Como es de público conocimiento, el artículo 60 de la Constitución establece distintas causales de cesación del cargo de diputado que son aplicables al Convencional Constituyente Rodrigo Rojas Vade. Sin embargo, el sector del Convencional Rojas Vade insiste en que se debe reformar la Constitución para que este pueda renunciar. Frente a ello, es necesario destacar la necesidad de que el régimen de permanencia de las autoridades no se acomode a las circunstancias personales de ciertos políticos, especialmente en el caso de las autoridades electas por votación popular. 

Los promotores de esta modificación a la Constitución vigente, sostienen que la única forma de que el Convencional Rojas Vade pueda renunciar a la Convención Constitucional, que es supuestamente lo que él quiere, es que se apruebe por el Congreso Nacional una reforma constitucional que lo autorice. Esto no es del todo preciso. El convencional declara padecer una serie de enfermedades que, no sabemos, podrían impedir que ejerza el cargo y eso corresponde al Tribunal Constitucional determinarlo (o al Pleno conforme al reglamento de la Convención, norma que contradice la Constitución). Pareciera entonces que quienes impulsan esta reforma constitucional más bien buscan que en el caso que deba cesar en el cargo exista una fórmula de reemplazo pues hoy no es permitido que un independiente sea reemplazado.  Al mismo tiempo y a como dé lugar parecieran estimar necesario como condición de blancura de la propuesta de texto de nueva Constitución que no lleve la “incendiaria” firma de Rojas Vade pero, sobre todo, les perturba profundamente perder un voto: pasar de 155 a 154, porque con atinada sabiduría, la Constitución señala que los independientes no se reemplazan. Lo anterior, por la sencilla razón de que es imposible reemplazar a los políticos independientes. 

La reforma constitucional que se promueve establece un efecto distinto, sin precedentes en el derecho electoral vigente en Chile, toda vez que inviste al segundo lugar en votación de la lista conformada solo por independientes, debiendo asumir el cargo vacante en la Convención. Esta solución tiene una serie de problemas, entre ellos podemos señalar que al designarse ex post como convencional de reemplazo a una persona determinada, no se toma en cuenta su voluntad, ni lo que ha determinado hacer con su vida desde que no obtuvo un escaño en la elección correspondiente. ¿Qué ocurre si esa persona se niega a ocupar el escaño de Rojas Vade, con todo el estigma político y social que puede llegar a significar? Además, ¿realmente es irrelevante la cantidad de votos que saca ese candidato que no fue electo?

La situación producida por Rojas Vade es un ejemplo claro de por qué las listas de independientes (versus promover a los partidos) son problemáticas para las democracias. Estas listas otorgan escasa información de las ideas que representan ni menos tienen una estructura interna y mecanismos para velar por la coherencia y mantención de esos planteamientos. Esta situación implica que los ciudadanos que votaron por algún candidato que compitió en lista de independientes terminen siendo “representados” por un candidato sumamente ajeno a su parecer político. Esto trae graves consecuencias, pues genera una distancia insondable entre el votante y el representante, dificultando los procesos de accountability de una democracia.

La acción política del sector de Rojas Vade y de quienes secundan esta acción ha sido traspasar la responsabilidad al Congreso Nacional y no que Rojas Vade inicie las gestiones correspondientes para poder cesar en su cargo a la Convención. Se pone contra la espada y la pared al Congreso Nacional (que no tiene por qué estarlo ni dejarse amedrentar); las mismas palabras de Rojas Vade esconden un dejo de amenaza (si no legislan de tal modo, yo vuelvo a ejercer mi cargo). En segundo lugar, cabe destacar que legislar con nombre y apellido siempre es abrir una caja de Pandora. Imagínense lo que es deliberar y aprobar una Reforma Constitucional con nombre y apellido. En este caso, la Reforma Constitucional Rojas Vade sin siquiera reflexionar sobre su pertinencia, efectos y precedentes que genera. 

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