concurren diversas razones para esta oposición aparentemente poco racional, y la mayoría de ellas son políticas. Existe una corriente internacional que se opone debido a que importantes desarrollos forestales han sido generados por grandes corporaciones privadas. También sectores que se oponen al desarrollo productivo en general (teoría del decrecimiento), llamando incluso “extractivista” a una actividad basada 100% en un recurso renovable. Luego, se suman factores locales: en nuestro país, el período de mayor desarrollo de bosques plantados carga con el pecado original de haberse impulsado durante el gobierno de facto de 1973, y contener dos grandes empresas propiedad de miembros de “las siete familias” más acaudaladas de Chile. Esto le ha valido al sector transformarse en un ícono político para sus detractores, al igual que las AFP, las Isapres y la desnacionalización del cobre, y eso pone el objetivo de combatirlo por encima de cualquier racionalidad.

En este empeño, desde hace décadas se ha construido e instalado un relato plagado ya sea de medias verdades o simples falsedades para desacreditar la actividad de forestación industrial. Inicialmente, los detractores se alojaban en ONGs ambientalistas y sociales; luego se fueron desplazando a las universidades, y hoy hay una red académica ambientalista tanto en estas últimas, como en organismos del Estado, donde obtienen financiamiento para escribir artículos en que abundan métodos de “falacia de generalización” y de “evidencia incompleta” (cherry picking), mientras se omiten convenientemente análisis de costos socieconómicos y factibilidad técnica. Esta nutrida literatura académica sesgada es utilizada para reforzar el relato y revestirlo de “evidencia científica”.  Su efecto ha sido desastroso en un sector que alguna vez fue la segunda fuente de divisas después de la minería.

El país no puede darse el lujo de abandonar un sector productivo que es clave en el combate al cambio climático, en el control de la erosión y en la actividad económica, crecimiento y empleo de las regiones centro-sur. Los verdaderos ambientalistas no pueden anteponer consignas o misiones políticas por encima de su objetivo declarado, que es proteger el medio ambiente y luchar contra el cambio climático. Y el público y los políticos deben ser críticos y selectivos con la información que reciben, y no dejarse embaucar con relatos creados para manipularlos.

La necesidad de recuperar una visión del sector objetiva y consistente con un futuro orientado al desarrollo sostenible quedó de manifiesto en el trabajo del “Congreso Futuro” en 2023, donde participaron más de 170 especialistas y conocedores del sector. Es un gran paso que abre una perspectiva de esperanza y de retorno a la sensatez, para la construcción de un mejor país.

*Fernando Raga C. – Ingeniero Civil Industrial

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