Con la reciente visita de Shakira vinieron a mí recuerdos y estrofas de todo tipo. Si es cuestión de confesar, mi Shakira favorita es la del disco “Donde están los ladrones”. CD que me acompañó en dejar atrás la infancia y transitar hacia la adolescencia, como está tratando de hacer ahora el FA. Ellos, sin éxito. Mi favorita era Inevitable porque me gustaba esa intensidad del desamor en esta Shakira de cabellos inmensos, negros y de laringe imposible. Había una oscuridad ahí, para la que mis Barbies no me habían preparado. Y había una cosa muy genuina. Luego vino una Shakira más internacional, la “loba”, que perdió para mi gusto algo de esa oscuridad, era una Shakira más festiva, más “oreja” y que te habla más idiomas de Irina (¡aww! La echo de menos un poco, sabí) Lo que he encontrado siempre un poco terrible es que la Shakira más exitosa sea siempre la que tiene el corazón roto, onda, Shakira feliz, es un poco blah, pero la Shakira despechada, ¡pppfff! Esa llora y factura como nadie.

Bueno, mal ojo tiene mi amiga, o sea, es cierto que está mala la cosa, corren tiempos difíciles para encontrar el amor, pero comparen las canciones que le escribió a De la Rúa con la insípida “Me enamoré” que le escribió a Piqué… no hay que ser pitonisa pa cachar que, amiga, ahí no era. Pero bueno, el ojo comercial de Shakira es algo que nadie puede negar; no sólo sabe crear canciones infecciosas, pero como piojo en jardín de infantes, además es seca pa’ conectar con nuestro cerebro más primitivo. Como la canción con la que hizo pebre a Piqué, un exitazo. Aunque, debo confesar que, a mí, no me gusta mucho porque apela a un despecho feministoide de ego herido y súper mujer que a mí no me llena, porque al final, ¡por la chita! No importa cuán Rolex se crea uno, a veces te van a cambiar por un Casio… o capaz tú eres el Casio y no sabes.

Como que nunca he entendido muy bien aquello de que las relaciones se cuidan solas, las elecciones no importan porque pa’ eso tenemos nuestro ego, robusto para abrigarnos y reconfortarnos en la noche. Rollo mío. Sin embargo, fíjense que me la sé. De memoria y contra mi voluntad, porque fue himno y coro obligado durante fácil un año. Y tranqui, no soy tan latera como para mandarme esta disquisición en los carretes, la canto no más y trato de ser normal, como todo adulto funcional, reservo el sermón para amigos cercanos y lectores. (bechito)

Ustedes, inocentes, se preguntarán, “¿por qué está persona estimó pertinente mandarse una disertación sobre Shakira en una columna de sátira política?”, ya me los conozco. Y tendrían toda la razón. Es que el calvario de la exsenadora Isabel Allende me ha tenido toda la semana cantando “los Allende lloran y los Allende facturan”. Porque perdónenme, la pasión pre-Semana Santa de la muy socialista Isabel Allende a través de su discurso de despedida del Congreso por todo aquello de la destitución por parte del TC a raíz de la venta de la casa de su papi, me pareció bastante grotesco.

Permítanme un extracto para vuestro deleite dominical: «Como han señalado mis abogados estamos frente a un fallo que vulnera principios elementales de justicia, proporcionalidad y sentido democrático». Y siguió: «Reconozco que como parlamentaria debí haber tenido presente el Artículo 60, no rehúyo mi responsabilidad, pero no soy abogada. Jamás he tenido contrato alguno con el Estado ni nunca he tenido una empresa y ante todo actué confiando en la institucionalidad».

Nos llamó a la reflexión:»¿Se imaginan ustedes que habría puesto en riesgo más de 30 años de servicio público si hubiese tenido conciencia de estar infringiendo una norma constitucional? ¿Alguien cree que hubiera actuado con dolo sabiendo que ponía en juego mi historia y dignidad política? Confié plenamente en los órganos encargados que llevaban adelante la adquisición de la casa familiar». Ni mi ex se atrevió a tanto. Y ya que estábamos ahí: “Nunca he usado mi cargo para obtener un beneficio personal, la cuestionada compraventa tenía un fin público impulsado por el Gobierno». Y la chef le pone esta guindita a la torta: “Esto es una enorme injusticia en un caso donde se ha aplicado erróneamente la ley».

Listo, lo dejamos hasta acá, a disfrutar nuestro domingo. En serio, no tengo palabras, o capaz tengo demasiadas, ¿se dan cuenta de lo que nos dice la señora Allende? Básicamente que no somos todos iguales ante la ley, que no estaba preparada para realizar un trabajo muy bien remunerado durante 30 años y que, sin conocer la ley, debemos creerle que actuó de buena fe. Primero, no sé ustedes, pero yo aprendí en el colegio que la ley se presume conocida por todos, por lo que la fe con la que se actuó (no me provoquen de nuevo con este tema porque me detono) es completamente irrelevante. Es también irrelevante la trayectoria, el nombre, el apellido, y la afiliación política. En todo caso, no es por guanearle la onda a la exsenadora, pero todo aquello de los falsos exonerados y las contribuciones por la segunda vivienda, se ven un poquito peor bajo esta luz.

Levante la mano el que no quiera recibir un millón de dólares… sinceremos un poquito la payasá. Las excusas, los rencores por los tinterillos pencas, la buena fe, todo eso palidece ante la expectativa muy real de recibir su palito verde y estuvieron ahí, lo rozaron con los dedos.

Esta pitonisa está muy cansada del lloriqueo y las predicas del socialismo tan democrático hasta que un fallo no les gusta. De este descaro de derechamente pedir una justicia diferente para la Gente Como Uno, un trato preferencial para parientes amigos y recomendados. Podrida también estoy de esta casta que de lado y lado parece cuidarse y quererse mucho, claro, porque la cuenta la pagamos nosotros, este mes, por lo demás. No tengo empatía para ustedes y les recomendaría escuchar con más atención a la “Loba”, porque no se puede hacer ambas cosas, entendieron mal, era “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Aunque en el caso de mis políticos, yo preferiría que no hicieran ni lo uno, ni lo otro y déjense de leseras, no todas pueden ser lobas.

K-Sandra

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