Después del verdadero tsunami electoral sufrido por el Apruebo, el Presidente Boric efectuó un bochornoso primer cambio de gabinete, marcado por la improvisación de último minuto, que dejó heridos y frustrados entre quienes el propio gobierno había señalado como titulares de cargos que no pudieron asumir.  

Sin embargo, más allá de la desprolijidad del momento, lo importante es analizar el discurso que pronunció el primer mandatario, pues después de escucharlo pareciera ser que el mensaje del 62% del Rechazo no hubiera tenido efecto alguno en la Presidencia, ya que a pesar de que en el plebiscito del domingo todo intento de radicalidad fue rechazado, se escuchó fuerte y claro que el Presidente no está dispuesto a cambiar nada del programa con el que fue electo.

Lo dijo con estas palabras: “el gabinete hace suyo el mandato del cambio, de transformación por el que llegamos a la Moneda. Y en eso, ningún paso atrás”. Y refiriéndose al Rechazo manifestó que los procesos de cambio tienen retrocesos y que “hay que actuar con convicción para defender firmemente el proceso de cambio, que es el sentido profundo por el que estamos acá, no de administración del tiempo y de lo que hay, sino para transformar, afrontar y enmendar las injusticias que hay en nuestro país, que no se pueden volver a meter debajo de la alfombra”. 

En resumen, todo cambia para que todo siga igual desde la perspectiva del Presidente Boric. Lo que aparentemente no le quedó claro del pronunciamiento del 62% de los chilenos, es que el pueblo en forma aplastante rechazó la soberbia con que los miembros de la coalición gobernante actuaron en la CC, cancelando a quienes no asentían con sus radicales ideas de refundar Chile, puesto que ellos eran los elegidos, los poseedores de la verdad absoluta; esa misma verdad con la que el Presidente llegó al poder.

Es la misma soberbia demostrada por el ministro Jackson cuando expresó “nuestra escala de valores y principios no solo dista del gobierno anterior, sino que creo que frente a una generación que nos antecedió, que podía estar identificada con el mismo rango de espectro político, como la centroizquierda y la izquierda”. 

La soberbia es mala consejera, y el Presidente Boric, que hizo suya la nueva Constitución, transformándose en el líder de la campaña del Apruebo, debiera darse cuenta de que el 62% de rechazo es también un mensaje dirigido a él, ya que como lo demostraron las encuestas, había una estrecha correlación entre el rechazo a la Constitución con el rechazo a su gestión. 

El mensaje al Presidente es que el 62% del domingo pasado no se trata simplemente de rechazar un texto, sino que es algo mucho más profundo. Es la derrota del totalitarismo ideológico, de la intransigencia y arrogancia de la izquierda radical y sus experimentos refundacionales, de la plurinacionalidad, del activismo indigenista extremo, a la vez que es un contundente y masivo llamado a la moderación, a exigir equilibrios en el poder, a reconocernos todos como chilenos, a ser iguales ante la ley, a resguardar la libertad de expresión, a respetar la diversidad de ideas y un total rechazo a todo lo que el FA y el PC nos quisieron imponer, lo que políticamente implica una gran derrota de la izquierda, del Gobierno y de Gabriel Boric, como líder del Apruebo.  

Dada la contundencia del mensaje del 62% al Presidente, es de esperar que lo considere, reflexione y no insista en imponernos “sin ningún paso atrás” el programa que lo llevó a La Moneda -aunque le reafirmó a Tellier su compromiso con impulsarlo-, pues no debiera desconocer que el Rechazo, con 7.859.838 votos, obtuvo 3.238.607 sufragios más que con los que él fuera elegido. 

El pueblo habló fuerte y claro. Ahora depende de que quienes tienen la responsabilidad de gobernar Chile, no hagan oídos sordos, pensando que lo que pasó el 4 de septiembre fue tan solo un pequeño retroceso que todo proceso de cambio sufre, e insistan en avanzar sin transar. 

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.

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