“Si alguna vez, en el futuro lejano, se nos recuerda a los Cariola, Jackson, Vallejo y Boric como hoy se recuerda a Aylwin, Frei, Tomic y Fuentealba, sin lugar a duda habremos cumplido nuestro cometido”.
Ahí tení. Na’ de leseras. Era un miércoles común y corriente, pero tras esta belleza de declaración, no sé ustedes, yo me tuve que sentar.
Desde luego nuestro Presidente dijo muchas más cosas al presentar el monumento que celebra la vida y legado del Presidente Aylwin. Pero, si bien el resto no debe haber agradado a sus amigos y probablemente le hubiera provocado urticaria al Boric 2016, nada retrata como esta frase a nuestro Presidente.
Dos cosas me parece que son las más llamativas. La primera es el impactante narcisismo progre, woke, neo, post lo que sea, digámosle como queramos. Y eso es un fenómeno global. El ego se ha vuelto la medida de todas las cosas. Pero el ego entendido de la manera más frívola y sensiblera posible.
El ego autoindulgente, miope ante el fracaso propio y que permite verse siempre como adolescente. Un ego que parece creer que a todos debiera importar lo que sentían y sienten, sobre todos los temas. Un ego que pasa del histrionismo apasionado a un desapego turístico dependiendo del sentir identitario del momento. El ego, frívolo, pulsátil y expuesto como un nervio, permanentemente doliente, gritón y puritano de ya varias generaciones de seres humanos, ha vuelto a Occidente una caricatura de sí mismo que cada vez resulta más difícil tomar en serio.
Aterrizando (de guata) en nuestro Chile, S.E. se permite entender un homenaje a don Patricio Aylwin como una oportunidad para pasar la historia del homenajeado y de Chile por el cedazo de su propio ego. Y desde luego incluye a sus amiguis, un ramillete cuyo capital político se ha desplomado en los últimos meses.
Lo segundo que llama la atención es la habilidad de su S.E. para ser un espejo. Hace tiempo que escuchamos a políticos mayores, de vasta trayectoria, referirse al Presidente de una manera que no se condice con los ya 8 meses de evidencia que tenemos a la vista. Todos, miran al horizonte y revelan haber tenido momentos epifánicos a su lado, en que tuvieron la certeza de ser comprendidos como nunca antes.
Desde luego tras estos momentos de conexión profunda y fraterna surge en sus corazones la convicción respecto de la naturaleza socialdemócrata de Boric.
Pero, si uno sigue escuchando con atención, rápidamente se da cuenta de que en realidad el Presidente tiene un talento especial para decirle a la gente lo que ellos mismos piensan. Algo parecido a lo que hacen algunos adivinos, brujos y toda suerte de chamanes al descubrir qué es lo que el consultante quiere escuchar. Normalmente, algo que le haga su cariñito al ego también. O sea, obvio que todas fuimos Cleopatra y no otra en alguna encarnación pasada. Siempre Cleopatra, nunca inCleopatra.
Dicho de otro modo, S.E. nunca queda mal con nadie, a todos les dice que sí, pero nunca cuándo. Esto no significa que no tenga una agenda. ¿Convicciones? Sí, puede que sí. Pero todas supeditadas a un mandato: pasar a la historia.
¿Cómo? Parece que ni él lo sabe. Pero algo se nos ocurrirá. Su firmita en la nueva Constitución, “la Constitución de Boric” debe sonarle a gloria. Y lo veremos poniéndole todas las fichas a eso.
Al final del día y más allá de los memes, el contraste entre la sobriedad, humildad y dignidad del homenajeado que ejerció una política de adultos y la frivolidad y narcisismo de un acomodadizo de redes sociales devenido en político, resulta conmovedor. Para el uno queda el reconocimiento hasta de sus adversarios y la historia. Para el otro, aún no sabemos. Pero no sé, hijito, yo me concentraría en llegar al 2023 con dos dígitos de aprobación.
¿Qué tan malo es para Chile tener un presidente que se ame tanto? ¿Que tenga esta autopercepción de figura histórica en el horno?
Depende. De qué esté dispuesto a sacrificar, postergar y omitir en pos de ese afán. Ya una vez abandonó a su partido para sumarse a una foto histórica un 15 de noviembre. Muchos vieron en este gesto a un demócrata. Lo siento, yo vi un germen de personalismo. Sin duda esa fue una apuesta exitosa, pero como muchos apostadores no saben, llega un momento en que hay que retirarse ganando antes de perderlo todo y eso le está pasando a nuestro novel mandatario.
Porque Chile ya nota que la mirada de amor del Presidente es a sí mismo y no a nosotros. Lo que está claro, para la vida y a la hora de votar, Chile, recordémoslo para la próxima, es que hay que quedarse con quien te mire, como Boric se mira a sí mismo.
