Un tiempo tomé clases de salsa. No, no se emocionen, no recuerdo mucho. Hace como dos meses en un matrimonio me pisaron (en el mal sentido) y todavía tengo una uña de la patita, morada. Pero en mis mejores momentos era capaz de encontrar mi camino en el caos de brazos y tacos al ritmo de aquella que presta nombre a esta columna.
Estos días en que la decisión respecto de la nueva Constitución se acerca, han sido de caos, pero no de brazos y tacos, sino que de definiciones e intenciones. A ratos se ha sentido un poco como “¡Mami! ¡Papi! ¡No peleen!”. Y… los niños siempre somos lo que sufrimos.
Es posible que como dicen algunos, haya que desdramatizar esta decisión, que en realidad la gran decisión Chile ya la tomó el 4-S. Es posible y ojalá sea así, aunque pienso que para eso es un poco tarde, ya estamos en esto con nuestro 62% sobre la mesa, apostado y mirando la bolita girar.
Les confieso que estoy enredada frente a esta coreografía cuyos pasos me son ajenos y con el consabido temor a equivocarme porque siempre pienso que las consecuencias para Chile pueden ser un poco peores que una uña morada. Es complejo porque soy capaz de entender ambas posturas y por lo mismo en esta columna no haremos eso del “en contra shaming”, ni decirles que votan igual que los comunistas ni que son extremos, ni nada de eso. Primero, no son argumentos y segundo, son innecesariamente ofensivos hacia gente que nos consta, está bien inspirada.
Además, los entiendo porque yo también tengo rabia. Tengo toda la rabia de, como se dice en progre, haber sido invisibilizada y jamás reconocida desde el 2019 en adelante. Era tan obvio lo que pretendían, el descalabro y la decadencia que vendría y nos ridiculizaron y marginaron y de eso, nadie en toda la política semi razonable ha hecho un mea culpa. Por el contrario, han profundizado la soberbia del diagnóstico incorrecto. Hoy, no resiste análisis que la izquierda con total desparpajo diga que la Constitución vigente en realidad no es tan mala o que derechamente nos vuelvan a amenazar con otro súper espontáneo estashido.
Tengo rabia con la derecha por no considerar lo que sus votantes esperan de ellos, no una si no dos veces como si el aplauso de la izquierda valiera para ellos mucho más. Tengo rabia, nivel dibujaría monos obscenos en el voto. Tengo rabia porque a nadie parece importarle los problemas de Chile. Tengo rabia porque todo pudo ser mejor y no fue. Tengo rabia porque la izquierda refundacional que asola occidente es seca pa’ las comunicaciones y los nuestros son pasmaítos.
Tengo rabia y los entiendo.
Sin embargo, sé que votar con rabia, puede que no sea lo mejor para Chile. Porque me da la impresión de que nuestra Constitución vigente con sus nuevos quórum para la modificación no es la red de seguridad que otrora fue y no tengo motivos para no creerle a aquellos que cándidamente anunciaron que seguirán sin importar qué, esta vez en el Congreso buscando la Constitución que sí les va a gustar. Y esa es la cosa, yo creo que es el quid del asunto; ni usted ni yo abrimos el tema constitucional. Los dueños de este baile son otros y ya sabemos cómo es la Constitución que les gusta. Por eso decidieron estar en contra el 8 de mayo, todo el resto ha sido una (muy mala) actuación. Entonces ¿hasta cuándo estaremos en este baile de máscaras en que nadie sincera las cosas? ¿Cómo se detiene a un matón que nos amenaza con estallidos o que en lugar de contestar honestamente trata viperinamente de insinuar que hay tesis subyacentes en la más esperable de las preguntas? Bueno, se le deja de dar bola, se le deja de celebrar y se les gana, las veces que sea necesario, al menos las suficientes para que la oposición entienda y se empodere, porque a los matones no se les entrega la oreja, se les frena.
Quiero creer que tras cuatro años de este calvario, ya nadie puede creer que las constituciones son una alfombra mágica que nos llevará con mono y todo (no peludo, estoy pensando en Aladino) al primer mundo. Ni de cerca son ni tienen por qué ser la casa de todos, eso es una tontera completa. No va por ahí la cosa y tampoco, dadas las circunstancias, podemos llorar por el ideal que ya no fue. Es triste, pero en realidad nadie espera nada de esta ni ninguna otra Constitución. Me parece a mí que hoy por hoy y por cuma y surrealista que suene, estamos en la mitad de un proceso constitucional que de constitucional tiene re poco y de político tiene todo. Y dado que el voto es dicotómico y no viene con un “justifique su respuesta”, si gana el “En contra”, será un triunfo para el gobierno y una derrota para la oposición y punto. Un triunfo moral, una brisa de aire fresco que además los deja con una Constitución a la que le pueden entrar, generales o no, total, la memoria frenteamplista es frágil y acomodadiza. Aquí alguien podría decir que vamoh a calmarnoh, que si la derecha gana las próximas elecciones de aquí al final de los tiempos, capaz los que modifican hasta los quórum son de este lao. Puede, claro, pero los hemos visto destruir tanto siendo minoría que me parecería una apuesta arriesgada.
Además, tenemos que reconocer que la izquierda nos gana en la batalla comunicacional y cultural todavía. Son disciplinados y ruidosos y eso lo debiéramos ya haber aprendido en las últimas elecciones. Pa’l plebiscito de entrada, con voto voluntario, locura pandémica y campaña del terror, nos tuvieron agarrados de la oreja con el famoso mandato del 80%.
Ahora, la derecha también ha llevado con todo agrado agüita a su molino post elecciones, o no nos dijeron que el 62% entero rechazó para una nueva Constitución. No sé ah, pero ellos tampoco porque no les interesó preguntar (inserte rabia)
Se los digo, no somos los ciudadanos los que interpretamos los resultados y los reclamos, a la FIFA.
Honestamente no sé lo que es mejor, solo puedo hacer lo que hemos hecho desde el principio de esta pesadilla; informarnos, escuchar todas las voces y los argumentos a favor y en contra con la mente abierta. Lo que he visto, me parece razonablemente bueno.
Sigo tratando de encontrar mi ritmo pero hoy, dado que lo que está en juego es político y se trata ni más ni menos que de darle aire al octubrismo o salvar los triunfos del 4-S y el 7-M, me inclino por el a favor, aunque como en la canción, yo no sé mañana.
K-Sandra
