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Publicado el 01 de julio, 2021

“Un Amor Memorable”: La fuerza del ‘nosotros’

Periodista Virginia Araya

Sin los clichés de las películas sobre demencia senil, esta historia encanta por subrayar un amor maduro frente a una enfermedad sin vuelta.

Virginia Araya Periodista

Una calma escena de una pareja durmiendo en “cucharita” que se funde con un cielo estrellado es la primera imagen de “Un Amor memorable” (Supernova, en su título original), que nos abre la puerta a los últimos días de Sam y Tusker.

Harry Macqueen (Hinterland) es el joven director y escritor de esta cinta británica que tuvo su estreno el año pasado en el Festival de Cine de San Sebastián, y que reúne a dos portentos de la actuación: Colin Firth (Sam) y Stanley Tucci (Tusker), un disfrute de ver.

Desde hace 20 años, Sam, pianista, y Tusker, escritor, son una pareja estable, querendona y querida, según los pocos datos que se entregan. Están arriba de una casa rodante, siguiendo un camino maravilloso para recorrer el Lake District de Inglaterra y de inmediato sentimos la tensión de algo no dicho pero omnipresente. Tusker refunfuñón, mientras Sam trata de ser el equilibrio y la dulzura andante, evitando el conflicto.

Tusker ha sido recientemente diagnosticado en la primera etapa de Alzheimer y deciden emprender este viaje para pasar el máximo tiempo juntos y despedirse de familiares y amigos, antes de que la enfermedad avance. Se lo toman con humor y sarcasmo, pero la contención de Sam está a punto de desbordarse en todo momento. No puede con su tristeza e inconformismo, tanto que habiendo suspendido su carrera decide dar un nuevo concierto por iniciativa de su compañero. Los gestos y miradas de la interpretación de Firth son conmovedoras, no necesita grandes parlamentos.

Tusker en cambio, desdramatiza, decide prescindir de pastillas o cuidados especiales, se niega a ser dependiente y se distrae observando y explicando el mapa estelar que domina. Viajan en su remolque con su perro y se dan tiempo para conversaciones profundas sobre los cambios en su vida: si se cambiarán o no de casa, o cómo acomodarán sus carreras, sus costumbres, etc.  Como Sam es más negador, el propio Tusker lo aterriza con preguntas como:” ¿Te das cuenta de que esto (la enfermedad) ha empeorado?” Se preocupan también de ir grabando su testimonio en casetes en lo que han titulado “La Hora de la Demencia”, muy racional, sin drama.

Pero esta sobriedad empieza a quebrarse a medida que las despedidas se acercan, se enfrentan a los afectos de los cercanos y Tusker comienza a flaquear emocionalmente, cuando no es capaz de leer un discurso que tenía preparado en un evento familiar y Sam debe completarlo. Están a cinco días del concierto, pero Sam, lejos de poder concentrarse en su música, descubre un doloroso secreto de Tusker que lo cambia todo. Y es que como él mismo confiesa, “me estoy convirtiendo en un pasajero, estoy yendo a un lugar al que no quiero ir”.

Sin los clichés de las películas sobre demencia senil, esta historia encanta por subrayar un amor maduro frente a una enfermedad sin vuelta. Quizás aquí está la metáfora de su título original, pues en las supernovas -que producen destellos de luz intensísimos-, su brillo decrece de forma más o menos suave hasta desaparecer completamente. Precioso acompañamiento también de la música de Keaton Henson a imágenes conmovedoras.

Paz y racionalidad ante finales implacables. Un amor memorable, tal cual. 93 minutos.

Disponible on line en Cinemark y Cining.

Tráiler aquí.

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