Supongamos que Nueva York es una ciudad es una miniserie documental que describe minuciosamente a la ciudad que nunca duerme, y a una clásica neoyorquina vestida de jeans, camisa y chaqueta: Fran Lebowitz, una escritora, humorista y conferencista, que vive en la Gran Manzana desde hace cincuenta años. Guiada por las preguntas disparadoras y la risa constante del director de cine Martin Scorsese, Lebowitz comparte su perspectiva aguda, profunda y excéntrica de la vida cotidiana de esta ciudad y sus costumbres en los tiempos pre pandemia, a través de historias relatadas con un especial manejo de la palabra y la ironía. Esto se entrelaza con entrevistas, conferencias de archivo y tomas de ella caminando por las calles de Nueva York o por la maqueta gigante de la ciudad en el museo de Queens.

El filme, lanzado a principios de este año, se estructura en siete capítulos cortos de 30 minutos cada uno. Los episodios abordan temáticas tales como: la ciudad y sus hábitos; el arte, la cultura y el deporte; el transporte público; el dinero; la salud y el bienestar; el placer; la gente joven; los libros y las librerías, entre otros. El documental puede leerse desde tres planos paralelos: un perfil de la protagonista; una descripción de la ciudad de Nueva York desde los lentes de Lebowitz y un manifiesto con su visión del mundo y de la vida.

Sobre Lebowitz: Escribió para la revista Interview de Andy Warhol; publicó unos pocos libros y dio muchas conferencias y entrevistas. Manejó taxis, y limpió departamentos, pero nunca fue mesera. Interpretó el papel de juez en La Ley y el Orden y fue jueza en El Lobo de Wall Street, película también dirigida por Scorsese. No usa celular, ni tablet, ni computadora. Para Fran -como le dicen-, el sentido del humor no es algo que se adquiere. O se tiene o no se tiene. Es como el talento. Está o no está. En su caso, asegura que por mucho que hubiera practicado el violoncello, nunca habría sido buena. Distinto ocurre con su sentido del humor, algo que nunca nadie le enseñó. De niña le encantaba escribir, hasta que empezó a hacerlo por dinero; fue entonces cuando comenzó a odiarlo. Ama cantar, pero es una pésima cantante. Si bien su odio al dinero es profundo, disfruta las cosas. Si viaja o sube a un avión, es por dinero, no para irse de vacaciones. Odia los deportes y el día del Super Bowl aprovecha para salir a comer a un restorán. Ama leer; tiene miles de libros y compra diccionarios. Es incapaz de botar un libro porque para ella eso es como tirar a un ser humano.

Así es ella, y aquí su mirada de Nueva York: Una ciudad con cosas en el suelo, sendas peatonales, grafitis, anuncios, y hasta placas incrustadas rememorando a escritores o sus citas. A Fran le encantan las placas, porque si están ahí significa que esperan que alguien las mire. Nueva York es una ciudad que no conoce el aburrimiento, y donde la gente no mira por donde camina, ¡como si estuvieran solos! En Nueva York la gente manda mensajes de texto caminando, algo que a ella jamás se le ocurriría hacer. Una vez un chico iba andando en bicicleta con los codos, con una pizza en una mano y el celular en otra, en la Séptima Avenida, y casi la atropella. «Es difícil vivir en Nueva York, y uno se da cuenta de ello cuando te preguntan por qué vives ahí y no puedes responder, pero en el fondo sabes que desprecias a quienes no tienen agallas para hacerlo», opina Fran. Estos son algunos de sus tantos sentimientos encontrados que fluyen de sus pensamientos sobre la ciudad, el transporte, los buses, los aviones, la arquitectura y los rascacielos. A ella todo le habla, la envuelve y ella devuelve su crítica siempre divertida por esta ciudad inquieta y cambiante que la mantiene seducida.

A lo largo de los capítulos, la escritora reflexiona también sobre qué es y qué no es el arte, el talento o los músicos, quienes como nadie saben de las emociones y los recuerdos: “La música hace a la gente más feliz y no les hace daño”, opina. Entre sus comentarios, surgen sus opiniones sobre el dinero, el movimiento Me Too, la tecnología y los nuevos hábitos de una vida sana: “Un tercio de la gente en Nueva York tiene una colchoneta de yoga. Eso sólo es suficiente para disuadirme de hacer yoga”, comenta. Opina sobre todo, sin argumentos tan profundos quizá, pero con la profundidad y agudeza de lo genuino. “No importa quién seas, solo tienes tu vida. Pero en los libros tienes millones de vidas y cosas. Para mí, leer es una forma de ser inmensamente rico. Quizá por eso nunca me importó el dinero. Porque si sabes leer, eres increíblemente rico”, asegura.

En Netflix.

Trailer aquí.