*Hombre de una familia destacada, su padre fue Arturo Alessandri Palma, dos veces Presidente de la República: entre 1920 y 1925 y luego entre 1932 y 1938.
*Tenía un gran interés por los asuntos públicos, los temas económicos y sociales del país, más que por las meras teorías o la actividad política y partidista.
*Fue la principal figura política de la derecha en la segunda mitad del siglo, que triunfó en la elección presidencial de 1958, pero fue derrotado en su intento de volver a La Moneda en 1970.
I. Trayectoria política
Jorge Alessandri Rodríguez nació el 19 de mayo de 1896 y fue miembro de una de las familias más destacadas en la vida política chilena del siglo XX. Su padre, Arturo Alessandri Palma –casado con Rosa Ester Rodríguez Velasco–, llegó dos veces a la Presidencia de la República, entre 1920 y 1925 y luego desde 1932 a 1938: “La vida política de mi padre me ha acarreado serias dificultades a través de toda mi vida”, recordó Jorge dos años antes de morir.
Jorge Alessandri estudió en el Instituto Nacional y posteriormente Ingeniería en la Universidad de Chile. Siempre fue un estudiante destacado, en buena medida por su inteligencia y capacidad de estudio, pero también por el efecto de la familia, muy exigente en términos intelectuales. Muchos de sus hermanos fueron destacados profesionales en diferentes áreas: Arturo, uno de los abogados más importantes del país y profesor en la Universidad de Chile; Fernando, abogado, senador y candidato presidencial en 1946; Hernán, destacado médico; Rosa Ester, casada con el empresario Arturo Matte Larraín, quien fue candidato presidencial en 1952; Eduardo, abogado, que fue diputado y senador; Marta, casada con el médico Arturo Scroggie; finalmente Mario, médico. Una anécdota contada por el propio Jorge resume bien la importancia de los estudios en la casa: “Yo aprendí a leer y a escribir junto con mi hermano Arturo. Estuvimos en el colegio en el kindergarten, y en las preparatorias del Instituto Nacional, juntos. Pero cuando llegó el momento de pasar al primer año mi padre me dijo que no pasaba, que repetía [de curso], no obstante que había sacado tres coloradas que había en ese tiempo [las mejores notas] y me dijo que él no quería rivalidades entre sus hijos. Partía de la base que sus hijos debían ser los primeros de la clase como había sido él, y que dos [en el mismo curso] iba a ser un conflicto permanente”.
Ejerció desde joven su actividad profesional en diversas empresas, pero sin duda su actividad más importante fue el trabajo en la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (la Papelera), empresa que llegó a presidir. También fue Presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la mayor entidad empresarial del país. Sin embargo, lo que llevó a ser una figura histórica relevante fue la actividad política. Jorge inició tempranamente su carrera, cuando se presentó a las primeras elecciones parlamentarias bajo la Constitución de 1925 y fue elegido diputado. Ejerció el cargo por poco tiempo, porque después partió al exilio con su familia tras la instauración del gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931).
Algunos años después, Alessandri fue designado ministro de Hacienda en el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952), cargo que ejerció entre agosto de 1947 y febrero de 1950, con el objetivo principal de reducir la inflación, tema que pasaría a ser una de sus preocupaciones públicas principales. La inflación era el “mal endémico de Chile”, como lo llamó Mario Góngora, que hacía perder poder adquisitivo a los asalariados y se transformaba en un gran problema para la economía de las familias. Además, Alessandri rechazaba el envío de proyectos de ley sin el correspondiente financiamiento, lo que afectaba finalmente las cifras del gasto del Estado.
En 1957, los partidos Liberal y Conservador le pidieron a Alessandri que se presentara como candidato a senador por Santiago, ofrecimiento que el ingeniero rechazó, en parte porque pensaba que no tenía “arrastre electoral”. Finalmente asumió el desafío, en una elección muy competitiva y de gran proyección futura, pues también participó el falangista Eduardo Frei Montalva. Este último obtuvo la primera mayoría –54.945 votos, y la lista tuvo 61.148–, pero la votación total de los candidatos de la derecha le permitió elegir a dos representantes en la Cámara Alta: Alessandri y Bernardo Larraín, cuya lista logró 96.700 sufragios (41.912 el futuro Presidente de la República y 24.931 Larraín).
El momento culminante llegó en la elección presidencial de 1958, cuando Alessandri representó a fuerzas independientes y de derecha, en unos comicios a cinco bandas, en los que competían el socialista Salvador Allende, el democratacristiano Eduardo Frei, el radical Luis Bossay y Antonio Zamorano, conocido como el cura de Catapilco. Como solía ocurrir en esos tiempos, ningún candidato obtuvo la mayoría absoluta, pero Alessandri logró la primera mayoría relativa, con 389.909 votos (31,56%), seguido por Allende, con 356.493 sufragios (28,85%), Frei recibió el respaldo de 255.769 ciudadanos (20,70%), votaron por Bossay 192.077 personas (15,55%), en tanto Zamorano recibió 41.304 sufragios (3,34%).
Alessandri, a quien lo llamaron “El Paleta”, repitió una frase que aparecía en sus afiches – idea tomada de los Estados Unidos – con un mensaje potente: “A usted lo necesito”, decía apelando al respaldo popular.
II. Claves de gobierno
Jorge Alessandri gobernó desde el 3 de noviembre de 1959 a la misma fecha de 1964.Al asumir como Presidente de la República, Chile era un país que había cambiado en diferentes aspectos.
En materia política, en 1956 se formó el Frente de Acción Popular (FRAP), que incluía al Partido Comunista y al Partido Socialista. Por otra parte, dos años después el PC regresó a la legalidad, tras la derogación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia. En el plano social, también había cambios importantes, derivados de la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT), combativa organización liderada por Clotario Blest; a ello se sumaba el comienzo de las tomas de terrenos. Se vivía un ambiente de crisis, que ese mismo año Jorge Ahumada reflejó en su libro En vez de la miseria y un año más tarde refrendó Aníbal Pinto en su obra Chile, un caso de desarrollo frustrado. Como síntesis, las expectativas de la población eran bastante más altas de lo que los gobiernos eran capaces de satisfacer y el sentimiento de crisis comenzaba a extenderse en diferentes sectores del país.
La situación económica era un tema fundamental para el presidente Alessandri. En 1955 hizo un notable análisis sobre la realidad nacional, en un año en que se produjo la inflación más alta desde 1932, cuando llegó al 80%, en la mitad del segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. En diciembre de 1958, apenas un mes después de haber llegado a La Moneda, el presidente Alessandri realizó una importante presentación sobre la situación económica de Chile: “El nuevo Gobierno ha iniciado sus funciones en momentos en que existe una notoria e importante desocupación que lleva la miseria y el dolor a muchos hogares chilenos”.
En cuanto a su concepto y sentido del gobierno, Alessandri reiteró su compromiso por “un gobierno auténticamente nacional”, con una concertación de esfuerzos que permitieran solucionar de manera urgente algunos problemas que enfrentaba el país. Esto hacía necesario incorporar a personas del mundo político y de la actividad privada a participar en la solución de “los negocios públicos”. El Presidente estimaba necesario mantener una constante relación con las directivas gremiales, tener una visión clara sobre sus problemas y contribuir a que las condiciones de vida de los empleados y obreros fueran las adecuadas. Se manifestó convencido de que sería posible “encauzar el restablecimiento del país y vigorizar nuestra democracia robusteciendo con criterio moderno a los partidos políticos mediante la participación responsable que en la cosa pública corresponde a hombres cuyo concurso es necesario para el progreso y engrandecimiento de Chile”.
En este esquema aparecía el tema de la austeridad, que no era una decisión en tiempos de “vacas flacas” o un mero ahorro de recursos, sino que expresaba más bien un principio de gestión pública. Sobre el particular, estimaba que Chile y sus autoridades no estaban tomando las decisiones adecuadas, por lo cual el país requería cambios relevantes –como planteó años antes de llegar a La Moneda– en problemas como “el aumento exorbitante de los gastos públicos”, “la anarquía en materia de previsión”, “las zozobras que acarrea la inflación” y otros. “El nuevo gobierno considera que su labor fundamental es esforzarse en corregir” esos aspectos negativos del país, afirmó Alessandri poco después de asumir el cargo.
El terremoto del domingo 22 de mayo de 1960, que afectó principalmente a la ciudad de Valdivia. Sin duda, fue un hito central durante el gobierno, que debió concentrar parte importante de sus energías en el trabajo y de los recursos del Estado. Alessandri se trasladó rápidamente a las zonas más devastadas, desde Concepción al sur, y se manifestó conmovido con la situación. Además de la destrucción material, hubo miles de muertos, desaparecidos y heridos. Adicionalmente, esto significó aumentar el gasto estatal y subir la inflación, que había estado muy controlada en los primeros años de gobierno, en buena medida producto del congelamiento de los salarios y de que se produjo un control al gasto público. En 1960 la inflación llegó al 5,4%, una cifra bajísima en aquellos años, y luego subió a 9,6% en 1961 y a 27,7 en 1962.
En esos años se produjeron importantes cambios en la situación internacional. Sin duda un hecho trascendental fue el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que modificó el mapa geopolítico de la región, lo que implicó una dimensión específica de la Guerra Fría en América Latina. En este tema la Organización de Estados Americanos (OEA) formuló una condena contra el régimen de Fidel Castro, con el voto favorable de Chile. Asimismo, adquirió importancia la Alianza para el Progreso, promovida con decisión por los Estados Unidos, y que para Chile implicó comenzar, bajo el gobierno de Alessandri un proceso acotado de reforma agraria (que por lo mismo sus detractores la llamaron “reforma de macetero”). En realidad, para entonces existía una demanda por cambios en el mundo del campo, que se tradujeron en ideas que aparecían de manera transversal en los partidos políticos, e incluso en la Iglesia Católica. El Mercurio anunció que la entrada en vigor de la ley 15.020 sobre Reforma Agraria “adquirirá un sentido histórico para nuestro país”. Sin embargo, no advirtió que el camino que seguiría Chile en ese plano sería cada vez más radicalizado e históricamente ilustrativo del tiempo histórico.
Otro factor importante fue la independencia política del gobernante, que no tenía militancia política. Sin embargo, desde un principio contó con el respaldo de los partidos Conservador y Liberal, que experimentaron una fase decreciente en su apoyo popular, que culminaría en forma dramática en 1965. En las elecciones parlamentarias de 1961 esas colectividades bajaron su representación en las cámaras: los conservadores obtuvieron el 14,8% y 17 diputados y por primera vez fueron superados por la Democracia Cristiana, en tanto los liberales también experimentaron una baja a 16,6%, con 28 diputados (de 30 que tenían previamente). Al perder el tercio de la Cámara de Diputados –lo que implicaba perder el poder de veto del Presidente–, Alessandri debió modificar el diseño del gobierno, que pasó de una fórmula “alessandrista” y técnica hacia una que requería ampliar la base de sustentación política de la administración: para ello sumó al Partido Radical en 1961.
Los cambios también afectaron a la Iglesia Católica. El presidente Alessandri estuvo muy interesado respecto de la persona que asumiría como sucesor del cardenal José María Caro, arzobispo de Santiago. Mantuvo constantes comunicaciones con sus embajadores ante la Santa Sede, en tanto los sectores políticos estaban interesados en influir para lograr que alguien afín resultara nombrado. Finalmente, en 1961 fue designado Raúl Silva Henríquez como arzobispo de Santiago, que pasaría a ser una de las figuras eclesiásticas más relevantes de Chile en el siglo XX. Todo ello se daba en un contexto en que algunos sectores eclesiásticos promovían reformas sociales en el país, como lo manifestó una carta pastoral de los obispos de Chile. Otros, en tanto, pensaba que incluso era sumarse a “la revolución”, que parecía inminente, para cristianizarla.
Cuando el gobierno casi llegaba a su término, el presidente Alessandri propuso una reforma constitucional, que buscaba producir un cambio en algunos de los problemas institucionales más relevantes. El tema ha sido ampliamente tratado por Sergio Carrasco, en un interesante trabajo.
III. El alessandrismo
En 1964 era posible que Alessandri, de haber habido derecho de reelección, hubiera sido elegido para un nuevo período, considerando que gozaba de una importante popularidad. Era un Chile muy distinto al que vendría, como ilustran un ejemplo anecdótico y una reflexión histórica de fondo. En el primer caso, se trata de un Presidente que muchas veces se iba caminando a La Moneda, desde su departamento de la calle Phillips, al lado de la Plaza de Armas. En el ámbito histórico, la figura de Alessandri precedió a la era de las revoluciones, que se entronizaron en Chile entre 1964 y 1973, en un camino político distinto y que significó grandes contradicciones para la democracia.
En cuanto a su liderazgo político, no cabe duda de que Alessandri se convirtió en la figura más relevante de la derecha antes de 1973. Por lo mismo, se desarrolló entonces un sentimiento que podríamos llamar “alessandrismo”, que era la adhesión personal a Jorge Alessandri, pero también a su estilo político, a lo que representaban sus ideas y valores, y a la convicción que tenían amplios sectores del país respecto de quién debía gobernar y con qué estilo.
Apenas Alessandri dejó La Moneda, se inició una campaña cuyo lema indica todo: “Alessandri volverá”. El objetivo era que fuera candidato en 1970 y luego gobernara una vez más en Chile. En esto se conjugaban varias cosas. Desde luego, el alessandrismo, el prestigio personal de Alessandri y su liderazgo superior a cualquier otro dentro de la derecha. En otras palabras, bastaba que él lo decidiera para que fuera el abanderado de un amplio arco de independiente y de las fuerzas políticas organizadas de la derecha. En segundo lugar, cierta preferencia de la derecha de figuras relevantes, sobre los partidos, en una definición política casi mesiánica, con preferencia por los independiente, pues la derecha esperaba a una figura que fuera capaz de encarnar un programa, pero sobre todo que tuviera un liderazgo amplio. Además influía que Alessandri se había retirado con una importante popularidad en 1964 y todavía contaba con un reconocimiento valioso en la sociedad chilena.
En 1970 se levantaron tres candidaturas presidenciales. Una fue, precisamente, de Alessandri. La otra era de Radomiro Tomic, que representaba a la Democracia Cristiana, y si bien era la continuidad del gobierno, él mismo era crítico con la administración Frei. Finalmente, Salvador Allende, en su cuarta candidatura, como líder de la Unidad Popular, agrupación que tenía como bases principales a los partidos Socialista y Comunista (el antiguo Frente de Acción Popular, FRAP), además del Radical, el MAPU, Acción Popular Independiente (API) y el Social Demócrata.
Finalmente, Alessandri no obtuvo la primera mayoría, sino que solo llegó al 34,9%, con 1.031.150 sufragios, frente al 36,2% de Allende, que fue apoyado por 1.070.334 ciudadanos. Radomiro Tomic llegó tercero, con el 27,8% y solo 821.801 votos. Podrían haberse intentado fórmulas alternativas a la elección de Allende: por ejemplo, elegir a Alessandri, considerando que la Constitución permitía que el Congreso Pleno eligiera a cualquiera de las dos primeras mayorías relativas si ningún candidato hubiera obtenido la mayoría absoluta, como era el caso. Había una segunda oportunidad, que también se discutió: que el Congreso Pleno optara por Alessandri y que este renunciara. Se convocaría a una nueva elección, en la cual se supone que triunfaría Eduardo Frei. Nada de eso funcionó: Alessandri señaló que no se prestaba “para cuchufletas”. Finalmente, fue elegido Salvador Allende, previa aceptación de un Estatuto de Garantías Constitucionales. Así se inició el gobierno de la Unidad Popular.
Tiempo después le comentó a Jaime Guzmán que se resistió a esa segunda candidatura presidencial, e incluso pidió a sus médicos un certificado de salud, agregando: “he tenido varias crisis depresivas muy grandes, así es que tenía razones más que suficientes para no querer aceptar”. No hubo caso y asumió dicha postulación en 1970.
IV. Los últimos años, la muerte y el legado
Tras el 11 de septiembre de 1973, Alessandri prosiguió su vida normal, en la actividad privada, como presidente de la Compañía Manufactura de Papeles y Cartones. Pese a ello, siguió teniendo alguna presencia pública. De esta manera, asistió al Te Deum pocos días después de la intervención militar, como lo hicieron también Gabriel González Videla y Eduardo Frei Montalva.
Más importante todavía, cuando se creó el Consejo de Estado se incorporó como ex Presi-dente de la República, y asumió como presidente de la instancia, que estuvo encargada de asesorar al Presidente de la República en diversas materias y que también estudiaba una nueva Constitución para Chile. El órgano realizó una gran labor, que se encuentra explicada en el estudio de Enrique Brahm, Andrés Irarrázaval y Jaime Arancibia. Su labor fue amplia, referida a temas diversos y que constituyeron un aporte a la discusión del gobierno. Sin embargo, había una diferencia importante entre la comprensión que tenía el Ejecutivo de la función del Consejo de Estado de aquella que suponía Jorge Alessandri. En la práctica, el exgobernante pensaba que su función era constituyente más que asesora, en tanto el gobierno contaba con la labor del Consejo, con la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución y se reservaba el derecho a cambiar normas, introducir criterios y avanzar en una dirección incluso distinta a la estimada por dichas instituciones.
A Jorge Alessandri no le gustó la Constitución en su conjunto –de hecho quería que hubiera reformas más que una nueva Carta Fundamental– y tampoco la fórmula de transición a la democracia. En la práctica, esto lo llevó a renunciar al Consejo de Estado antes del plebiscito, aunque mantuvo dicha renuncia en forma reservada, para no afectar el proceso. Tras la consulta del 11 de septiembre, Alessandri se retiró definitivamente de la vida política. Tras eso tuvo solo unas pocas apariciones, como aquella entrevista con Jaime Guzmán, ante un grupo de personas que se había sumado al nuevo proyecto de la Unión Demócrata Inde-pendiente, nacido en 1983. En esa ocasión se refirió a su visión sobre un tema central: “al Estado le corresponde orientar la economía y evitar que las actividades económicas particulares abusen. Por eso sostengo que el Estado no debe renunciar jamás a estas facultades que le corresponden como algo imperioso en bien de la comunidad”; en otra parte de su intervención aseguró que “al Estado le corresponde un papel fundamental en la economía”. En la misma ocasión afirmó que “el gobierno de Pinochet, que empezó a abolir toda intervención del Estado en la economía”. El general Pinochet y Jorge Alessandri se vieron en agosto de 1985, en el departamento de calle Phillips, donde conversaron unos veinte minutos.
Jorge Alessandri falleció el domingo 31 de agosto de 1986, pocos meses después de cumplir los 90 años de vida. El gobierno decretó duelo nacional y rápidamente cundieron los análisis sobre su vida pública. Curiosamente, las circunstancias del funeral fueron bastante distintas a lo que se podría haber esperado por la relevancia histórica de Alessandri. Pese a ello, fue el propio exgobernante quien así lo dispuso: pidió tener un funeral privado, que no fuera fotografiada su urna (“sobria, pero elegante”) y no quería periodistas cerca. A su vez, renunciaba a todos los honores que le correspondían, porque nunca había buscado los honores. Por lo mismo, lo acompañaron al Cementerio General unas pocas personas: Alfredo Egaña, secretario municipal de Santiago, el chofer que había trasladado a don Jorge, un sepulturero y el alcalde de Santiago, Carlos Bombal, quien lo recuerda de traje azul y corbata. A ellos se sumó Arturo Alessandri Besa.
Con Jorge Alessandri Rodríguez se fue una época de la historia de Chile, aunque la tradición familiar y el apellido Alessandri seguirían presentes en la vida pública del país.
