El ex Presidente Ricardo Lagos declaró hace unos días que “Chile no está a la altura de lo que fue”. Tiene toda la razón y yo agregaría que Chile tampoco está a la altura de lo que pudo ser.

En definitiva, Chile no está ya a ninguna altura. El “jaguar” de Sudamérica se quedó sin dientes, sin garras y sin voz; es solo un gato con tiña lo que queda del otrora admirado felino.

Lo cierto es que este Chile nuestro se ha desmoronado en todos los ámbitos. 

Desde luego en la educación, cosa que afecta a la cultura, al desarrollo cognitivo. moral y espiritual de niños y jóvenes  -de otro modo no habría sicarios de 14 años… y tantos otros ejemplos. 

En el ámbito político, donde el servicio público se transformó en servirse del público -de otro modo no tendríamos una vicepresidenta que jamás respondió por las platas que se evaporaron durante su gestión como alcaldesa de Santiago… y tantos otros ejemplos . 

En el ámbito de la convivencia cívica, donde las posturas antagónicas llevan a desacreditar al adversario y a menospreciar el pensamiento contrario, además de traicionar a los propios -de otro modo nunca la elección de un Fiscal Nacional habría llevado la votación a poner en duda su nombramiento y después rechazarlo como ocurrió con José Morales….y tantos otros ejemplos.

En el ámbito del respeto a la autoridad -de otro modo seguiría Carabineros de Chile siendo apoyado en el ejercicio de sus deberes para protegernos de vándalos, delincuentes y activistas al margen de la ley… y tantos otros ejemplos. 

En el ámbito económico, donde el desempeño de Mario Marcel solo ha traído decepciones debido a su falta de principios en la presentación de proyectos de pensiones y tributario que serán nefastos para Chile… y tantos otros ejemplos.

En el ámbito de la justicia -de otro modo no habría fiscales como la señora Chang que cegada por su ideología no busca hacer justicia en ninguno de los casos que involucran a carabineros… y tantos otro ejemplos. 

Respecto del último ámbito señalado, leí que en un país los crímenes contra el Estado eran penados con severo rigor, pero si un acusado lograba demostrar plenamente su inocencia en el proceso, entonces inmediatamente se castigaba con igual rigurosidad al acusador y se compensaba al injustamente acusado con los bienes muebles y raíces del acusador hasta en cuatro veces, por la pérdida de tiempo, por el peligro a que estuvo expuesto, por las molestias de su prisión y por todos los gastos que haya tenido que hacer para su defensa. ¡Ya imagino que la fiscal Chang sería bastante más rigurosa y apegada a derecho si en algo nuestra ley se pareciera a esta! 

Ah! El país que tenía esta notable ley era Liliput, como pudo comprobar Gulliver en su primer viaje.

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