“Viejito Pascuero:

Me he portado demasiado bien, salvo un par de días, pero nadie se dio cuenta porque usé lentes de sol.

Te pido que tengamos nueva Constitución con mi firma y que el Congreso deje correr la lista y salga la fiscal que la Anto y yo queremos. 

Si no me traes lo que te pido, será porque no te interesa ni la seguridad ni la felicidad de Latinoamérica. 

Saludos

G.”

No sé si le habrá llegado la carta de S.E. al Viejito Pascuero, lo que sí sé es que este Gobierno una vez más ha logrado convertir algo que no debiera ser tema en un calvario.

Este asunto del Fiscal Nacional ya es agotador. Hasta hace poco, en un Chile menos “despierto”, la mayoría de nosotros ni se enteraba de este proceso. Pero hoy no solo nos enteramos, además debemos padecer un espectáculo muy poco navideño en que el gobierno propone a alguien que sabe no tendrá los votos, se victimiza antes y después, y alega sobre la politización de la política como si no fuera todo, especialmente su actuar, un acto político. Aquello de tomar de rehén la seguridad de los chilenos con fines políticos es algo que este gobierno lleva nueve meses haciendo. No, corrijo; llevan toda su carrera política haciendo. 

Es bastante obvio que la estrategia es proponer nombres y esperar que corra la lista hasta que salga alguien en particular, pero ¿en serio les parece que este horno está para ese pan de pascua? Porque culpar al Congreso, a la deresha malévola, a la prensa, al mercurio retrógrado, a la ola de calor, etc., todo eso tiene fecha de vencimiento. 

Peligrosa estrategia, porque ya sabemos que la seguridad no les interesa realmente, sino sólo como moneda de cambio que darle a la gente (que les salimos muy fachitos) por las transformaciones profundas que sus corazones anhelan. Chile ya dejó de creer. 

Como estoy llena de Navidad (los envidiosos dirán que de cola de mono) no los voy a molestar más hoy, mis arbolitos. Después de todo yo también creí en las promesas de regalos de un hombre de barba y vestimenta cuestionable. Lo superé a los 9 años sosi.

Amo la Navidad, principalmente porque tuve la fortuna de tener adultos que entendían la importancia de armarnos de recuerdos felices y de las cosas importantes (que rara vez, son efectivamente, cosas). Recuerdo a mi papá gritándole al cielo “Viejito Pascuero, mis niñitos se han portado bien” y yo les juro que veía el trineo. En mi defensa, mi papá era un actorazo. Mi mamá como siempre, en una operación ninja, hacía que todo funcionara a la perfección. 

El aroma del cola de mono, las galletas que nos traía el tata del extinto café colonia (eran una maravilla, manden la receta por favor), armar el arbolito, los villancicos, escribir la cartita, los cuentos, estar todos juntos y, sin ánimo de dividir a un país ya dividido, revivir la atávica discrepancia entre quienes apoyan la fruta confitada y los que no. Todos recuerdos lindos que agradezco siempre porque al suspender los adultos su adultez para recrear algo parecido a la magia, me dejaron un colchón de felicidad en el cual caer cuando la vida se ha puesto difícil.  

Espero que ustedes y sus familias se llenen de recuerdos felices.  Espero que los que trabajan cuidándonos sepan que muchos estamos y siempre hemos estado agradecidos y orgullosos de ustedes. Espero y deseo que seamos nuestro propio Viejito Pascuero y que el Chile que volvió a respirar este año siga llenándose de amor propio, que sigamos en el camino de los ciudadanos, respetuosos de la historia y vigilantes del futuro de su país.

A todos, ¡Feliz Navidad!  

K-Sandra

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