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Publicado el 10 de mayo, 2020

María Cristina Marcet: Liderazgo femenino, crisis y empresa

Directora Ejecutiva de Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos María Cristina Marcet

Si desde esta tribuna nos hemos referido al insustituible rol social que cumplen los hombres y mujeres de empresa por el bien de la patria –ese legado que recibimos de nuestros padres y legaremos a nuestros hijos–, ahora salta a la vista el complemento necesario de que haya una dimensión maternal, acogedora, gratuita que nos haga sentir como en casa.

María Cristina Marcet Directora Ejecutiva de Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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La pandemia del coronavirus ha cambiado enormemente nuestra experiencia del trabajo y su relación con la familia. Resulta inevitable que ahora el trabajo tenga un tono familiar, pues trabajo desde la casa. La separación física de la oficina permitía delimitar los dos ámbitos, pero ahora ya no es así. Esta columna la escribo “desde adentro”, porque empresarias, ejecutivas y emprendedoras volvimos a nuestras casas, al espacio maternal de acogida por excelencia.

Al mirar “desde adentro”, pienso en todas las mamás que cuidamos de nuestros hijos, del correcto funcionamiento de la casa y de las responsabilidades profesionales. Resulta imposible no verlo y experimento la necesidad de conciliar ambos mundos, que no tendrían por qué estar enfrentados para que cada uno de nosotros alcance su plenitud espiritual y material, en el trabajo y con la familia.

Al mismo tiempo, en este Día de la Madre, se me vienen a la memoria los recuerdos del amor gratuito de mi mamá. Y esto que puede parecer un asunto de la vida privada, creo que tiene implicancias sociales importantes, porque quizás sea eso lo que nos estaba faltando como país: la dimensión gratuita del amor, del afecto, de la preocupación por los demás. Si desde esta tribuna nos hemos referido al insustituible rol social que cumplen los hombres y mujeres de empresa por el bien de la patria –ese legado que recibimos de nuestros padres y legaremos a nuestros hijos–, ahora salta a la vista el complemento necesario de que haya una dimensión maternal, acogedora, gratuita que nos haga sentir como en casa.

En este tiempo en que trabajamos al interior de nuestras casas, hemos vuelto a valorar esas virtudes y un estilo de liderazgo que tradicionalmente se han atribuido al amor de mamá y de las mujeres en general: paciencia, generosidad a toda prueba, ternura y firmeza, dedicación por los detalles, empatía con las diferencias de cada uno, etc. Entre las virtudes, me faltó una de las principales (y que es el mayor aporte femenino, a mi juicio, al mundo del trabajo profesional): comprender y empatizar.

El trabajo y la economía no han hecho otra cosa que volver a casa.

¿Y por qué tiene implicancias en el ámbito público? Porque todo indica que de esta pandemia no se sale solo; nadie ni nada es tan sabio, fuerte, rico o poderoso como para salvarse solo. Para abordar, prevenir, recuperar y fortalecer todo lo que ha sido dañado por esta crisis, se requiere de enormes cantidades de recursos de todo tipo –hasta ahí, nada nuevo–, pero coordinados y gestionados de una manera distinta, más propia del ámbito de la colaboración, la confianza y la donación.

El Papa Benedicto XVI (Caritas in Veritate n° 36) recordó que el “principio de la gratuidad y la lógica del don […] deben tener espacio” en el corazón de la actividad económica cotidiana. La gratuidad y el don, dijo, son “expresiones de fraternidad”, una exigencia de la caridad, de la verdad y, al mismo tiempo, de la “razón económica misma”. Es importante destacar que todas las iniciativas empresariales de colaboración y solidaridad que hemos visto y seguiremos viendo estos días, hunden sus raíces en esta idea: la colaboración, la confianza y la donación gratuita son elementos constitutivos de la actividad económica también.

A muchos les puede extrañar que la economía y la actividad empresarial tengan rasgos maternales. Pero han estado allí desde siempre, desde el inicio. Oiko-nomia es la administración de la casa, del hogar, el espacio común, el lugar de la vida. Por lo tanto, el trabajo y la economía no han hecho otra cosa que volver a casa.

La crisis actual nos ayuda a darnos cuenta que algunas de las virtudes asociadas al liderazgo femenino son más necesarias que nunca, y que necesitamos incorporarlas en la cultura de nuestras empresas. Todos queremos aprender, necesitamos sacar lecciones, mejorar, a partir de lo que estamos viviendo.  En este caso, salir fortalecidos significa avanzar un paso en la tarea de construir empresas plenamente humanas, altamente productivas y socialmente responsables.

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