Hoy, 21 de mayo, cuando recordamos la inolvidable gesta del gran Arturo Prat, debemos saludar a nuestra gloriosa Armada y agradecerle lo que han hecho desde siempre por nuestra Patria, tanto en tiempos de paz como cuando el deber los llamó a asumir tareas que quizás nunca hubieran querido tener que asumir, pero lo hicieron con honor, con sabiduría y dispuestos a entregar sus vidas si hubiera sido necesario, por el bien de Chile. 

Pienso que el ejemplo de la Armada que hoy celebramos debe servirnos a los ciudadanos para tomar conciencia que también nosotros tenemos una gran responsabilidad con el país, y es el actual momento político el que debe hacernos reflexionar sobre la urgente necesidad de actuar fuertemente unidos, para recuperar el poder y hacer que Chile vuelva a retomar la senda del progreso y el desarrollo, que hoy está abandonada. 

Digo lo anterior pues no cabe duda que el país se estancó a partir del segundo gobierno de Bachelet, cuando el crecimiento de su cuatrienio fue un mísero 1.9%. Si bien la economía en Piñera II empezaba a mostrar signos de crecimiento, el octubrismo impidió que cumpliera con su programa y solo la pandemia logró parar la violencia que nos asolaba por los cuatro costados. ¿Y en que devino aquello?  En el Gobierno de Gabriel Boric.

El actual Gobierno llegó con la intención de refundar el país, estatizar todo lo que fuera posible, enterrar al “neoliberalismo” e imponer un programa que hubiera hecho retroceder a Chile a épocas pretéritas que fueron superadas y que pensábamos nunca más volver a vivirlas. Sin embargo, se encontró con un pueblo que al poco andar de su gobierno le dio vuelta la espalda por su incapacidad, causándole su primera gran derrota el 4 de septiembre pasado y otra aún más contundente, hace dos semanas.

Los dos fracasos electorales de Boric defenestraron su programa, por lo que su Gobierno de pato cojo, terminará como los dos últimos años de Piñera II, administrando lo que pueda; pero finalmente, lo cierto es que Chile seguirá estancado por otros cuatro años, sumando al término del actual gobierno 12 años sin crecimiento, sin una estrategia de desarrollo, sin claridad sobre el futuro y navegando en un mar de incertidumbre que esperemos termine el 17 de diciembre, de aprobarse el proyecto de Constitución que el Consejo recién electo someterá al país. 

 La oportunidad de hacerlo bien comienza el 7 de junio, cuando se inicie el trabajo del Consejo Constitucional, donde la derecha cuenta con los votos para escribir la Constitución que quisiera. Pero si pretendemos que este proceso sea impecable y se logre aprobar el nuevo texto, la derecha tiene que trabajar fuertemente unida, pues ni los Republicanos ni Chile Vamos solos podrán lograrlo, y sobre todo cuando en el PC se instaló la tesis anti moderación y llegarán al Consejo dispuestos a salir a emplazar a Republicanos y poner sobre la mesa las demandas ciudadanas, como se informa en un artículo de El Líbero del viernes pasado.

Dado que las declaraciones de Republicanos como de Chile Vamos apuntan a no cometer los mismos errores de la Convención pasada, sería suicida desperdiciar esta oportunidad. Esto implica trabajar muy unidos, pero también terminar con las odiosidades y recriminaciones mutuas de partidarios de uno y otro lado, pues teniéndolo todo y no hacerlo bien, se corre el riesgo de perderlo todo, tal como le ocurrió a la izquierda, que aún llora su fracaso.

El Consejo Constitucional es de corta duración. Ya en 2024 tenemos elecciones más complejas que las del 7 de mayo, pues elegiremos gobernadores, alcaldes y concejales. Las dos primeras uninominales y las de Concejales abiertas. Pensando tan solo en esto, se necesitará más unidad que nunca para que no ocurran casos como el de Recoleta en la elección municipal de 2012, donde dos candidatos de derecha sumaron 56,03% de los votos, pero como compitieron separados, Jadue fue electo alcalde con solo el 41,68% de los sufragios y ahí sigue hasta hoy. Esos errores no se pueden repetir.

Si la derecha quiere recuperar el poder, tanto Republicanos como Chile Vamos deben fortalecer la unidad, para lograr que la Constitución que están llamados a escribir se apruebe con una amplia mayoría, condición necesaria aunque no suficiente, para volver a conducir los destinos de Chile por la senda del desarrollo. 

Unidad: la clave del éxito. Chile lo requiere.

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Jaime Jankelevich

Bioquímico y consultor

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