Cuando tenía como 4 años, en la playa, había un pozo seco. De esos cuyas paredes son de piedra, esa típica piedra de las construcciones del litoral central. Por cierto, hoy me parece ridículo, porque no se imaginen que era profundo, pero en ese momento era para mí una caverna. Me gustaba que mi papá me bajara para sentirme exploradora y después con un puro brazo me subía. Era perfecto. Hasta que un día cuando le pedí que me subiera, me dijo que no.
«¡Súbemeeeee poh!»
Debo admitir que cuando chica era medio choriza. Ahora soy más alta.
«No. Tú puedes salir sola».
«¡No puedoooooo!»
Y no me subió, aunque grité, hice pucheros, amenacé y un largo etc. un poco bochornoso. Parecía frenteamplista cuando perdió el Apruebo.
«Yo te voy a decir cómo salir y vas a salir sola».
«Me voy a caer».
«No te caigas. Yo no te voy a sacar siempre».
Vuelta otro rato al alegato, llanto sin lágrimas, todo mi repertorio. Pero él no me sacó. En cambio, me fue diciendo dónde poner cada patita y cada mano hasta que me trepé pa’ fuera y lo vi de frente. Yo incrédula de mi capacidad y bien orgullosa, salí.
«De nuevo», y me mandó pa’ abajo.
Y otra vez las indicaciones y ¡salí! Así unas dos veces más. Yo me sentía una acróbata, imaginando un futuro de aventuras con el Cirque du Soleil. En la última bajada me dice «nos vemos en la casa». Y se fue… ¡se fue de verdad!
«¿Qué? ¿¡Pero cómo salgooooo?!»
«Ya sabes cómo».
Y después de un ataque de histeria apanicada en su versión infantil, efectivamente, repitiendo las indicaciones, salí y corrí a la casa. Él estaba de pie mirando hacia el pozo, con las manos atrás, serio, como sólo mi papá era capaz de ponerse serio, y cuando me acerqué, saltando y gritando leseras (choriza, casi cuma. Gracias papitos por socializarme) miró al suelo riéndose, negando con la cabeza, con una expresión que todavía no entiendo bien, pero echo mucho de menos.
No sé si les ha pasado últimamente, pero me he sentido un poco en el fondo de un pozo, entre los errores de cálculo del exministro Grau, su defensa cerrada y sectaria por parte de la oposición, las colaciones dignas de estrellas Michelin y con precio ad hoc de la Junaeb, la aversión al triunfo de Chile Vamos, las clases de química a cielo abierto del distinguido alumnado del Instituto Nacional y el descaro de los cuadros del gobierno anterior. Yo pa’ donde miro veo piedras, pesadas y lisas, difíciles de mover, difíciles de escalar.
Igual no seamos mal pensados, ese gran pichanguero que es el ministro Grau, es además un viajero en el tiempo que usó para sus cálculos, el precio del dólar del año 2001. Mal pensados. El hombre si es algo, es un optimista. En todo caso, tiene mucha suerte y los amigos y familiares correctos aparentemente, porque Chile Vamos sigue mostrándonos el camino de la superioridad moral rechazando ex ante, cualquier acusación constitucional. Tanta bondad. Y bueno, se han escondido harto en el trauma de las acusaciones injustas en Piñera II, que sería el equivalente a resolver un aumento en los apuñalamientos con arma blanca, prohibiendo los cuchillos de cocina. Así de brillantes. Ya parece una vocación por llegar quintos, pero en realidad me tinca que es peor; es más bien una vocación por administrar el poder en la ilusión de pasárselos de un lado a otro, sin hacerse daño significativo ¿los electores? Na, que salgan solitos.
El problema es lo agobiante que resultan las dos grandes epidemias de estos días; la de la impunidad y la de sentir permanentemente que existen reglas, normas, estándares distintos para izquierda y derecha. En algún punto ha sido responsabilidad del Poder Judicial que siempre anda ahí, medio pasando piola. Pero los otros dos poderes no lo han hecho mejor y no parece haber mea culpa algún en nuestro horizonte. Por el contrario.
Esta pitonisa espera con ansias la primera Cuenta Pública. Esta vez no para que nos cuenten cuentos progres, ni fantasías, ni que me hablen de países irreales. Muchos no esperamos milagros, entendemos cómo funciona la realidad, pero necesitamos algo, un horizonte al cual mirar, una brújula, algo, porque tenemos la voluntad de salir, queremos salir y queremos creer que podemos. Estamos listos para colaborar con Chile, pero necesitamos una ayudita. Don Jak, yo estoy lista esperando que me diga cómo es que salimos de esto.
