-¿Cómo va Chile?
-No sé distinguir las cuentas parodia de las oficiales
Sí, ese sería como un buen resumen. A ratos cuesta entender todo lo que está pasando y uno queda un poco como Mafalda, pidiendo que paren la payasá pa’bajarse. Se acerca el quinto aniversario del 18-O y se hace más evidente que nunca, que el octubrismo zombie, como en toda buena película que uno ve para jalogüin, está ahí, listo pa’ saltarnos, o aparecer en el espejo, o que sé sho.
Se acercan también las elecciones municipales y de gobernadores y etc., pero, me van a perdonar, no calientan a nadie. Las encuestas dicen que la estupenda y jipi estrategia de la derecha de dejar que todo fluya, pero agarrándose del moño, confiando en que el paupérrimo desempeño de este gobierno haga el resto, es exactamente tan exitosa como cualquiera podría haber anticipado.
Después del eructo de moralina y envidia por el sueldo de Cubillos, volvemos a la dura realidad del caso Hermosilla, la aparente putrefacción del Poder Judicial, esta vez a caballo de otro viejo (para estos tiempos) caso, que ya casi quedaba en el olvido; el caso convenios. Es como si los guionistas celestiales ya no tuvieran más ideas. Se los digo que en cualquier momento se viene un episodio onírico y/o musical. En fin, se mandan este crossover de casos y pa’más, nos traen de vuelta un personaje, favorito de chicos, chicas y chiques, sí, ella, la mismísima exexniprimeranidama, la que nos dejó un dialecto y momentos notables; Irina Karamanos.
No sé si voy a ser capaz de desenmarañar el moño de vieja de este caso, por lo que sugiero consultar la parte seria de El Líbero para mayor detalle. Pero parece que Irina le hizo unas transferencias a la inefable fundación Procultura, esa del polímata de nuestros tiempos, Alberto Larraín. El psiquiatra, amigo del presi (no caeré en la talla fácil) que además es pintor de brocha gorda, flaca, paisajista, artista y por cinco luquitas más, te vacuna a la abuelita, el perro, el gato y el ferret. Fabuloso, te digo, ni Da Vinci. Bien, se supone que nuestra protagonista, le trabajó a Procultura, pero le habría realizado unos abonos, fíjate que justo pa’la campaña presidencial. Yo no sé ustedes, yo al menos jamás le he transferido a un empleador. Bueno, la cosa es que Irina dijo que no, na’que ver, roteques, como se les ocurre que ella iba a hacer algo tan de medio pelo y clase media. Atroh. Cabe destacar que lo dijo en castellano, no en karamanés. Y ¡pah! Que la abogada de Procultura la desmiente, onda en la misma tarde. Dijo que Irina realizó las devoluciones para evitar cuestionamientos… alto fracaso. Por otra parte, resulta que el fiscal que estaba investigado el caso y que iba a citar a queen Irina, Palma, fue removido del cargo por una vuelta larguísima de filtraciones ligadas al caso Hermosilla. Y fíjate, qué curioso, el nuevo fiscal, Cooper, ha estado muy ocupado. Porque todos sabemos que los únicos casos de investigación y resolución express en Chile son aquellos que involucran a Carabineros. Saludos, fiscal Chong.
Por supuesto, y aquí es donde cuesta distinguir la parodia de la vida real, salió a defender a nuestra bella Irina, su ex, Boric, Gabriel. Bien, esperable, después de todo Irina, estuvo dispuesta a ser fotografiada en mitad de apasionados y espontáneos ósculos e incluso lo rescató de un tobogán… lealtad, ante todo. Claro que se mandó las típicas frases vacías, del tipo, caiga quien caiga, aleccionó a la PDI para que no aceptaran presiones de nadie y repasó a la oposición por atreverse a levantar la temblorosa vocecita con un “cuando alguien se siente pillado, trata de empatar”, en alusión nuevamente al sueldo de Marcela Cubillos. La clásica cancelación acusando intentos de empate frente a dos casos tan parecidos como un elefante y un frasco de mermelada. Boric siendo Boric. Lo realmente maravilloso, paródico, y en toda honestidad, molesto, para mí (si la vida es sátira, de qué escribe uno) fue lo de Catalina Pérez. Sí, la misma. Harto menos leal con sus ex, se despachó “debe investigarse hasta las ultimas consecuencias”. Tres veces revisé que no fuera la cuenta parodia… ¡no era! Es cierto, aun no recupera del todo sus colores (amiga, bronzer, poquito) pero la personalidad, intacta.
La investigación está en el frigorífico, como tantas otras y es por eso que no podemos más que usar harto condicional. Sin embargo, queda esa sensación incomoda como la de la proverbial piedra en el zapato, de que algo está mal, pero muy mal en la fiscalía. Y en todo ámbito. O sea, me da la impresión de que muchos en la oposición, se han acostumbrado al doble rasero de la izquierda y frente a eso, han elegido adoptar el mismo lenguaje, bajar las orejitas y andar saltones y de puritanos por la vida. Siempre pidiendo perdón de manera anticipada. Con una suerte de timidez que en la izquierda no conocen ni de nombre. Es la única manera de entender el espectáculo, a estas alturas triste de la centroderecha con sus acusaciones constitucionales fallidas y el permanente esfuerzo de Evópoli por subirse al pony arcoíris mágico de la superioridad moral, dejando, siempre el patético montaje de una derecha dividida que es incapaz de dejar de lado sus diferencias y mañitas para ofrecerle un proyecto de gobierno a Chile.
Muchos insisten en comparar a republicanos con Apruebo Dignidad, en esa cómoda y flojita idea de “los extremos se encuentran”. Dale. Pero a mí al menos Evópoli me parece idéntico al FA. O sea, no sólo porque sus cúpulas salieron de los mismos colegios, tienen la misma calle que una pantufla y si bien los unos entienden más de economía que los otros, tiene el mismo adanismo, la misma soberbia y el mismo puritanismo mas propio de los adolescentes que de los adultos.
Es difícil hacer política así. Eso sí, el FA amplio entiende mejor el juego del poder, hay que reconocerlo. Mientras RN se encuentra, tras décadas de un pésimo casting, con un vacío intelectual y doctrinario tan profundo que cuando hay que pensar un poquito más fuerte, se giran a Evópoli. Y la UDI… no, ya no sé qué piensa la UDI.
El resumen es una centroderecha que no entiende el momento histórico que estamos enfrentando y menos entiende al adversario que tiene al frente. Desestiman la batalla cultural porque no la entienden y es ahí donde parten perdiendo, porque su diagnóstico es incorrecto. Arrogantes y sin dar muchas muestras de inteligencia o valentía, creen que es suficiente un pésimo gobierno de izquierda para ganar. No lo es. Y peor, ganar sin un proyecto propio y sólido puede incluso ser peor. Frente a casos como el de los convenios, Hermosilla, etc., parecen siempre dispuestos a expresar un complejo moral que su contraparte compensa con una avasalladora personalidad. Les pegan dos gritos y ahí quedan, corriendo en círculos y peleando entre ellos. Nadie parece haberles dicho que la política no es para ángeles, sonrosados de timidez.
Esta pitonisa piensa que al final, la desolación y el agobio que sentimos, esta sensación de no poder dejar atrás al octubrismo y la estela de caos, corrupción y decadencia institucional que dejó tiene todo que ver, no sólo con este gobierno, si no especialmente con la timidez y torpeza de la oposición. En este caso, nada tendrá de seducción sino todo de reclamo; me salieron bastante tímidos.
