La primera cuenta pública trajo anuncios. La seguridad fue uno de los cinco ejes. Sin embargo, hubo un tema que se mencionó, pero que, dada su importancia y relación con ese eje en particular, podría haber venido acompañado de una agenda específica. Me refiero a la migración

El Presidente Boric habló de implementar la Política Nacional de Migración, de trabajar en aquellos lugares que han “experimentado con mayor intensidad las consecuencias de una migración desregulada” y una importante inversión en infraestructura de seguridad en el marco del Programa Nuestro Norte.

Una primera precisión con respecto a esto: no se vive una migración “desregulada”, se vive una descontrolada. Sin ir muy lejos, durante el verano el alcalde de Colchane informaba casi a diario sobre la cantidad de extranjeros que cruzaban por pasos no habilitados. Se decía que entraban entre 400 y 500 personas al día de manera ilegal. 

El fenómeno migratorio acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Pero el problema hoy no tiene que ver con los desplazamientos en sí, sino que con los ingresos ilegales, la falta de control sobre quiénes entran y cómo ese fenómeno es aprovechado por las organizaciones criminales y el crimen organizado. 

El migrante que se traslada de manera irregular lo hace presa de organizaciones que lucran con sus necesidades. En ese sentido, Chile no es la excepción. El descontrol migratorio y las ansías por entrar a nuestro país han permitido el desarrollo de economías criminales dedicadas al tráfico de personas. En cuanto a eso, esta semana nos enteramos del desbaratamiento de una organización criminal integrada por chilenos y extranjeros que, a través de una supuesta agencia de viajes, ingresaba a personas de manera ilegal por la región de Arica y Parinacota y los trasladaba por tierra hasta la región de O´Higgins. Más de 1.700 personas entraron a Chile gracias a esta “agencia”.

Además, el descontrol migratorio en la frontera también plantea un escenario que es aprovechado por grupos criminales para ingresar al país. Ejemplo de esto son los venezolanos del Tren de Aragua, organización dedicada a la extorsión y el secuestro que opera en Iquique.

Y, si a lo anterior le sumamos un Estado ausente y con poco control sobre su territorio, el panorama es aún más complejo. Se plantea un doble desafío: proteger a la población, por una parte, y desarrollar una política migratoria acorde a la realidad nacional, por otra. 

De alguna forma se observa que se incorpora la idea de seguridad en los anuncios presidenciales. Pero no es suficiente. La recuperación de retenes y tenencias policiales puede ser parte de una respuesta mayor que enfrente la problemática de la migración en todas sus aristas. Sin embargo, es necesario ir un paso antes y preguntarse qué es lo que ha generado ese descontrol migratorio. En ese caso, la respuesta pasa por la presencia del Estado, el ejercicio de la soberanía y el control del territorio

Con esa idea detrás, se podrá diseñar un plan de acción para la Macrozona Norte que aborde el fenómeno en su conjunto considerando las debilidades y fortalezas que pueda tener el Estado. En ese sentido, faltó una agenda concreta para el norte y el fenómeno migratorio. 

*Pilar Lizana es investigadora de AthenaLab.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta