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Publicado el 27 de marzo, 2020

Rosa Madera: La filantropía frente a la pandemia

Fundadora de Empatthy, conductora del podcast "Empatía que Impacta" Rosa Madera

Al igual que cualquier institución pública o privada, las organizaciones sin fines de lucro no son ajenas a los problemas de millones de personas. Pero si cada uno, y sobre todo los que más pueden, ponen un poco más de empatía y amabilidad en su tarea, las consecuencias derivadas de esta pandemia serán mucho menores y quizás nos abran las puertas de horizontes de solidaridad inexplorados en nuestro país hasta aquí.

Rosa Madera Fundadora de Empatthy, conductora del podcast "Empatía que Impacta"

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Hace pocas horas la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), a través de su presidente, Juan Sutil, anunció la creación de un fondo privado de emergencia para enfrentar el impacto de la tragedia sanitaria que golpea a millones de personas de todo el mundo, y, por cierto, también a Chile. Junto a ello, comprometió instalaciones privadas y de infraestructura estratégica, claves para enfrentar un desafío global sin precedentes.

La Confederación, que reúne a las ramas de la Construcción, Minería, Agricultura, la Banca, el Comercio y la Industria, busca que empresas, grupos y familias empresarias puedan reunir aportes por $50 mil millones, con el fin de adquirir principalmente implementos de salud, equipamiento e instrumental médico que, como es de prever y tal como ha pasado en países más desarrollados, con el paso de los días y el aumento de los contagios será apremiante.

Se trata de un esfuerzo encomiable y del que nadie puede restarse, no sólo por el vertiginoso avance de la pandemia, sino que también para que sus efectos puedan en la medida de lo posible causar el menor daño económico, productivo, social y de salud a miles de familias chilenas que visualizan hasta aquí un futuro muy incierto, pese a los esfuerzos desplegados por la autoridad política y la comunidad científica y sanitaria.

¿Puede la filantropía realmente lograr algo? ¿Cómo puede canalizar lo suficientemente rápido esta ayuda? ¿Hay ejemplos concretos en el ámbito internacional que pueden guiar nuestros pasos? La respuesta a todas estas interrogantes es un rotundo sí. La filantropía corporativa está para ayudar y movilizar acciones concretas, rápidas y con impacto para quienes más lo necesiten, si se hace con astucia, eliminando restricciones y burocracia, pero por sobre todo escuchando y actuando de manera proactiva.

En España, por ejemplo —que ya ha superado a China en el número de fallecidos y que libra una lucha encomiable en todos los hospitales y centros médicos del país— Inditex, del empresario Amancio Ortega, han reorientado a través de Zara sus esfuerzos para dotar al personal sanitario de material de protección, como guantes, mascarillas y protectores faciales. Se trata de más de 30 mil unidades para que profesionales puedan continuar con su labor y no claudicar ante el avance del virus. Asimismo, empresarios hoteleros de la península ha ofrecido a la autoridad sanitaria en Madrid, una de las comunidades más azotadas por la pandemia, un total de 60 mil camas para la atención de quien lo requiera.

Ejemplos de solidaridad, iniciativa, arrojo y ayuda hay también en otras partes de Europa, Asia y Estados Unidos. El multimillonario chino Jack Ma, fundador de Alibaba Group, a través de su fundación donó 100 millones de yuanes, que equivalen a unos 14,4 millones de dólares, para la creación de una vacuna contra el nuevo coronavirus 2019-nCoV. En Estados Unidos —que podría convertirse pronto en el nuevo foco del COVID-19— reputadas fundaciones como Robert Sterling Clark, presente en Nueva York desde 1952; Eisner, en el ámbito pediátrico de Los Ángeles; o Lumina, dedicada al ámbito del aprendizaje y laboral en Indianápolis, han ofrecido a sus beneficiarios la extensión de su financiamiento más allá de un año, aceleración de pagos ya aprobados o la mantención de flujos de caja constantes para las necesidades que se requieran para el año 2021.

En tanto, dos líderes de la industria de la moda estadounidense, como lo son Anna Wintour y Tom Ford, están creando un fondo para ayudar a los jóvenes diseñadores afectados por el coronavirus, mediante la reorientación recursos que se puedan destinar a cosas tan básicas, como el pago de alquileres o de servicios, afectados también por el cierre de negocios y tiendas del rubro.

Qué duda cabe, son tiempos difíciles. Sabemos que al igual que cualquier institución pública o privada, las organizaciones sin fines de lucro no son ajenas a los problemas de millones de personas. Pero si cada uno, y sobre todo los que más pueden, ponen un poco más de empatía y amabilidad en su tarea, las consecuencias derivadas de esta pandemia serán mucho menores y quizás nos abran las puertas de horizontes de solidaridad inexplorados en nuestro país hasta aquí.

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