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Publicado el 16 de diciembre, 2018

Ignacio Arteaga: Una buena noticia y un regalo

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga

Una reflexión sobre cuál es el rol que le cabe a la sociedad civil –a nosotros, los ciudadanos– en la consecución de bienes públicos o, dicho de otra manera, cómo contribuimos desde las empresas al logro del bien común.

Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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En los últimos días hemos sido testigos de dos polémicas públicas en las que los hombres y mujeres de empresa deberíamos poner mucha atención, aun cuando en apariencia no tienen relación con lo que ocurre en el interior de las empresas; si se las mira con detención, veremos que son importantísimas para ellas. La primera trató sobre si debe desaparecer la Teletón y ser absorbida por el Estado y, la segunda, sobre la interpretación de la Contraloría respecto a la objeción de conciencia institucional en el reglamento de la ley de aborto.

¿Por qué creo que los empresarios debemos poner mucha atención a discusiones como éstas? Porque, en el fondo, obedecen a la misma pregunta: cuál es el rol que le cabe a la sociedad civil –a nosotros, los ciudadanos– en la consecución de bienes públicos o, dicho de otra manera, cómo contribuimos desde las empresas al logro del bien común.

En un día cualquiera, si nos preguntan por qué hacemos lo que hacemos en nuestra empresa, lo usual es recurrir a las tres razones más fáciles de observar: primero, los productos y servicios que creamos; segundo, los puestos de trabajo que ofrecemos y, tercero, el bienestar que generamos. Todo eso es verdad y está muy bien, pero no es toda la respuesta. Y no nos damos cuenta de ello hasta que alguien hace la pregunta de fondo: “¿sí, pero por qué?”, “¿cuál es el sentido de hacerlo?” O, más crítico aún: “¿Y por qué mejor no hace eso el Estado?” o “Hágalo, pero sometiendo su conciencia e ideario”. En ese caso, lo que le están cuestionando es derechamente si su empresa debiera existir.

Tras 70 años de experiencia, en USEC tenemos una buena noticia, pues precisamente nos dedicamos a eso, a valorar y comunicar las razones de fondo que le dan sentido y legitimidad a la actividad empresarial de modo que podamos decir de ella que es una noble vocación. Y tenemos un regalo, que se acaba de publicar hace pocos días. Se trata de un verdadero manual de gestión de empresas que responde precisamente a esas inquietudes profundas sin descuidar las del día a día. Se llama “La vocación del líder empresarial: Una reflexión” y es fruto del pensamiento social de destacados intelectuales y, muy importante, de la sabiduría práctica de innumerables empresarios, ejecutivos y emprendedores de los 5 continentes, redactado en nuestro propio lenguaje empresarial.

Este documento ayuda a responder con las mismas tres razones que siempre damos los empresarios, pero vincula cada una a un principio del orden social –solidaridad, subsidiariedad y justicia–, que le da legitimidad y conexión con el bien común a la actividad empresarial. Veamos cada uno.

La respuesta automática de un empresario acostumbrado a pensar su actividad en términos solamente materiales sería que satisface las necesidades de sus clientes o que cumple con ciertos estándares de servicios. Esa misma empresa, desde la perspectiva de la solidaridad podría mostrar que busca oportunidades y formas de satisfacer las necesidades de las comunidades desatendidas por la oferta, y de acoger a las personas mediante la eliminación de obstáculos que les impiden participar en la economía.

La respuesta automática sobre el trabajo, pasa por el número y la calidad de los puestos de trabajo que ofrece, lo que está muy bien. Pero, la mirada desde la subsidiariedad diría que mi empresa da trabajos dignos y cumple un rol subsidiario, pues fomenta la iniciativa, la innovación, la creatividad, el sentido de responsabilidad compartida y los liderazgos de sus colaboradores. Esto se traduce en culturas corporativas basadas en la confianza mutua que permiten a cada uno desplegar sus capacidades y tomar decisiones libres. Nótese además que la subsidiariedad es el principio cuestionado en las dos polémicas que mencionamos al comienzo.

Por último, la respuesta automática sobre el valor que aportan las empresas es la rentabilidad, pero, tomando en cuenta la justicia, las buenas empresas crean y distribuyen la riqueza de modo sostenible, siendo un aporte al progreso social y retribuyendo de manera justa a todos los grupos implicados.

Este modo de comprender, llevar a cabo y comunicar la actividad empresarial no es una campaña de marketing y no funciona si es una promesa vacía. Esta buena noticia y el regalo que le presentamos permiten mostrar el aporte de las empresas en términos de los principios del orden social que le dan legitimidad, sentido y trascendencia.

FOTO:Cristobal Escobar/AgenciaUno

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