FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Los soltaron de nuevo. A los fascistas en bicicleta, digo. Se dieron su vueltecita por partidos políticos, la casa del líder de los amarillos (yellow is the new facho, se sabe) y por supuesto llegaron también a un canal de televisión. Porque no les gusta el acuerdo, se fijan. Y claro, hay una sola Constitución que a ellos les gustaría, una plurinacional, paritaria, estatista, etc. Avísenles que esa perdió. Capaz no saben, como los mandan a no creerle a la prensa de la oligarquía.

A veces parece una maldición tener buena memoria en un país de desmemoriados, porque se siente un poco parecido a la locura. Justamente ahora que termina este acontecido 2022 y aprovechando este hecho tan pintoresco, parece pertinente recordar cosas que sucedieron en el lejano 2019.

Ustedes son muy jóvenes para saberlo, pero hubo otro acuerdo anterior a este, por la Paz (ja) y la Nueva Constitución. Recién salido del horno, algunos lo catalogaron hasta de razonable. ¿Y qué pasó? Bueno, nuestro buen acuerdo llegó al Congreso y los distinguidos honorables, a falta de una expresión mejor, le metieron mano hasta convertirlo en un Frankenstein que nos dejó con un número desproporcionado de escaños reservados para PP.OO, paridad de salida e “independientes”. Sumemos voto voluntario de entrada en plena locura pandémica.

Por esos días de violencia extrema, toda suerte de grupos de enajenados, gritones y agresivos presionaron de las más diversas formas para que un acuerdo razonable, terminara convertido en una bazofia. Digamos por cierto que los unos no le pusieron mucho empeño a defender límites razonables y los otros no vieron peligro alguno en las indicaciones propuestas entonces.

Nada hacía presagiar (todo hacía presagiar) el quilombo con el que terminaríamos en esa primera Convención Constitucional.

Esto es inquietante porque, aunque les encante a las bellísimas almas azotarnos con el mote de extremos (prefiero prudentes) esta intervención de los ciclistas, es una sinopsis de nuestros temores. ¿Van a resistir las presiones esta vez? ¿Cuánto sirve que aseguren y requetejuren que esta vez estamos frente a un acorazado infranqueable?

Esta es la madre de todas las batallas, no se olviden y nos han dicho en todos los tonos, que el 4-S no fue más que un tropiezo y #seguimos. 

Resulta además preocupante porque, no sé si han notado, que la memoria nacional ya se reseteó. Me ha tocado interactuar con arbolitos en asados e incluso con progres que se definen de derecha (asintomáticos) y los mitos de origen del octubrismo, siguen intactos: la gente un día despertó, cansada de la miseria y salió a quemarlo todo. Personas que desde luego estaban entonces peor que ahora, el centro siempre fue una cloaca y no se ha visto en la historia de Chile algo más representativo que la extinta CC. 

Yo sé que es todo como ese atroz mensaje del caballero que no entiende que la piscina no tiene agua para él, pero estamos en esto y no podemos permitirnos ser “olvidones”. Para todos aquellos que recordamos todo lo que ha pasado desde el 2019 hasta hoy, debiera ser un imperativo moral no sólo recordar, sino que contar esta verdad. No podemos darnos el lujo de callar, ceder la verdad ni el lenguaje, porque ambos son el camino hacia nuestras mentes.

Esta pitonisa desea que el próximo año tengamos salud, el autoestima de un frenteamplista, la estabilidad laboral y prosperidad de los amigos del Presidente y el amor que circula en los pasillos de La Moneda.

Pero por sobre todo que no olvidemos y protejamos a Chile. 2023, ¡allá vamos!

K-Sandra

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