Señor Director:
Siempre he sentido que algo anda mal en el concepto de flexibilidad y negociaciones que la derecha de las últimas décadas ha estado dispuesta a hacer con la izquierda en aras de una quimérica paz y equilibrio.
He llegado a la conclusión de que estas negociaciones «buenistas» han sido siempre una derrota de los principios de la derecha. En efecto, normalmente han cedido en lo cualitativo a cambio de dudosas victorias en lo cuantitativo.
¿Qué significa esto? Claramente, cuando se cede en los principios cambiándolos por la magnitud del efecto que esto tiene en la práctica, es simplemente una derrota.
Un ejemplo simple -hay muchos más casos- es la reforma previsional: los principios (el concepto) dicen que el aumento del 6% es de propiedad de los trabajadores para fines de mejorar sus futuras pensiones. Cuando la derecha acepta que «sólo» permitirá que un tercio de ese 6% vaya a reparto (lo cuantitativo), ya fue derrotado, pues los principios no se pueden ceder ni en porcentajes parciales para parecer moderado. Eso es simplemente aceptar que para una supuesta concordia, hay que ser derrotado en los principios. Ni el genio de Gramsci pudo haberlo planeado mejor.
Raúl Benaprés Williamson
