Señor Director,
A la manera de los jóvenes ministros de Apruebo Dignidad, el escritor y columnista Óscar Contardo, en un reciente tweet referido tanto al desconocimiento de la obra de la filósofa y ensayista Lucy Oporto Valencia como a la sospecha sobre su aparición en medios, hace gala no sólo de los defectos (morales o políticos) atribuidos a esta nueva generación, incontinencia, inmadurez e irreflexión; sino lo más gravoso para la salud cívica, es que los dizque intelectuales públicos sean verdaderos Catones y no vacilen en censurar o ningunear las ideas contrarias a su inflexible preceptiva.
Y esto se ve coronado, no por un Óscar, sino por el severo y arbitrario juicio de una congresal del PC («partido feminista de clase, antipatriarcal»), Carmen Hertz: «Conocida en su casa a la hora de almuerzo y levantada como `intelectual´ por la derecha».
Gonzalo Geraldo Peláez, editor literario
