Señor Director,

La falta de prolijidad a la hora de tomar decisiones trae resultados inesperados, no cabe duda. Eso es lo que ha ocurrido al decidir el cierre de los colegios y prolongar las vacaciones.

En una sociedad en la cual el colegio se ha transformado no solo un espacio de aprendizaje sino también en el lugar que permite que las familias puedan dejar a sus hijos para poder trabajar, se ha producido una suerte de pánico, una respuesta que obedece más a la dura experiencia traumática de permanecer casi dos años con los niños encerrados en pandemia, que una medida desproporcionada para prevenir las enfermedades respiratorias propias del invierno.

Sin duda, las autoridades que tomaron la decisión no midieron el costo en salud mental para las madres que son, en su gran mayoría, quienes están a cargo de la crianza de los niños, niñas y adolescentes en edad escolar. Es cierto que las urgencias y las camas pediátricas UCI no dan abasto pero también es cierto que la recomendación del comité de expertos fue no cerrar los colegios. ¿Qué sentido tiene contar con estos expertos si no se escuchan sus recomendaciones? 

La improvisación es lo que parece estar a la base de esta decisión tomada desconociendo la multiplicidad de factores que se ponen en juego. Lo más grave aún, sin mencionar la adaptación de los escolares al colegio, que a luces de todos ha sido tremendamente difícil.

Jacqueline Deutsch

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