Por sus investigaciones sobre bancos y crisis financieras, la Academia Sueca acaba de otorgar el Premio Nobel de Economía a tres estadounidenses: Ben S. Bernanke, ex presidente de la FED y actual investigador del Brooking Institute; Philip H. Dybvig, profesor en Washington University of St. Louis, y Douglas W. Diamond, de la University of Chicago, Booth School of Business.

Son varias las lecciones que nos entregan estos economistas, pero quisiera resaltar dos. En primer lugar, la importancia no solo de la enseñanza de la historia económica -en especial en las Escuelas de Negocios- como parte del conocimiento general, sino que su validez como herramienta para la toma de decisiones; y en segundo lugar, el enfoque científico de la economía.

Con frecuencia, desde el presente preguntamos al pasado para entender lo que sucede. Quizás por eso no es extraño que los estudios de los tres profesores galardonados se hayan iniciado en el entorno de la crisis económica de los años 80 y hayan mirado a la historia para encontrar una respuesta. Bernanke observó con detenimiento lo ocurrido en la crisis de 1929 y cómo fueron las acciones u omisiones tomadas por las autoridades de entonces las que convirtieron una recesión en -quizás- la peor depresión económica de la que se tenga recuerdo.

Asimismo, vemos cómo un “rumor” fue uno de las causantes de un corrida bancaria y posterior quiebra del Banco de los Estados Unidos, confirmando lo demostrado por Diamond y Dybvig, en el sentido que los bancos aportan a la economía liquidez, pero presionan corridas bancarias cuando un “rumor” afecta la confianza de sus ahorrantes, de manera que es necesaria la garantía estatal de los depósitos para no provocar el pánico con la concurrencia de los ahorrantes el mismo día a la misma hora a retirar su dinero.

El episodio de Lehman Brothers en el 2008 golpeó al mundo entero y llevó a aplicar la receta aprendida. El hundimiento de la banca puede hacer más dolorosa la recesión, por tanto no es descabellado el rescate financiero. Un episodio que es imposible no asociar con lo ocurrido en Chile hace 40 años, cuando en 1982-1983 el gobierno militar, que impuso la “ortodoxia liberal”, sin embargo no dejó caer la banca y la intervino, ya que de no hacerlo los costos habrían sido aún más profundos.

La segunda lección que nos recuerda la entrega del premio tiene que ver con el aporte de la Universidad de Chicago a la economía. Hace poco circuló un escrito donde algunas personas cuestionaban el aporte de “Chicago” a la economía chilena. Se acusaba a la Escuela de Chicago de ser la “cuna del neoliberalismo salvaje”, atribuyéndole como factor distintivo el propugnar que los agentes económicos toman decisiones racionales, que el Estado es incapaz de contribuir al mejoramiento del bienestar de las personas y que se debe favorecer su reducción, y ojalá desaparezca.

Otro Premio Nobel de Economía, también profesor de Chicago Booth, Richard Thaler, demostró que las decisiones no son tan racionales; con libertad ha criticado la economía clásica y, apoyándose en la psicología, nos ha permitido entender la economía del comportamiento humano. En tanto que los estudios de Bernanke, Diamond y Dybvig demuestran una intervención estatal positiva. Y, de paso, evidencian que la elaboración de “papers académicos” influyen en la toma de decisiones y no solo quedan en la abstracción de la elaboración teórica. 

Lo que caracteriza a la Escuela de Chicago no es el denominado “monetarismo”, “free market” como dicen algunos, ni mucho menos la existencia de un “pensamiento único”, sino que su elemento central es la rigurosidad científica. Es decir, identificar un problema, confrontar las ideas, presentar las evidencias, interpretar la data, aceptar la diversidad de opiniones y discutir los resultados. Vale decir, un pensamiento crítico alejado de la caricatura “economicista” que se le endosa. Una característica que no solo repiten sus alumnos y profesores, sino que evidencian la excelencia de sus seminarios académicos. No por nada, desde 1970 a la fecha, la Escuela de Economía de Chicago ha obtenido 33 Premios Nobel de Economía.

En una sociedad donde abunda el intento por seguir el camino fácil, donde las exigencias son cuestionadas, en que todo parece determinado por el presentismo y lo que viene, cautivos de la descalificación, de la (auto) censura de contenidos que pone en riesgo la libertad de opinión y el reinado de lo políticamente correcto, los profesores Bernanke, Diamond y Dybvig nos ofrecen una nueva oportunidad de conectar con la historia sin instrumentalizarla para fines ajenos a ella y recordarnos el valor de la discusión seria, así como el peligro a que nos conduce el prejuicio, la cancelación del debate y la intolerancia.

*Angel Soto es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad de los Andes.

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