Estados Unidos se pintó de rojo con el triunfo aplastante de Donald Trump. Recordemos que por esas astucias de la historia los republicanos allá son colorados y por eso decimos que el mapa electoral se pintó de ese color, llevándose pa’ la casa el colegio electoral, el voto popular (que cayó como rocoto allí), el Senado y parece que también la house de representantes. Parece porque siguen contando.
Como un balde de agua fría para la progresía de izquierdas y derechas cayó esta noticia, porque resulta que el odio irracional a Trump los une bastante. Antes, sinceremos que, si yo quisiera aparecer ante ustedes como una mujer inteligente, sofisticada, culta, educada, necesariamente tendría que decir que me carga Trump. Idealmente poner cara de asco y hacer arcadas. Digo, es menester pa’ validarse. Pero, puchas, no. No me sale, debo ser aún muy rustica, pero me pasa que siempre he preferido la autenticidad, la realidad y la verdad a las formas y encantamientos. Siempre me he inclinado más por la genuina arrogancia que por la falsa modestia, incluso. Qué les puedo decir… mal hecha que es uno. Pero ok, entiendo que Trump es difícil. Que tiene esta cosa de gorila en cristalería y que, tiene pinta de que, si uno lo invita a comer ostras, las saca todas de la concha y les pone kétchup… no es mi figura mejor lograda, pero os ruego, paciencia. Yo lo encuentro hasta divertido a veces, pero bueno, no voy a exponerme más de esta manera. No vaya a ser que la gente muy muy inteligente y sofisticada cache que no lo soy tanto.
Ya, pero tratemos de ayudar a la progresía a entender cómo es que esta figura monstruosa les voló todo lo que es anhelos, aspiraciones y esperanzas. Cómo recórcholis es que este cheeto nazi de cabello imposible conectó tan bien la ciudadanía toda. Porque están super perdidos, desconsolados, devastados, diríamos incluso. Y ¿qué hace uno cuando se siente así? Saca su camarita y se graba llorando, suspende las clases para elaborar el duelo y declara que se va ipsofácticamente del país. Porque uno no puede compartir país con gente tan abyecta, con basura miserable, racista, misógina, nazi, etc… ¿ven ya pa dónde voy? Sí poh, mis queridos lectores, quién se hubiera podido imaginar que insultar a los electores era una mala estrategia de campaña. Chan. Y siguen ah, o sea el redneckeo, equivalente a nuestro fachopobreo, ha sido intenso. Alta vibra a nuestro 4 de septiembre de 2022, siono. Siguen diciéndoles tontos, ignorantes y llorando por la democracia que les sacó la ñoña porque les gusta cuando ganan no más.
Pero vamos por parte, primero, tendríamos que decir que el Partido Demócrata se frenteamplizó en los últimos años. Y es que cuando decimos que el wokeísmo es una peste global, esto es 100% cierto. Y es que, parafraseando al don George (Orwell) hay ideas tan absurdas que sólo un intelectual está dispuesto a creerlas y esa es justamente la bombita que el wokeísmo detonó en el corazón de la academia, la cultura y la prensa de occidente. Desde luego con un subtexto neomarxista, pero pa’ que nos vamos a poner tan jodidos. Quedémonos en la cultura que lo permeó todo. Y así tenemos ahora una generación completa que no sabe si es hombre, mujer, ave de corral, furry (métanle Google, es atroz) o mono de supermercado; que no sabe cómo relacionarse porque toda masculinidad es tóxica; que no sabe sobreponerse a las adversidades porque todo aquello que pueda causarles la más mínima aflicción debe ser cancelado y destruido, que vive jugando al bingo perverso de la interseccionalidad. Hablarás como te digamos, leerás lo que aprobemos, te reirás… ah no, perdón, no te reirás nunca más porque el humor es ofensivo, lo cancelaremos y sólo dejaremos humoristas predicadores que aplaudirás como foca ebria, renunciarás a la realidad, a tus padres y a tu historia y odiarás a tu propio país. Los mandamientos de la progresía, no sé, me dan como ganas de cantar el fascista eres tú.
Ya, pero ese diagnóstico lo hemos hecho, capaz no en inglés, pero lo hemos hecho antes, ¿qué pasó ahora? Varias cosas; y esto lo puedo decir más bonito, pero no más claro; primero el buche, después la poesía. Otseah, no me vengas con tus progresías cuando todo está más caro, más inseguro, la vida no es mejor, estamos llenos de inmigrantes ilegales, tengo que bancarme un señor de dos metros, gordo y peludo vestido de niñita en el baño de mujeres porque si no, me cancelan. No poh. We are giles until noon no más. Y es que, además, el alma estadounidense, no de las élites, no de las costas, lo que con desprecio llaman «el Estados Unidos profundo», ese está muy anclado en el apego a su Constitución, su historia y los valores judeocristianos sobre los que se anclan, ese ha sido basureado, ninguneado y acorralado por el wokeísmo hasta el cansancio. Literal. Y se cansaron de ser «nice» y aguantar leseras. Por eso no importó que celebridades tontonas y que se han hecho famosas por elegir consistentemente mal al atracamante de turno, les vinieran a decir por quién votar. Dale, háblame de política y costo de la vida desde una de tus mansiones o tu jet privado. Chita, así hasta yo sería progre. (No, tranqui).
Pero no fueron sólo las celebridades, el desfile de gente linda, llena de títulos y de la prensa que trataron de darle palatabilidad a Kamala es eterna. Claro que recurrieron a dos estrategias; insultar, denigrar a los electores, o derechamente mentir. Sacaron a Charlottesville, donde según ellos Trump dijo que había gente buena a ambos lados refiriéndose a supremacistas blancos, cosa que ha sido factcheckeado hasta por fact checkers de izquierda y en el video completo dice «no me refiero a los supremacistas». Otra buena fue la de Project 2025 que según ellos era casi que el programa de gobierno de Trump, pese a que tanto él como su VP dijeron que no estaban ni ahí y no lo habían leído.
Ah, pero uno no les puede creer, porque son mentirosos, porque no creen en las instituciones y por el golpe de Estado del 6 de enero… y en este punto, me perdonarán la falta de empatía, pero como sudamericana me cuesta un poco creer eso. O sea, fue feo que un montón de dementes se metieran al Capitolio, horrible, eso estuvo mal, pero de ahí a que una de las democracias más robustas de occidente haya peligrado, me parece un brinco. Joe Biden sí llegó al poder, y le ocultaron al mundo su deterioro, cosa que sí me parece atentatoria para una democracia y el mundo, digo, el hombre se pierde en un escenario y se le confiaron los códigos nucleares. Ya, pero pa’ que me voy a poner tan jodida. Pero, en resumen, a nosotros nos quemaron el país por semanas y casi que sí nos derrocan un Presidente democráticamente elegido. Es diferente.
Kamala Harris era muy mala candidata, pero muy mala, en serio, busquen videos de sus entrevistas. Y no me vengan con cosas, cuando podía ser más honesta estaba por la censura y la fijación de precios. Y no me vayan a decir que don Xi o don Putin la iban a respetar un poquito, cero. En cambio, Trump, cambió el equipo, se llenó de gente joven y les habló especialmente a ellos. Incorporó a demócratas cansados de la locura woke y se expuso a entrevistas y hasta a intentos de asesinato. En algún sentido hizo algo parecido a Milei y de ese mismo modo, este es un triunfo cultural, incluso antes que político. Porque nadie tendrá la audacia de decirme que Donald Trump es un gran doctrinario conservador. No amiguites, respiren en una bolsita y bájenle al Handsmaid’s tale. Figúrense que el muy misógino ya nombró a una mujer bacán como jefe de gabinete. Calma.
Esta pitonisa piensa que si Estados Unidos mata al wokeísmo, capaz occidente tiene una chance. Capaz volvemos a una versión de occidente en que la realidad tiene un rol, en que los semi normales podemos vivir en paz, con libertad y genuina tolerancia. Capaz por fin el mundo le dice al wokeísmo, Trump you.
K-Sandra
