En la recta final de la carrera presidencial, es alentador ver que el debate se centra en temas cruciales tales como la salud, la seguridad, el crecimiento económico y la migración regulada.

Sin embargo, hay una batalla cultural más profunda en juego que también involucra a nuestras empresas y sus líderes. Esta batalla trata sobre cómo queremos ser percibidos y qué aspiramos a ser como país.

Para avanzar con éxito, debemos alejarnos de una mentalidad de escasez y miedo. Conceptos como un “gobierno de emergencia” pueden ser contraproducentes, ya que es vital priorizar las necesidades reales de la gente. La pregunta es: después de la “emergencia”, ¿qué quedará para gobernar? En cambio, necesitamos adoptar una mentalidad de abundancia, creyendo que podemos crear la riqueza (económica, cultural, espiritual) necesaria para ser un país más honesto, próspero y eficiente.

Las empresas y sus líderes juegan un rol decisivo en esta batalla. Además de ser los generadores de empleo y riqueza, deben ser también agentes de cambio cultural. Liderar desde la abundancia implica impulsar la innovación con propósito, fomentar culturas organizacionales basadas en el mérito, la colaboración y la confianza, y asumir la responsabilidad de contribuir a un desarrollo armónico, más inclusivo y sostenible.

Desde las empresas debemos promover la convivencia en paz y el respeto mutuo.

Para que esto sea posible, se requieren certezas legales y políticas públicas de calidad que se implementen con una colaboración efectiva entre el sector público y privado. Ni el Estado ni el mercado pueden solos llenar los espacios que la sociedad necesita. La colaboración público-privada es esencial para generar riqueza (económica, cultural, espiritual, etc.) en abundancia.

La abundancia no es ingenua, es una estrategia y una visión. Un país con las reglas y las prioridades bien claras piensa en grande, invierte en grande y crece en grande, con todos. Y cuando lo hace, crece más rápido y con mayor cohesión social.

Es reconfortante ver iniciativas como “Proyecta Chile 2050” – que compila más de 100 propuestas con la participación de más de 60 instituciones y el respaldo del Senado y el Consejo de Rectores – con cuatro pilares para el desarrollo (y la abundancia): resguardar la democracia frente a la inseguridad, aprovechar la oportunidad del crecimiento sostenible, desarrollar capacidades con sentido humano y promover bienestar y cohesión social.

Estamos llamados a conocer e impulsar la mentalidad de la abundancia. Donde se nos permita desarrollar nuestras habilidades y ser recompensados justamente por ello, así como tener espacios para disentir respetuosamente, confiar, colaborar, innovar y aprender de nuestros errores. En la batalla cultural de la abundancia debemos instalar conceptos como pasión, visión de largo plazo, solidaridad y sueño compartido.

Soy optimista. Creo que los chilenos nos sentimos orgullosos de nuestra patria y queremos verla grande y desarrollada, ser realmente “la copia feliz del edén” como dice nuestro himno nacional. Ganar esta batalla cultural implica que empresas, líderes y ciudadanos abramos la mente y el corazón para construir juntos un Chile más próspero y generoso.

Los cimientos de la abundancia están ahí: ¡sólo falta decidirnos a vivirlos en grande!

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2 Comments

  1. Excelente artículo y contingente. Deja ver el pensamiento minimalista que muchas veces tenemos respecto de la filosofía del crecimiento sostenido y equitativo el que se complica aún más por la falta de visión de largo plazo pais

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