La polémica generada por la frase de la presidenta del Senado Ximena Rincón, que dijo “¡cómo va a sufrir el próximo gobierno! Yo voy a tomar palco”, invita a pensar en los desafíos que deberá enfrentar el gobierno de Gabriel Boric cuando asuma el poder, en menos de dos meses. A menos que el Presidente electo comience prontamente a bajar las altas expectativas que existen, el oscuro pronóstico de la senadora Rincón se convertirá en una realidad que hará la vida difícil para todo el país.

Nunca es fácil iniciar un periodo de gobierno. Las expectativas son siempre altas y los recuerdos de las promesas que se hicieron en campaña están muy presentes en la memoria de las personas. En esta ocasión, la impopularidad del gobierno saliente de Sebastián Piñera también ha generado más ansiedad por la llegada de la nueva administración. Además, producto del notorio cambio generacional que se produce en la clase gobernante con la llegada de Gabriel Boric y el Frente Amplio al poder, las expectativas están más altas que lo normal.

La situación política también alimenta las expectativas. La Convención Constitucional lleva más de seis meses deliberando. En su segundo tiempo, la Convención deberá apurar el tranco si no quiere tener que optar por la vergonzosa opción de pedir una extensión a su trabajo. Además de que eso reflejaría un evidente fracaso de los líderes que han comandado el trabajo de la Convención, la opinión pública no verá con buenos ojos que los constitucionales se alarguen la pega—con sueldos y beneficios—porque no fueron capaces de cumplir con su mandato de redactar un nuevo texto en un plazo máximo de 12 meses.

Pero, como hay un costo hundido alto, si la Convención no termina de redactar el nuevo texto para el 4 de julio, lo más probable es que se apruebe una extensión del mandato. Eso, inevitablemente, complicará la capacidad del gobierno para poder tomar el control de un barco cuya estructura de mando todavía no se termina de definir.

Pase lo que pase, el próximo gobierno deberá lidiar con la incomodidad que implica tener un proceso constituyente que alterará las reglas del juego político. Como no sabrá si la Convención va a optar por cambiar el sistema de pensiones, el marco legal de la minería, o cualquier otro ámbito del quehacer nacional, el gobierno de Boric no solo deberá considerar las posturas dominantes en el Congreso cuando envíe sus proyectos de reforma, sino que también deberá tomar en cuenta lo que quiere hacer la Convención antes de poder avanzar con su propio programa de gobierno.

Como si eso no fuera poco, la situación económica se viene complicada. El aumento de tasas de interés en los países desarrollados reducirá los flujos de inversión hacia los países en vías de desarrollo. Como el nuevo gobierno ha anunciado reformas que aumentarán los impuestos y el costo laboral, y como la Convención Constitucional también ampliará la red de protección social, el ambiente en Chile no será el más propicio para atraer inversión. Ya que las expectativas de crecimiento para 2022 son ya bajas, el descontento que siempre se produce cuando no hay suficiente creación de empleo y cuando falta la plata—producto, por ejemplo, de una mayor inflación—terminará por golpear a la nueva administración.

Las demandas ciudadanas, con las que el nuevo gobierno públicamente se ha identificado, aumentarán a medida que se retire el estímulo fiscal que introdujo tardíamente el gobierno y a medida que se acaba el impulso económico generado por los retiros de las AFP. La demanda por nuevos retiros volverá a acrecentarse si la inflación sigue alta y la capacidad de consumo de los chilenos va a la baja. Como prometió cambios para vivir mejor, el Presidente Boric deberá tomar medidas drásticas para evitar que la gente termine viviendo peor al final de su primer año de gobierno.

Nunca es fácil ser gobierno. Pero siempre es mejor estar en el gobierno que en la oposición. El gobierno del Frente Amplio/Partido Comunista enfrentará desafíos complejos. El margen de maniobra que tendrá la nueva administración será limitado. En los primeros meses, el gobierno podrá usar la estrategia de culpar al gobierno anterior. Pero la luna de miel no durará mucho. Después de todo, los chilenos votaron por un cambio drástico y esperan ver resultados.

Por eso mismo, parece razonable que el nuevo gobierno se esmere ahora en comenzar a bajar las expectativas. El nombramiento del primer gabinete es una inmejorable oportunidad para señalar que la hoja de ruta estará marcada por moderación y el gradualismo. Aunque eso pudiera generar descontento y rechazo en sus bases más duras, siempre es mejor darle a la gente el trago amargo lo antes posible para después comenzar a mostrar resultados.

Esto es especialmente cierto cuando las circunstancias anticipan que, más temprano que tarde, Boric enfrentará un camino cuesta arriba. Aprovechando que ahora es altamente popular, el Presidente electo debiera comenzar decididamente a bajar las expectativas sobre qué tanto podrá cumplir las ambiciosas promesas que realizó en campaña.

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