-“Entiendo que había un animal con pañuelo…perro era o no?
-“Jamás me pareció divertido, es muy vejatorio y lo mío siempre han sido más las poleras de asesinatos”.
-“¿Las tesis? Noo, violentas. Nunca la canté”
Ni San Peter negó tanto a nuestro Señor como la coalición que nos gobierna ha negado a su sacrosanto octubrismo por estos días. Y es que tras los brutales asesinatos de tres carabineros en Cañete hemos visto los impactantes manotazos de ahogado de este gobierno octubrista, dispuestos a entregar incluso a su ídolo dorado en su desesperación. Mi favorito, ese humorista involuntario que es el diputado Winter, intentando una explicación sociológica de la figura del marginado a través del Negro matapacos (sic). Ah, pero luego matizó y dijo que todos frente a la amenaza de nuestras vidas debiéramos disparar a matar… te lo juro. Me imagino que ahora pedirá que lo adopten en la familia Kaiser.
Pero más allá del quilombo retorico al que nos tienen acostumbrados y de poner cara de aflicción, en buen chileno ¿amojonaron algo?
No, no mucho. La verdad es que ante el clamor popular que ha hecho correr en círculos a la política, nos vemos enfrentados a un escenario más honesto por fin. Más allá incluso de los detalles, de las RUF, de amnistías y justicias militares y nuevos ministerios, que se discuten por estos días, lo que vemos aquí es la confrontación de dos modelos de sociedad distintos ¡y chita que son distintos!
Recordemos en qué se basa el modelo de ellos. Bueno, son los mandamientos de todo progre de Occidente; su país es el peor país del mundo, las policías y uniformados en general deben ser refundados, desfinanciados, etc. porque son una fuerza fascista y represiva que siempre busca la impunidad, no son sujetos de derecho y si me apuran, humanos, así como humanos, no tanto. Sólo es bajo esa cosmovisión que se entiende todo lo que vimos desde el 2019 y por qué convirtieron en ícono a ese pobre perrito, con ese explícito nombre. El mundo se entiende en una suerte de pesaje permanente en que siempre, pero siempre hay un opresor y un oprimido. Y quizás este es el punto más importante; los luchadores, aquellos supuestamente maltratados por la sociedad siempre serán para ellos las verdaderas víctimas. Si son criminales o no, es irrelevante. Esta moralina atraviesa todo lo que sienten y hacen, e incluso, aquello que no hacen ¿O no estuvo la yegua de las RUF echaíta un año? Digo, vocera, nadie la quería chicotear tanto, pero, una despertadita…
¿Debiéramos esperar que en materia de seguridad este gobierno logre algo razonable, incluso ahora con la nueva minuta antioctubrista que logró el difícil trabajo de unirnos en su reprobación? No poh, nada.
Esta pitonisa piensa que hoy más que nunca la distancia entre la realidad, el sentido común de las mayorías y el dogma de la coalición que nos gobierna es demasiado grande. Es una brecha moral que no pueden saltar, porque una cosa es negar todas las reliquias del octubrismo y otra bien distinta es renunciar a su fe. Haríamos bien en recordarlo, más allá de lo que digan, porque a través de sus actos y omisiones dicen mucho, pero mucho más fuerte, lo que callan los octubristas.
