La semana pasada se vislumbraba que la negociación de la Comisión de Sistema Político -el corazón de la Constitución por regir aspectos como el Poder Ejecutivo y el Congreso- tras su fallido paso por el Pleno, no sería fácil. Incluso, el convencional Fuad Chahin (DC) optó por restarse de las negociaciones. Hasta que el lunes salió humo blanco acordándose un presidencialismo atenuado y bicameralismo asimétrico. Pero, al contrario de lo que decían sus firmantes, el texto fue todo menos transversal. Solo fue firmado por las fuerzas de izquierda que tienen mayoría en la Convención. Se restaron la derecha y el Colectivo del Apruebo que, luego, presentaron sus propias propuestas.

El texto consensuado por un solo sector generó diversas críticas. El convencional Rodrigo Álvarez (UDI) señaló en Twitter: «Mal acuerdo sobre Sistema Político de Chile. Muy malo para las regiones. Inadecuado para separación y control del poder político. Muy negativo para la democracia representativa. La propuesta Constitucional cada día es más preocupante, errada y deficiente para el futuro de Chile»

En tanto, la senadora Ximena Rincón (DC) escribió en la misma red social: “No hay Estado Regional si se priva a Cámara de las Regiones de competencias en Salud, Educación, Pensiones, Vivienda y otras materias de interés de sus habitantes. Además 4/7 de diputados pueden torcer su voluntad. Mal por la democracia y por las regiones”.

Las cosas no van bien. Por esto, no es extraño que comiencen a aparecer alternativas.

Desde el martes 6 de marzo de 2018 aloja en el Congreso el proyecto para modificar la Constitución Politica de la República ingresado por la Presidenta Michelle Bachelet a días de terminar su mandato. En concreto se encuentra en la Comisión de Constitución Legislación, Justicia y Reglamento del Senado sin movimiento alguno.

Dado el complejo escenario de la Convención y su baja aprobación ciudadana, distintas voces sacaron a relucir la idea de desempolvar el proyecto. Una de ellas, es la del senador Manuel José Ossandón (RN) quien planteó en La Tercera que en la papeleta (hoy solo hay dos opciones) se sume una tercera raya «que exista otra Constitución que sea hecha por otra forma como, por ejemplo, el proyecto de la Presidenta Bachelet”.

De todas formas, “no es fácil”, señala de entrada el senador Rodrigo Galilea (RN) e integrante de la Comisión de Constitución del Senado. Sin embargo no se cierra a la opción y dice: “Para que esto resulte se necesita un consenso amplio en el Congreso, tanto en la Cámara de Diputados y Senado. Se requerirían 2/3 porque habría que modificar el capítulo 15 de la Constitución que estableció todo el cronograma de lo que estamos viviendo. A mí juicio podría ser de toda sensatez”.

Complementa: “Efectivamente hay voces que han propuesto reflotar el proyecto de Bachelet que tuvo un esquema de participación ciudadana bastante amplio con cabildos en prácticamente todo Chile. También, una comisión y abogados constitucionalistas para trabajar las propuestas que salieron de esos cabildos”.

Además, entrega dos alternativas para concretar la idea: “Modificar la papeleta y que no sea la actualmente prevista, sino que se cambie y se pueda optar por dos nuevos textos de Constitución: el que propondrá la Convención, el que planteó en su momento la Presidenta Bachelet o continuar con la que está”

Y propone: “La otra posibilidad es que no modifiquemos nada, tomemos un compromiso político: si es que se rechaza la Constitución vigente se le propone inmediatamente al país la que existe en el Congreso”.

Mientras eso aún no ocurre, convencionales del Colectivo del Apruebo han basado una serie de indicaciones, en distintas comisiones, en el proyecto de Carta Magna de Bachelet. Felipe Harboe y Luis Barceló en Derechos Fundamentales, Fuad Chahín en Sistema Político, Eduardo Castillo en Forma de Estado, entre otros.

Harboe y Barceló argumentan que el texto es un insumo muy importante y por eso “lo hemos incluido mediante indicaciones en la Convención, ya que goza de legitimidad ciudadana al ser el resultado de cabildos con más de 200.000 participantes y además posee una buena técnica jurídica”.

Ante la opción que el proyecto de Bachelet tome fuerza como una tercera vía, Harboe indica: “Yo no estoy pensando en alternativas ni plan B. Mi rol hoy es hacer todos los esfuerzos para incluir esto en el actual proceso. No he hablado con nadie porque pensar en el plebiscito o una alternativa es renunciar al esfuerzo presente y eso no lo voy a hacer”.

Barceló, por su parte, señala: “Si el Rechazo gana, opción de difícil concreción, pues la ciudadanía está a la espera de cambios especialmente en materia de derechos fundamentales los que quedarán  consagrados  en la Constitución, el proyecto de Constitución Bachelet se erigiría en una opción sólida de cambio constitucional y personalmente lo apoyaría. Se fundamenta en una razonada  difusión popular con cerca de 220.000 personas. De manera que es plenamente viable presentarla como alternativa». Y agrega que es algo que se ha «comentado informalmente”.

A su vez, el senador Matías Walker (DC) y presidente de la Comisión de Constitución admite: “En lo personal, estoy abierto a cualquier mecanismo que evite el fracaso del proceso constituyente. Una parte importante del electorado ya manifestó su voluntad de avanzar hacia una nueva Constitución, pero no va a estar dispuesta a aprobar cualquier Constitución, sobre todo si ésta no se genera en base de grandes acuerdos y persiste un ánimo de refundar todas las instituciones«.

Pero Galilea advierte que es difícil lograr un consenso en este tema «porque se ve que los partidos que forman parte de la alianza de gobierno parecieran estar muy comprometidos con la Convención sea cual sea el texto». 

Por otro lado, la senadora y jefa de comité de RN, Paulina Núñez, subraya: “Hay que tener en cuenta que el 80% de los chilenos y chilenas quiere una nueva Constitución así lo dijo en el plebiscito de entrada, si hoy el 40% o un poco más estaría por rechazar un futuro texto constitucional es porque imagino que no comparten el actuar de muchos constituyentes”. 

Asimismo, afirma: “Como senadora si algo puedo garantizar es que, frente a un rechazo, el Congreso inmediatamente debe acordarse de ese 80% y entrar a legislar una nueva Constitución. Hago un llamado al diálogo y los acuerdos, salir del yo y entrar al nosotros y pensar en Chile. Estoy dispuesta a revisar la reforma de Bachelet, y también a ver desde cero una nueva Constitución”.

En la misma línea, el expresidente de la Cámara de Diputados, Diego Paulsen concluye: “Un 80% de los chilenos no está de acuerdo con la actual Constitución, por lo tanto, hay que generar los cambios y cuál es el mecanismo, el que tenga mayor viabilidad, transparencia, participación ciudadana y que permita que los ciudadanos se sientan vinculados a este proceso”.

¿Cómo funciona el trámite legislativo para “revivir” el proyecto?

Un poco más de 4 años han pasado desde que la segunda administración de Bachelet ingresó el texto al Congreso.

Surge la pregunta sobre cómo llevar a cabo la reforma constitucional de Bachelet en la Comisión Constitucional. El senador Rodrigo Galilea responde: “En general, las tablas con proyectos a discutir los va proponiendo el presidente de la Comisión -en este caso, Matías Walker. Pero en el Senado estas cosas no son dictatoriales, normalmente se conversan, y se toma en cuenta el parecer de los senadores”. 

También puede ser que un legislador, en la Cámara de Diputados, presente una reforma constitucional que sea muy parecida a la original y que se empiece a tramitar en esa instancia. Un escenario más complejo puesto que la presidenta de la Comisión de Constitución de la Cámara es Karol Cariola (PC).

Otra opción es que un legislador puede oficiar al Senado para que ponga el proyecto por su importancia, pero tampoco lo puede «obligar». Lo otro, es que los parlamentarios le pidan al gobierno que le de urgencia. Una alternativa que no se ve viable, por ahora. 

Con todo, diputados entregan su parecer al respecto de revivir el proyecto de reforma constitucional de Bachelet. El diputado debutante de Republicanos, Luis Fernando Sánchez, apunta: “El problema es que el sector que representan sus autores no quiere, porque prefieren apoyar lo que está pasando en la Convención. La iniciativa de Bachelet no es ideal, pero es mucho más prudente. Trabajar sobre ella podría ser una opción interesante, lo que no significa aprobarla como está, sino revisarla, corregirla y ajustarla”.

En tanto, la diputada Helia Molina (PPD) y exministra del gobierno de Bachelet manifiesta estar dispuesta a discutir los temas, pero “a quien le corresponde trabajar en la nueva Constitución y entregar una opción a la ciudadanía es a la Convención porque para eso fue elegida”.

Desde otra perspectiva, el diputado Andrés Celis (RN) manifiesta que no ve que esté la «valentía» hoy día de proponer esto de forma frontal, porque es como sacarle el piso a lo que está discutiendo la Convención, pero comenta: “Si se va a dar ese escenario, sería más cercano a junio. No creo que antes. Va a ser cerca de que termine el plazo”.

En caso de que prospere lo de Bachelet, Celis cree que independiente de lo que pase en el Congreso, eso de todas formas se tiene que plebiscitar.

El diputado Jorge Alessandri (UDI) resalta: “Es una pésima señal plantear una nueva alternativa para decidir si se aprueba o rechaza la nueva Carta Magna considerando que cada vez crece más el rechazo y la aprobación va cayendo”.  

El proyecto de Gaspar Rivas para cambiar la papeleta

En los últimos días, no son pocas las voces que se aventuran en levantar ideas para el devenir de la Convención, pese que hasta la fecha el único proyecto ingresado es el del diputado del Partido de la Gente, Gaspar Rivas. Sin embargo, fuentes al interior del Legislativo, aseguran que en los próximos días podrían sumarse más alternativas.

El proyecto de Rivas plantea que la papeleta del plebiscito ofrezca dos opciones ante la propuesta de la Convención: aceptar o desechar, reformando la actual Constitución. En caso de triunfar la segunda opción, se añade que el Presidente enviaría al Congreso una reforma que incluya, a lo menos, temas como derechos sociales y medio ambiente.

El diputado Gaspar Rivas explica: “Mi proyecto no imposibilita votar Rechazo. Por el contrario, la opción de rechazar la Constitución la une indisolublemente a la obligación de tener que reformar la Constitución del 80 de manera profunda. El objetivo es que no nos quedemos con la que tenemos porque en el plebiscito del 25 de octubre quedó claro”.

Y añade: “Mi proyecto otorga una alternativa para quien ve una Convención radical, extrema y exagerada. Asimismo, satisface a todos quienes buscan profunda reformas porque asegura que la Constitución no seguirá como está”.

Rivas quien no es integrante de la Comisión de Constitución de la Cámara, cuenta que no ha tenido la oportunidad de conversar con Karol Cariola (PC), su presidenta, para explorar la posibilidad de que lo ponga en tabla. Admite que no sabe si estará dispuesta, pero que siempre es bueno ver posibilidades.

Quien sí se refiere al respecto es el diputado de Republicanos e integrante de la Comisión de Constitución, Luis Fernando Sánchez. Es categórico: «No voy a estar de acuerdo con ningún proyecto que impida la posibilidad del rechazo y que divida los votos contra el mal proyecto de la Convención. Cuál sea la definición que se tome debe considerar que lo que prime sea una mayoría, y si la mayoría está contra el proyecto de la Convención, independiente del apellido que se le ponga, entonces ese proyecto no puede aprobarse”.

En cambio, para la Presidenta de la Bancada del Partido de la Gente, Yovana Ahumada, lo que hace Rivas es “anticiparse a un eventual rechazo porque la gente hoy no está contenta con el trabajo de la Convención”.

“La alternativa es dar una opción a que no nos quedemos de brazos cruzados ante un rechazo que no es lo que se merece la gente, sino que una segunda opción que es no aceptar lo que entrega la Convención, pero dar la opción de generar algo nuevo legislando. Y eso se puede hacer en trabajo con los diputados y con el gobierno haciendo propuestas de ley”, concluye.

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