Este país se enfermó por considerar invariablemente lo que le faltaba sin pensar en lo que tiene y se embarcó en una refundación a partir del principio de la retroexcavadora que de mantenerse, terminará definitivamente con todo aquello que lo identificaba como Nación libre e independiente, quedando sometida a los dictados de una disparidad de posiciones y chillidos de los llamados “colectivos”, dispersión múltiple de partidos políticos, e independientes, muchos de todos ellos sin sustento de principios de bien común sino más bien movidos por un populismo ideológico que colabora con la izquierda en su plan de obtención del poder total.
El trasfondo de nuestra historia política reciente no demuestra preocupación por los problemas de la gente, por cuanto no es compatible con la obsesión por hacerse de ese ansiado poder político total fundado en una narrativa soberbia y falta de responsabilidad, que justifica excesos sin sanción representada en último término por la validación de violencia, a lo que se suma la incapacidad de la autoridad para sostener y defender los principios de un Estado de Derecho por los cuales juró respetar la Constitución y las leyes.
La misma Constitución por la que se jugó el ex Presidente Lagos quien expresó a la hora de la firma de su modificación, que por fin se tenía una Carta Fundamental sostenida por principios democráticos.
La izquierda, para la consecución de ese poder político total estigmatizó la Carta Fundamental, recayendo sobre ella la desventura de haber tenido en su origen una “dictadura” y en su contenido la garantía del respeto por la democracia a partir de la entrega del poder político a las instituciones del Estado que representan la vida civil, día desde el cual se puso término al gobierno militar por propia iniciativa de este último.
Desde ese día la izquierda fortaleció la perseverante y tenaz tarea de trabajar para “tomarse” el poder, todo bajo un predicamento y disciplina ejemplar que no conoce ni ha conocido nunca la derecha, cual es unirse en torno un objetivo común. Es una toma de poder ya no por las armas como en el pasado sino más bien a través de una campaña de concientización popular con énfasis en el control de la educación, para mostrar los beneficios de una libertad manejada por la izquierda cuyo final es el conocido “totalitarismo”.
Por 30 años, desde el término del gobierno militar con su entrega del país a la democracia, Chile cambio definitivamente su rostro frente al mundo. No es un misterio que la izquierda, en su propósito totalitarista, supo con paciencia avanzar aprovechando los errores que sostenidamente cometían y siguen cometiendo sus contrincantes quienes, en su pelea mezquina y desleal por conquistar espacios de poder político y económico, se han ido hundiendo inconscientemente en una hoguera de vanidades, con resultados de todos conocidos y lo que es peor, parecen hoy no haber aprendido bien la lección.
En su cruzada, la izquierda vuelve su mirada contra el empresariado, el que sorprendió por su exitoso aporte a la renombrada mundialmente transformación de este país en una zona de desarrollo, modernización y mejoramiento de la calidad de vida de los chilenos, con un crecimiento económico singular a cargo de profesionales bien preparados denominados “la élite”, a los cuales el empresariado, no sin razón, entregó su reconocimiento retribuyéndolo en debida forma por su labor.
Sin embargo, esa élite, tal vez por una errónea percepción sustentada en la vanidosa creencia de que ellos merecían lo que obtenían por su “mérito”, no parecen haber reparado en que esa retribución no supo alcanzar, en muchos casos, a quienes habiendo participado de este exitoso logro sintieron no haber recibido lo esperado por su aporte, frente a lo cual la izquierda muy atenta al curso de los acontecimientos enarboló su bien trabajada y perversa bandera de lucha contra la “desigualdad”, en pos de una igualdad que aun cuando en términos absolutos no existe como tal, logró vestirla de instrumento de discordia, discriminación y fomento de odio aprovechando los errores de sus contrincantes y así ir logrando su objetivo: el poder.
Es cierto que la compensación casi nunca es reconocida como suficiente en el ámbito laboral, siempre queda una aspiración no satisfecha respecto de la cual no me voy a detener ni un minuto en una reflexión más profunda sobre la materia. Sólo vale decir, como está a la vista, que moros y cristianos en el ámbito político, del empresariado y las comunicaciones se sumaron sin más a la caza del aprovechamiento interesado de las oportunidades que tal bonanza otorgaba a la vida social. Para que lo sepan los que no lo saben y lo recuerden los que lo han olvidado, todos tenemos culpas para bien o para mal en el desarrollo de los procesos políticos y sociales y el que diga lo contrario o no lo reconozca es un hipócrita.
Con todo y como una contribución para la reflexión sobre la materia, que es tarea en conciencia de cada uno, puedo decir que la igualdad forzada por razones interesadas y efectistas se confunde con la equidad, conceptos que si bien son relacionados no son sinónimos. La igualdad no existe en términos absolutos como se dice antes, sin perjuicio de que reconozcamos que todos debemos tener como consecuencia de ella los mismos derechos, oportunidades y también responsabilidades, pero es en definitiva la equidad la que reconoce entre las personas sus diferencias, circunstancias y condiciones personales y sociales en las que la igualdad debe acomodarse para su justa aplicación. En definitiva, la igualdad está supeditada a las características específicas y singulares de cada persona que siendo sujetos de las mismas oportunidades no necesariamente acceden o disfrutan de ellas en la misma forma.
No hay nada nuevo en recordar que no se ha conocido aún aporte alguno de la izquierda en la consecución del bienestar social como tampoco en el desarrollo económico, en ningún lugar en donde ha estado y está hoy, ni menos respecto a principios morales, culturales de igualdad y equidad. Ésta simplemente vio y ve, como siempre lo hace, en las frustraciones humanas la oportunidad para crear un odio sublime entre quienes se sintieron postergados por los “explotadores”, alentando en los primeros la participación en una rebelión que jamás tuvo ni ha tenido como fin satisfacer las carencias de los frustrados sino mantenerlas, instrumentalizando a los segundos por sus errores como herramientas de inequidad para la obtención de su objetivo cual es el control del aludido poder político.
En nuestro país, la coronación de esta hábil jugada para toma del poder político total, estuvo sin lugar a dudas en haber logrado el control de la Convención Constitucional integrada por quienes en su mayoría se mofaron del país, a un costo monetario altísimo para todos los chilenos y que entre la ingenuidad de algunos y la ignorancia de otros urdió su plan de “refundación de Chile”, desconociendo todo principio de autoridad como también valores republicanos y de todo orden, en donde los constituyentes pusieron todo sobre la parrilla para dejar lugar a concesiones intrascendentes que les permitieron disfrazar de democrático un acto totalitario en que no hubo espacio para mociones y descargos de disidentes con un procedimiento altanero y de abierto desprecio por los principios democráticos que priman en países libres y civilizados, validando, como se dice antes, a tal efecto el uso de la violencia.
Ejemplos de lo anterior se apreciaron claramente cuando en su propuesta de nueva Constitución se sobrepasó el derecho a la vida promoviendo el llamado aborto libre, argumentando en su favor el “derecho humano” de libre disposición del “cuerpo”, como si las portadoras de la vida humana fueran dueñas de la vida del que está por nacer, haciendo sentir con esta falacia que es válido asesinarlos impunemente. Es una pretensión tan espuria, como ilegítima y a todas luces producto del irrestricto propósito totalitario que animó siempre el curso del manejo de la Convención, que pretendió pasar por encima del derecho a la vida.
También, por nombrar algunos excesos, se pasó por encima del derecho de propiedad, el derecho a la libre educación de los hijos por sus padres y el respeto de las instituciones de la República con la abolición del Senado para llevar al Legislativo a un sistema unicameral, con todo hoy muy boicoteado por 24 partidos políticos lo que hace un imposible su operación sensata en aras de legislar por el interés del bien común, por decir lo menos, y a su turno transformar la judicatura en un tribunal popular terminando con el Poder Judicial el cual, dicho sea de paso, sufre hoy un desprestigio cuyo giro advierte el profesor Peña en una opinión en el diario El Mercurio de 25 de diciembre, a propósito de la participación de este en el Estado de Derecho, en que señala que …»las decisiones no se adoptan ni en base a la subjetividad, ni a la luz de una ideología, sino discerniendo lo que las reglas dicen».
Quedó así al descubierto definitivamente, el valor estratégico del caballo de Troya de la izquierda cual fue la Convención Constitucional al servicio de su escalada para consumar no sólo la obtención del poder político total, sino también para dar el zarpazo final al agónico sistema de ahorro popular (AFP), uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico del país, sacando del control de los ahorrantes el manejo de sus fondos personales, a fin de traspasarlos a manos del Estado cuyo uso y abuso es conocido por la historia de nuestro país.
El “totalitarismo”, lamentable referente de la actual administración, se localizó en las fuentes de producción del país y sus organizaciones gremiales, corriente política que no conoce ni ha conoció jamás otra cosa que de odios, tergiversaciones y acomodos interesados de la realidad para aparentar soluciones a problemas de equidad que aparecen, entre otros, como desmedidas propuestas de cierre de conflictos laborales, lo que lejos de desembocar en soluciones permanentes llevan al pueblo chileno, indefectiblemente a la verdadera miseria social que conoció a manos de la otrora UP, pese a que ésta sostuvo siempre que tenía especial preocupación por su bienestar, el que nunca llegó.
También se incluyó en esta andanada liderada por la Convención, el control de la educación pública básica y media de este país. Los presidentes del gremio de profesores adscritos al Partido Comunista han trabajado eficientemente en una interesada concientización de los niños y jóvenes de Chile, que a no dudar son el pilar básico de la grandeza de un país en cualquier lugar del orbe, para moverlos en torno al totalitarismo contestatario de desastrosos resultados visibles claramente hoy, todo esto ayudado por una deficiente política educacional a través de los diversos gobiernos de nuestro país que los incluye a todos sin excepción, mal remunerada, académicamente de mala calidad que se ha sostenido por la renuencia de su gremio a someterse a procesos de calificación que puedan medir su desempeño.
Por último, vayan unas palabras por la tremenda inquietud que genera la prensa y las redes sociales en todo este entuerto. Salvo contadas excepciones, unas y otras han concentrado su tarea informativa en coadyuvar a la izquierda en la consumación de la toma del poder total a que me he referido, tratando de alejar siempre de los paneles de discusión la difusión responsable de los pro y contras de la realidad nacional, todo lo cual se desarrolla en un tono más de farándula y liviandad que no es capaz de crear opinión ilustrada sobre la materia.
Escasea la integración de personas serias que puedan dar paso a un análisis desapasionado de los hechos contingentes, que permita entregar a la población datos objetivos de las materias de interés nacional a fin de informarla debidamente acerca de lo que ocurre en beneficio de la toma de decisiones informadas y más aún, escasea promover que lo anterior desarrolle y motive a los más jóvenes que son el Chile del futuro para tomar conciencia seria de lo que les compete como ciudadanos libres del país.
La prensa y las redes sociales más bien aparecen cargadas de posturas de quienes persiguen el mencionado objetivo de toma de poder político total, transformándose, salvo excepciones, en un control de facto de las conciencias populares que se traduce en distorsión, vulgaridad y excesos que no ayudan ni contribuyen a la serenidad de un juicio razonable sino más bien a la descomposición que hoy se vive sin freno alguno en nuestro país en el ya desprestigiado ámbito político y social en que parece ser que “todo vale”.
También se ha sentido cierta ausencia de la Iglesia como la guía de su feligresía frente a situaciones en que se ha esperado un pronunciamiento apostólico más oportuno en torno a la verdad, habida consideración de las realidades y cambios de vida y hábitos en la juventud y en general en el ámbito social, que proyecte con mayor convicción la palabra de Jesús para hacerla más atractiva de incorporar como parte de la vida espiritual de la feligresía. Veo sí, con esperanza cierta, a través de la irrupción de nuestro Cardenal y Arzobispo Fernando Chomali como líder de la Iglesia, un cambio de timón que muestra un trabajo de recomposición de tal aporte espiritual, tan necesario para los creyentes como también para todos los que quieran oír, que devuelva la fuerza de la importancia de la presencia de Jesús en los actos de hombres y mujeres de Chile que haga sentir una señal de sensatez y pacificación en la vida comunitaria.
Puede usted, estimado lector, estar o no de acuerdo con este brevísimo resumen de fin de año acerca de nuestra realidad, pero es lo que se percibe de los hechos objetivos en donde el gobierno con su carácter contestatario y promotor de una política dispersa e incoherente a ratos de parte del Presidente y su grupo gobernante, en los hechos ha demostrado desprolijidad y una fuerte tendencia a obtener el poder total a que me he referido varias veces, sustentado por un equivocado propósito mesiánico dogmático, sostenido por un discurso o narrativa, como se dice hoy, libertino más que libertario que, finalmente no convence, salvo a sus seguidores que, movidos por actitudes más de cultura confesional y de intereses económicos, creen estar en lo correcto pese a que el pueblo de Chile por un 62% les ha dicho no estar de acuerdo con ellos (plebiscito contrario a la refundación de Chile).
Hoy Chile vive una catarsis, desahogo de las personas que experimentan individual o colectivamente sentimientos que se encuentran reprimidos en su interior para cuyo alivio parece necesario recurrir a movimientos contestatarios de profundos cambios socioculturales como serian hoy el progresismo, la ideología woke y el feminismo por nombrar algunos, tal vez como para echar fuera frustraciones que conduzcan a soluciones de cambio del orden social que al final del día agravan la convivencia social por actitudes extremistas que lejos de causar sosiego generan más agitación.
Desde un punto de vista filosófico Aristóteles, consideraba la catarsis “como un proceso purificador del alma humana que, a través del miedo y la compasión, generaba un torbellino de sensaciones a nivel espiritual”, que despierta en el espectador su representación en una tragedia.
El aforismo popular dice que después de la catarsis viene la sofrosine. En visita a los medios de redes sociales se puede constatar al respecto que: “En la mitología griega, Sofrosina (Sofrosine o Sophrosyne, del griego) era la personificación de la moderación, la discreción y el autocontrol. Su equivalente romano era Sobrietas (sobriedad) que no son atributos que hoy imperan en dichos medios, pero a los cuales debe aspirarse en aras a recuperar la sensatez y los principios de la verdadera democracia animada por la búsqueda del bien común.
El resultado final es el constante debilitamiento en la recuperación de nuestro sentido de nación defendida por el 62% de sus ciudadanos que no quieren mayoritariamente más el “todo vale”. Espero que tanto el gobierno y los políticos se enmarquen en la razonabilidad y sentido común para reconstruir aquello que ha servido al desarrollo de Chile como pionero de Latinoamérica, sobre la base de los principios de bien común que sustenta la democracia ya que de no ser así terminaremos “más temprano que tarde” en un enfrentamiento de duras y tristes consecuencias.
Lo anterior exige ciertamente un acto de generosidad y comprensión que morigere las diferencias por la obtención de aquellos espacios políticos de poder que, hoy parecen más un negocio jugoso de descansada dedicación con un buen sueldo más gastos, por sobre la preocupación de aquellos intereses de la gente.
El “…enfoque tecnocrático de la política hace oídos sordos al malestar de las personas que se sienten abandonadas por la evolución económica y la cultura…”, como acertadamente señala el profesor y filósofo Michael J. Sandel en su libro “La Tiranía del Mérito”. Agrega el profesor Sandel que estas frustraciones que no han sido atendidas con una respuesta convincente por los partidos políticos los cuales según sostiene: “si alguna esperanza tienen esos partidos de recuperar el apoyo popular, esta pasa necesariamente por que se replanteen su misión y su sentido”. Concluye que “esta reflexión debería empezar por el reconocimiento de que esos agravios no son sólo económicos, sino también morales y culturales; de que no tienen que ver únicamente con los salariaos y los puestos de trabajo, sino que atañen asimismo a la estima social”.
En resumen, pareciera oportuno considerar en este fin de año, la lección que deja la catarsis por la cual atraviesa Chile con el fantasma de su pretendida refundación y desmedidos apetitos de representación política populista. La tarea es entonces unir fuerzas en la próxima elección presidencial y parlamentaria en torno a obtener, antes que nada, el asiento en La Moneda y el Congreso, siendo un error contumaz la entronización de las desavenencias en el sector opositor que demostró, en la última elección de alcaldes y gobernadores, que las elecciones se pierden indefectiblemente si tal error se consuma nuevamente.
