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Publicado el 20 octubre, 2020

Vanessa Kaiser: La otra primera línea

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser

En paralelo y dentro de la actual clase política hay quienes horadan la posibilidad de que la ciudadanía se apropie del proceso constituyente que, si bien nació ilegítimo, podría haber encauzado el malestar y la violencia desatadas en octubre.

Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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Para nadie es un misterio que el proceso constituyente iniciado hace un año corre por dos carriles paralelos. En uno avanza un cambio mayor al ordenamiento institucional, impulsado por miembros de todos los sectores que podemos separar en dos grupos: quienes creen que Chile necesita un nuevo arreglo institucional para superar antiguas heridas y los que han engañado a los ciudadanos. ¿Cómo? Mintiéndoles con la promesa de que otra Constitución (nadie sabe cuál) mejorará su calidad de vida, asegurándoles derechos sociales. Lo que, por supuesto, no explican, es de dónde saldrán los recursos para llevar a cabo dicha redistribución. Tampoco dicen que mientras más redistribuya un Estado incompetente y capturado por operadores políticos como el nuestro, menos habrá para redistribuir. Eso es lo que estos charlatanes ocultan a la ciudadanía, mientras, por su ignorancia característica, se empeñan en capturar el gran botín llamado Estado. Lo que no saben es que el Estado no es la gallina de los huevos de oro. Tampoco se han enterado de que, una vez muerta la gallina ponedora, del nido no se obtiene ni un solo huevo más. Por eso fracasan cuando llegan al poder e, instalados en las cúspides, observan aturdidos cómo los capitales toman otras corrientes y fluyen hacia nuevos destinos, las inversiones se detienen y la productividad de un pueblo reducido a mascotas servirles merma de modo directamente proporcional al hambre que los debilita hasta la inanición. De ahí que su única alternativa sea pactar con el narcoterrorismo, pues sólo el negocio de las drogas deja márgenes suficientemente amplios como para sostener los privilegios de la clase gobernante.

Está clarísimo que, si quienes votarán Apruebo entendiesen que este proceso no mejorará en nada sus vidas, marcarían Rechazo. En jerga del estallido, si “despertaran” y supieran que ni la violencia se detiene sin la voluntad política de hacer prevalecer el Estado de Derecho, ni la abundancia se logra por decreto, darían un portazo a este proceso.

Pero no todos los del Apruebo promueven su causa mintiendo. Algunos han sincerado que el cambio hacia un modelo social o benefactor quedará en el ámbito de las “aspiraciones” y no de los derechos jurídicamente exigibles. Evidentemente, la mayoría no tiene idea y su frustración puede terminar dinamitando el futuro del país. Y es que se tragaron el tongo vociferado en los diversos medios por comunicadores que forman parte de la clase política y, consecuentemente, protegen sus privilegios. El escenario en general es bastante absurdo, porque si se trata de entrar a un proceso de esta envergadura solo para hacer de nuestra Constitución un “menú de aspiraciones”, entonces debemos reconocer que muchos están traicionando de forma descarada a una ciudadanía que, de aprobar, verá reducidos sus derechos al mismo rango que los de cubanos, norcoreanos, chinos, camboyanos durante el gobierno de los Jemeres Rojos, alemanes en el régimen nazi y rusos bajo el imperio de la URSS. Por lo demás, en la actual Constitución las aspiraciones que avanzan en dirección a una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos tienen plena vigencia. Curiosamente, su mayor realización ha sido bajo el modelo que hoy quieren desmantelar.

Es absolutamente impresentable que, ante ciudadanos furiosos con la clase política, los gobernantes pretendan tener representantes de sí mismos en la convención.

Es necesario reconocer que entre idealistas, descarados, mentirosos y embusteros, ninguno de los actores de esta “tragedia constituyente” es tan patético como lo son quienes integran “la otra primera línea”. Antes de dejarlos al descubierto, recordemos cuál es el objetivo de la primera línea que ya conocemos. Éste consiste en destruir cualquier posibilidad de arreglo institucional con el fin de crear condiciones de violencia que extremen los antagonismos y faciliten la captura antidemocrática del poder. Pues bien, en paralelo y dentro de la actual clase política hay quienes horadan la posibilidad de que la ciudadanía se apropie del proceso constituyente que, si bien nació ilegítimo, podría haber encauzado el malestar y la violencia desatadas en octubre. Ello siempre y cuando el proceso de “apropiación” no hubiera sido bombardeado, desde dentro, por “la otra primera línea”.

¿Quiénes son y cómo lo están bombardeando? “La otra primera línea” está integrada por aquellos que insisten en mantener abiertas las negociaciones para las inhabilidades, sumados los que han cerrado la puerta a la participación de independientes, bloqueando cualquier posibilidad de que la ciudadanía sienta que, por fin, se liberó de esta clase política cuyo apoyo no supera el 4%. Estas acciones que impiden la apropiación ciudadana del proceso espoleando la revolución, tiene un broche de oro. La postulación de las hijas de nuestro Presidente de lo que queda de la República y de su ministro de Defensa a la Constituyente. Y es que, aunque ambas fuesen muy capaces y talentosas (lo que no está en discusión), es absolutamente impresentable que, ante ciudadanos furiosos con la clase política, los gobernantes pretendan tener representantes de sí mismos en la convención. Así las cosas, a estas alturas, da lo mismo si es Mixta o Constituyente. Los cimientos democráticos que pudo haber adquirido la redacción de una nueva Carta Magna durante un proceso de apropiación ciudadana, no resistirán los embates de “las primeras líneas”.

En otros términos, si “la otra primera línea” termina por persuadir al ciudadano de que este proceso es un negociado más de los poderosos, se habrá legitimado la revolución. Así, desde una perspectiva histórica, RN corre hoy el riesgo de ser la DC de los ’70. Ellos tuvieron en sus manos el poder para evitar el desastre del experimento totalitario y sus consecuencias, pero estaban demasiado extasiados consigo mismos como para impedir la consumación de la tragedia.

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