Leo la inteligente y conmovedora biografía intelectual del historiador mexicano Enrique Krauze, “Spinoza en el Parque México”. Me detengo en la referencia a nuestro país en una conversación suya con el también historiador, economista, politólogo y gran ensayista mexicano Daniel Cosío Villegas, quien fuera fundador del Fondo de Cultura Económica, del Colegio de México, de la Escuela Nacional de Economía y de El Colegio Nacional; una de las figuras culturales más grandes de México de todos los tiempos. Krauze relata así el episodio: “En 1970 llegué muy contento a verlo tras el triunfo de Salvador Allende. Le dije con toda inocencia: «¿Qué piensa usted licenciado? Estamos felices ¿No?» Me contestó algo airado: «Por supuesto que no. Cualquier liberal tiene que ver con mucho escepticismo el triunfo de Salvador Allende». En su artículo siguiente explicó por qué Allende llegaba con una minoría que debía llevarlo, no a la radicalización, sino a la prudencia”.

Sabemos que Allende no tuvo, o no pudo comportarse, con la prudencia que recomendaba Cosío Villegas. Su programa contemplaba la expropiación y estatización de empresas monopólicas en distintas áreas de la economía. Los predecesores de los “jóvenes idealistas de la primera línea” que hace poco vandalizaron, incendiaron y asaltaron a pesar de “no ser delincuentes”, fueron entonces los militantes de los partidos de la Unidad Popular que siguieron de largo de ese programa original y “tomaron” empresas de todos los tamaños y condiciones, hasta lograr su requisición merced a los “resquicios legales” con que operó el gobierno de la Unidad Popular.

Si Allende hubiese recuperado la primera de estas empresas tomadas y detenido y juzgado a quienes habían realizado esa toma, probablemente la historia se habría escrito de una manera diferente. Y debe tenerse presente que esa actitud de Allende, que habría correspondido a la prudencia que recomendaba Cosío Villegas, no habría significado la renuncia a su programa, sino simplemente sujetarse a él.

¿Por qué Allende actuó como actuó? Probablemente porque le resultaba moralmente muy difícil proceder en contra del voluntarismo desquiciado de su propia gente. Porque le resultaba, moral más que políticamente, demasiado oneroso perder el apoyo de gente, de compañeros, que compartían una misma ideología con él. Desde que comenzó el gobierno del Presidente Boric, la pregunta que recurrentemente se han hecho quizás todos los que pueden recordar la trágica experiencia del Presidente Allende, es si él, nuestro actual Presidente, será capaz de superar la limitación que llevó al socialista, hace medio siglo atrás, a su terrible fin.

Posiblemente el propio Presidente Boric se haga esa pregunta. Después de todo es un buen lector y quizás haya llegado, de esas lecturas, a las mismas conclusiones que quienes vivimos la experiencia. Sin embargo, su comportamiento demuestra que, tal vez aun teniendo consciencia de ello, tiene grandes dificultades para actuar con la prudencia que recomendaba el mexicano. Y por eso avanza en la dirección que indican la prudencia y la inteligencia política, sólo para retroceder luego a ese sombrío territorio del que la responsabilidad y la razón han sido expulsadas y en el que únicamente reina la pasión.

La lista se hace interminable porque aumenta cotidianamente. Observemos sólo las más recientes. Antes de hacer lo correcto y buscar un acuerdo, el Presidente tensionó las relaciones con el Senado de la República hasta el límite, presentando candidaturas a la Fiscalía Nacional aun sabiendo que serían rechazadas, que no gustaban a ese otro poder del Estado. Y lo hizo con plena consciencia de que necesita de ese apoyo para sacar adelante sus reformas al sistema de pensiones y al sistema tributario.

Alguien podrá decir que ese innecesario conflicto fue fruto de la inexperiencia política o que simplemente “no se dio cuenta”, pero a estas alturas es imposible seguir evaluando las acciones del Presidente con la benevolencia con que se evalúa a un niño de quien se espera que aprenda “echando a perder”. Lo cierto es que procedió de esa manera para satisfacer las demandas (¿las presiones?) del ala izquierda de su base de apoyo y en particular de sus bases feministas, que insistían en que la proposición recayera en una mujer.

Y de su decisión de indultar delincuentes asociados a la situación social y política más irritante de nuestro pasado reciente y de justificar otro indulto por su convicción de que el condenado era “inocente”, sólo diré que de esa manera no sólo agudizó sus diferencias con la mayoría de la oposición en un ámbito que para ella es particularmente sensible, sino que creó un conflicto con otro poder del Estado. Nuevamente: ¿distracción? ¿impericia? ¿ignorancia? No, únicamente la necesidad de dar satisfacción a su ala izquierda, aquella con la que comparte ideales y un pasado común.

El resultado de estas dos acciones ha sido una declaración de la Corte Suprema, que pone en su lugar al Presidente y un proyecto de resolución de la Cámara respaldando esa declaración.  Un fenómeno que también ocurrió durante el gobierno del Presidente Allende y que, en su caso, fue probablemente determinante del golpe de Estado que lo derrocó. Las situaciones desde luego no son iguales y nadie espera ni desea un final inconstitucional para el presidente Boric. Pero es inevitable preguntarse: ¿Por qué lleva las cosas a ese extremo? ¿Por qué, teniendo a la vista la experiencia de un Presidente que él dice admirar, no aprende de sus errores?

Enrique Krauze, en otro capítulo de sus memorias, hace referencia al hecho que, para los judíos, recordar es un mandamiento, un deber, no una tradición. El Presidente y todos nosotros, judíos o no judíos, tenemos también ese deber. Para no repetir errores. Por el bien de Chile.

*Álvaro Briones es economista y escritor. Ex subsecretario de Economía y ex embajador de Chile.

Álvaro Briones

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

Deja un comentario

Cancelar la respuesta