Credit: The White House

A los que cumplen años por estos días les recomiendo mucho meditar bien sus deseos porque se están cumpliendo todos. Y es que este 2026 no llevaba 72 horas y nos metió un hecho histórico de madrugada pintando al mundo de amarillo, azul y rojo. Don Donald, parece que siguió el consejo de su horóscopo (aunque más probablemente el de Marco Rubio) y ordenó una operación en Venezuela que terminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y su mujer, que según me informa la prensa, es el verdadero cerebro de la dupla. Importante señalarlo porque algunas periodistas estaban muy molestas porque el machismo heteropatriarcal que nos asfixia no nos permite reconocer que las mujeres también podemos ser tiranas … ¿khé? Te lo juro, fueron muchas horas de transmisión, pródigas en estas y otras idioteces.

Pero concentrémonos en lo importante; el pueblo venezolano en todo el mundo estalló en celebraciones preciosas, masivas y pacíficas. Yo no sé si lo sintieron, pero había una alegría contagiosa desplegándose por el mundo. Y bueno, memes, reels, shorts, IA, todos al servicio del humor hispanoamericano. Yo me descorché un espumoso, pedí una arepa dominó y me puse a escuchar música ad hoc, por mis amigos venezolanos.

Pero, por supuesto que debíamos tener un “pero”; tenían que saltar los progres y neomarxistas varios del mundo, los académicos, las plañideras, los rígidos (también con “f’”), los serios, los niños ricos excéntricos, en fin, todas esas criaturas del fondo marino que tan bien conocimos en 2019 en un despliegue más de su narcisismo, a aleccionarnos y peor a aleccionar al mundo y en particular a los venezolanos. Verbigracia nuestro Presidente (que ardo en deseos de que sea “ex” de una buena vez) que lo levantaron de madrugada un sábado para que pusiera su carita de enojado, no, perdón, de estadista enojado, que es mucho más severa, y se pegara su llanto por el derecho internacional y la soberanía y otro montón de cosas que le importaron harto poco cuando el régimen chavista vino a matar a un opositor a suelo chileno. Pocazo también le importó que Maduro se robara las elecciones de 2024 frente al mundo y él cortó relaciones con nosotros. Tampoco chistó mucho la infinidad de veces que Diosdado lo insultó a él, personalmente. O sea, independiente que en esa yo esté más con Diosdado, es nuestro Presidente y nos corresponde a los chilenos insultarlo, no al otro sátrapa. Y así, mares, océanos de llanto por el dictador, por la soberanía, por el Derecho Internacional y hasta por el petróleo. Claro, porque el interés desplegado por Rusia, China e Irán en Venezuela era exclusivamente un interés gastronómico y cultural. Se sabe lo fanáticos que son en Irán del joropo y, ¿rusos y chinos? ¡Pff! Como tontos para las arepas. Igual no me sorprende, pero me impacta que esta gente que eran tan juveniles y modernos tengan visiones tan obsoletas de las cosas, especialmente con los recursos naturales, esta idea de la “riqueza de los pueblos”, como si los venezolanos pasaran sus días bailando embetunados en petróleo como Shakira en el video de La Tortura…como si tener, sin extraer tuviera algún sentido. Una mezcla de anacronismo e infantilismo con dos shots de avellana y un suspiro de lavanda. Una exquisita y turística desconexión del mundo real.

Pero no se quedo ahí, porque, seamos serios, que a Maduro lo hayan sacado como en los monos animados, no significa que haya caído el régimen. Nadie podía esperar que justo después como en una película de Disney, los muebles se convirtieran en personas, o qué se yo, y entran en un carruaje María Corina Machado y Edmundo González a gobernar. Seamos un poco serios, el régimen lleva un cuarto de siglo en el poder, aunque sean minoría, tienen las armas, el control de todo, no hay instituciones ni prensa independiente y hasta el señor de las fotocopias es chavista. Ir a meter a María Corina ahí sería peligroso y probablemente un desastre. Trump lo dijo mal, pero oye, el hombre no es famoso por sus dotes diplomáticas. Mejor con él concentrarse en lo que hace y escuchar a Marco Rubio. Que le agarré un cariño. Es que, te cachai lo que sería esa novela; el hijo de exiliados cubanos, criado en EE.UU. que llega a lo más alto del poder en el país más poderoso del mundo y termina por liberar la isla de sus padres… ¡Chita! Diosito, soy yo de nuevo, haznos ese milagrito, tengo el espumoso helao, porsiaca.

Bueno, como era de toda lógica, EE.UU. anunció su control en gran parte de la economía venezolana, puso de Presidente a Delcy Rodríguez, y ya lograron la liberación de presos políticos. No todos, pero oye, Roma no se hizo en un día. Y Maduro espera a la sombra su juicio por narcotraficante en un gélido Nueva York. Todos contentos. No, obvio que no. Los pacíficos manifestantes que estaban cesantes post acuerdo de paz en Gaza, que después no les importó para nada, ahora figuran con sus cartelitos pro Maduro. Ni uno sabe español, no conocen la historia de Venezuela, probablemente no la puedan ubicar en un mapa, pero bueno, pega es pega. Además, hay que decirle a los venezolanos lo que deben sentir. Super anticlimático, pero así están las cosas.

Ya, pero, ¿por qué la vocera chilena se ve tan asustadita? ¿Por qué es tan terrible todo esto? Bueno, porque el mundo cambió. Por décadas dos fuerzas distintas se confabularon sin querer queriendo para lograr el mismo efecto; que EE.UU. se nos pusiera hippie y renunciara a ejercer su hegemonía en el mundo. La izquierda con su progresismo antiimperialista, anticolonialista y una facción de la derecha gringa muy aislacionista, que siempre ha existido, pero se traumatizó profundamente con Irak y Afganistán. Los conocemos, salen en las películas, son los que no se quieren meter en nada. Yo como que los entiendo algo, tener que vivir de policía del mundo, o sea, son sus impuestos, y más importante aún, es la sangre de sus hijos, hermanos, maridos, etc. La cosa es que la suma de estas fuerzas nos dejó con un EE.UU. como león jubilado, viendo de lejos como sus enemigos históricos le empezaban a acampar y un poco más en su mismo continente. El petróleo venezolano no es tan importante para EE.UU. como lo es para chinos, iranies, rusos y cubanos. Venezuela, era para todos estos países muy importante en términos estratégicos. Y no sé si se han fijado, pero Venezuela está a un brinco de Miami. Además, el régimen socialista de Maduro hizo lo que hacen esos regímenes y expandieron su influencia desestabilizadora por todo el continente, incluido EE.UU., presentándoles al mismísimo tren de Aragua. Entonces, claro, Marco Rubio entiende esto muy bien, que como dijo el tío Ben Parker, “con un gran poder, viene una gran responsabilidad” y obviamente le dijo “boss, podríamos pegarle una arregladita al continente, ¿le tinca?”, pero en inglés, obvio.

Ahora bien, todo el llanto por el derecho internacional es de una candidez sospechosa; que alguien crea que eso aplica para las superpotencias… ¡Por favor, seamos adultos un rato! Llorar por eso, después de todo lo que hemos visto estos años, se siente super anacrónico, igual que la ONU, igual que el multilateralismo. ¿Se acuerdan cuando después del robo de las elecciones en 2024, el mundo salió a llorar que no podía ser, que puchas oh, Nicolás no seas así, que con la presión y la condena internacional, el hombre iba a entrar en razón y entregar el poder? Lo escribí en una columna como esta entonces, qué pasó; nada. EE.UU. de Trump/Rubio te lo resolvió en menos de dos horas en una operación militar que pone los pelos de punta porque estamos frente al poder militar mas grande de la historia humana.

Yo sé que hay fibras antiimperialistas en muchas personas, que es un sentimiento bien transversal, pero saben que, la mayoría de los seres humanos han vivido bajo un imperio a lo largo de la historia, la cosa es que hay que considerar los candidatos que tenemos; Rusia, Irán, China, o EE.UU. No sé ustedes, yo soy mujer, intuyo que me va a ir mejor con los gringos. Con los que al menos compartimos historia y algunas cositas culturales importantes y pregúntenles a los venezolanos si no les gustó que los intereses de EE.UU. estuvieran alineados con los de ellos.

Esta pitonisa está esperanzada, veo un 2026 lleno de cositas, de finales y de inicios, de florecimientos. El mundo cambió, como suele hacerlo, de a poquito, hasta que cae un pedazo grandote del muro y ya no hay más. Dime si no sería lindo ver a Venezuela libre y a Cuba. ¿Dime si no sería lindo dejar atrás la pesadilla que ha sido el socialismo del siglo XXI, de una buena vez? El carrete bueno que nos pegaríamos si este continente por fin tuviera su final feliz.

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