@TeamChile_COCH

Era una mañana muy especial la de ayer domingo en Châteauroux, a 200 kilómetros de Paris. Un día luminoso auguraba una actuación luminosa para el deporte chileno. Ya lo decíamos ayer, la tiradora de skeet Francisca Crovetto, de 34 años, hacía gala de su experiencia para colocarse en una expectante posición para pasar a la final de la prueba en la que disputarían las medallas las seis mejores después de los 125 platos. Los 75 platos de ayer y fundamentalmente los 50 de hoy la llevaron sólidamente a la final. Y ahí fue donde aparecieron el temple y el control de emociones indispensables para una prueba como esta. Condiciones forjadas por la disciplina y la perseverancia de Francisca en una carrera que reconocía en París como su cuarta participación olímpica y premiada con logros como el récord mundial con una serie perfecta de 125 platos derribados y el reciente oro panamericano en Santiago 2023. Pero faltaba el reconocimiento olímpico y había trabajado duro para ello. Sí, no cabe duda alguna, Francisca Crovetto sabía perfectamente dónde estaba y lo que podía esperar de la mañana luminosa de Châteauroux. Y Francisca, tal como lo soñó, lo hizo.

Definición de infarto, primero fue una de las tiradoras eslovacas la que quedó eliminada, a continuación fue la griega la que quedó fuera y ya en la disputa directa por las medallas, la otra competidora eslovaca quedaba fuera. Francisca ya había alcanzado medalla y lo sabía, pero como las más grandes, jamás perdió la concentración porque iba por más. Nada de simple. Una disputa entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Chile. Queda fuera y con bronce EE.UU. y van por el oro la británica Rutter y nuestra compatriota. Definición dramática en la que a Francisca no le tembló el pulso y con una impactante tranquilidad derribo los platos que le dieron el oro. Las imágenes son elocuentes, pasaron los segundos y Francisca parecía mantener la concentración del primer minuto demostrando lo que es necesario para triunfar en un deporte tan exigente como este. Y finalmente vino la emoción, la explicable emoción, de ella, de los chilenos que la acompañaban y de todo un país que la seguía por la televisión.

Y de esta manera Francisca entra por la puerta ancha a la historia del deporte chileno. Fíjese bien, además de sus logros anteriores, se transforma en la primera chilena en conseguir una medalla de oro olímpico y la segunda en la historia después de la plata de la gran Marlene Arhens en Melbourne 1956. Es también la primera medalla olímpica chilena del siglo XXI en un deporte distinto al fútbol (Sydney 2000) y el tenis (Atenas 2004 y Beijing 2008). Y la obtiene en un deporte que ha entregado muchas alegrías a nuestro deporte. Campeones mundiales como Jorge Jottar en 1966, y el medallista olímpico en Seúl 1988 Alfonso de Iruarrizaga, también otros como Zerené, Yarad y Atalah tienen en Francisca una continuadora de oro.

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