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Publicado el 24 de febrero, 2019

Ignacio Arteaga: Un mercado laboral más dinámico y flexible

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga

El sistema vigente en Chile para las indemnizaciones por años de servicio se presta para incentivos incorrectos. Parece entonces razonable que se esté evaluando un mecanismo alternativo como lo ha propuesto una mesa técnica de expertos.

Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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Miguel trabaja hace 10 años en una empresa, gana un buen sueldo, pero está desmotivado; siente que ya cumplió un ciclo y, aunque llegó a la conclusión que lo mejor sería buscar nuevos horizontes laborales, prefiere quedarse ahí por temor a “perder” su eventual indemnización por años de servicio. El problema es que ha entrado en un espiral negativo y ya lleva un buen tiempo “sacando la vuelta”, como diríamos en buen chileno, buscando así una causal de despido que le permita terminar su relación laboral sin irse con las manos vacías.

¿Le suena conocida esta historia? Probablemente sí, porque el sistema vigente en Chile para las indemnizaciones por años de servicio se presta para incentivos incorrectos, no solo para los trabajadores, como el caso de Miguel, sino también para los empleadores, quienes, frente a la necesidad de ajustes, optan muchas veces por desvincular a trabajadores de menor antigüedad (por el menor monto de la indemnización a pagar) y no necesariamente a los menos motivados y comprometidos. Parece entonces razonable que se esté evaluando un mecanismo alternativo como lo ha propuesto una mesa técnica de expertos. Se trata de un sistema de indemnización de carácter opcional, que operaría a todo evento, incluso ante la renuncia del trabajador, y, a diferencia del régimen actual, el trabajador recibiría la mitad de su remuneración por cada año de servicio, con el tope de 11 años.

Para algunos la nueva modalidad dejaría en la desprotección a los trabajadores y generaría inestabilidad laboral. Para otros en cambio, esta iniciativa ayudaría a terminar con ciertos incentivos negativos, como los indicados más arriba, permitiría dinamizar el mercado laboral, darle más libertad a los trabajadores, disminuir los actuales costos de contratación y facilitar, así un mayor acceso al mercado laboral. No hay que olvidar que mientras más caro les resulta a las empresas despedir a un trabajador, por los montos de indemnización establecidos por ley, menor incentivo tendrán en contratar más trabajadores. Esta rigidez no es aconsejable ya que no fomenta que las personas se desplacen a trabajar a sectores que, dado el dinamismo económico, se vuelvan más productivos y rentables. Por otra parte, sistemas que gozan de una mayor movilidad laboral permiten a los países -personas y empresas- salir más rápido de los ciclos recesivos. Para ello baste comparar Estados Unidos con Europa.

Es de esperar que esta vez pueda darse una discusión seria, no ideologizada, que vele por el bien mayor de todos los trabajadores.

Aunque todavía falta conocer la “letra chica” de esta propuesta, creemos que una reforma como la que se plantea ayudaría a modernizar el mercado laboral chileno, ya que ella reconoce dos importantes tendencias: por un lado, que actualmente las personas que trabajan cada vez valoran más el tener experiencias laborales más cortas y en diversidad de empresas a lo largo de su vida laboral y, por otro, que a medida que los cambios tecnológicos van acrecentándose, y con ello la automatización de labores, el mercado laboral debe tener necesariamente la capacidad de ajustarse a los desafíos que ello plantea.

Por eso, es de esperar que esta vez pueda darse una discusión seria, no ideologizada, que vele por el bien mayor de todos los trabajadores, incluidos aquellos que se encuentran actualmente cesantes y aquellos a quienes les es más difícil acceder al mundo laboral, como ocurre con muchos adultos mayores en estado de trabajar, con personas en situación de discapacidad, mujeres e inmigrantes, entre otros. No podemos olvidar que todo orden económico siempre debe orientarse a la justicia y al bien común, debiendo el Estado promover políticas públicas que activen el empleo.

No veamos este tema como una tensión entre el trabajador y su empleador, primero porque es un mecanismo opcional al que nadie está obligado entrar, y segundo porque de lo que se trata es de permitir mayor movilidad y libertad a los trabajadores, alcanzar mayores grados de dinamismo en la economía y ampliar el acceso al mercado laboral para muchos que están actualmente excluidos.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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