Si la decisión de comprar o arrendar casa para una persona pudiera compararse a la decisión de por quién votar en política, entonces habría 4,2 millones de chilenos “buscando casa” para la próxima elección si es obligatoria. Obtengo esa cifra de restar los votos por Kast (derecha) para presidente hace 9 meses (3,7 m) de los 7,9 m de votos que obtuvo el Rechazo hace tres semanas. Esos 4,2 millones de personas que prefirieron Rechazo son el 90% (casi todas) las adicionales que votaron el 4 de septiembre y que no habían votado en la presidencial (4,7 m). Hasta aquí las matemáticas.

Dicho de otra manera, hay como 4 millones de chilenos que no se consideran ni de derecha como para votar por Kast, ni de izquierda como para haber votado por Boric o Apruebo, o que no les interesa la política, considera inútil ir a votar, o no les convenció ninguno de los candidatos últimos, ni las propuestas anteriores de programas o de constitución que les había propuesto. A ese número de personas es posible ir a ofrecerles “una casa para todos” y especialmente para ellos. Son casi un tercio de todos los electores del país, y que hasta ahora habían participado muy poco o nada en las elecciones. Son el grupo hacia el cual intentarán acercarse diversos partidos políticos, incluidos algunos nuevos, como probablemente será el caso de los Amarillos por Chile.

La gran pregunta es, ¿qué características debiera tener la casa que se le ofrezca a ese grupo para atraerlo? ¿Hay un solo modelo preferido por todos o la mayoría? Si no es uno sólo, ¿cuántos y con qué diferencias? Todas las comparaciones son insuficientes, y esta de la elección de opciones políticas con la de una casa no es excepción. Las elecciones son puntuales, por algo específico referido a cierto momento; escoger una casa es más permanente (podría hablarse sólo de arrendar). También los costos de decidir en ambos casos son distintos. Pero la comparación ayuda a poner el acento en lo complejo de la experiencia de elegir y en la diversidad de motivaciones, situaciones y de las personas mismas que eligen.

Los resultados del plebiscito, más las suma de elecciones recientes y el probable cambio hacia el voto obligatorio, no sólo conducirá a cambios en las coaliciones políticas existentes y al surgimiento de nuevos partidos, como ya se observa. Si nuevas coaliciones o partidos pretenden tener éxito, debieran hacer un trabajo muy profundo y detallado de las aspiraciones en materia política de esos 4,2 millones de chilenos hoy “sin domicilio político” conocido que “buscan casa”. Buscan quién los interprete y represente, porque no se sentían ni interpretados ni representados por lo que había. Estimo que una de las prioridades de cualquier nuevo partido debe ser mucha indagación y estudio práctico, empírico del mundo de esos 4,2millones; antes o junto con definiciones de principios, estatutos y programas.

Algunas pistas o hipótesis preliminares sobre ese mundo las conocemos desde el saber que votaron Rechazo y no Apruebo. Pero cuidado con las especulaciones y “voladas” a partir de datos puntuales o efímeros. Pueden haber llegado a esa decisión por motivos muy diversos (o tal vez no). Sabemos que son diversos en edades y vienen de todos los grupos etarios. Pero, sobre todo, corresponden a la nueva diversidad social generada por el rápido crecimiento económico y educacional alcanzado por Chile los últimos 30 años. Provienen de esa transformación de la cual aparentemente nuestra clase política todavía no se ha hecho cargo suficientemente.

Dicho lo anterior, especulemos un tanto sobre características (a verificar) de los 4,2 millones “sin domicilio”: 

1) Probablemente son muy poco motivados por una ideología política, cualquiera que ella sea.  

2) Poco interesados en la política en general y menos en militar en un partido.  

3) Con poca confianza en los políticos y en los partidos.  

4) Reacios a cambios, especialmente los bruscos y asociados con mucha incertidumbre.  

5) Con sentimientos ambivalentes ante el Estado; deseos que le arregle determinadas cosas por un lado (como salud), y desconfianza en él por otro lado, como el rechazo a funcionarios burocráticos, a veces abusadores, etc.  

6) Sentimientos parecidos respecto a la empresa privada en general.  

7) Gran preocupación o temor a la violencia, tanto en las calles y en el sur como a la delictual en los barrios. Y varias otras inquietudes que se me escapan, seguramente: ¿más igualdad económica?

Si lo anterior caracterizara aproximadamente bien a los 4,2 m, de allí se podrían deducir algunos de los rasgos que debiera intentar tener un nuevo partido político que los empiece a interpretar y representar. Por ejemplo, poco ideológico o más pragmático, líderes que no se parezcan mucho a políticos tradicionales, menos centrados en disputas y peleas entre ellos  y sobre todo, muy aplicado a reducir la violencia y la delincuencia. Ya veremos.

*Ernesto Tironi es economista.

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