Como están las cosas, es como si hubiera pasado un año desde la primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast, pero no, fue recién esta semana y como es menester, esta columna debe hacerse cargo, porque la sátira política es un apostolado. Si les soy muy sincera, este Presidente me hace la vida muy difícil, porque lo escucho y me entra una paz. No sueño, ah, no sean así, dije paz. Y es que si antes, los cuatro años anteriores, como les consta, las cuentas públicas de Boric me obligaban a recurrir al ansiolítico más antiguo de la historia humana, nuestro Presidente actual, me evoca más una leche con chocolate, calentito con canela como me hacia mi papá. Cada miligramo de cinismo abandona mi cuerpo y continuar con la sátira es difícil, ¡por la chita! Este hombre es como que le susurra al hemisferio (uno completo) donde guardo toda mi ironía: “Todo va a estar bien”, y yo no sé cómo, le creo. Quizás, deba confesarles una cosa; me recuerda mucho a mi hermano mayor-mayor, mi hermano más cercano. No entremos en rankeos del amor, uno tiene naturalmente más cercanía con unos que con otros. Ellos concentraron los genes alemanes y es cosa de ponerles unos shores cortos verdes y un gorrito y a vender cerveza pal Oktoberfest. Ahora, son tan mestizos como yo, mismo exacto sentido del humor, pero ellos más “quiltro rucio”, diríamos. En fin, toda esa pirueta genealógica para decir que, en alguna parte de mi cerebro, el que JAK se parezca al hombre más bueno del mundo, claro, es un sesgo que admito, si quieren, ténganlo en mente.

Me encanta como, en el último tiempo, algunas personas ya están con que no debiéramos comparar al gobierno anterior con el actual, ni mucho menos responsabilizarlos por algo. Empatar en algún sentido, o aplicar ciertas reglas imaginarias haciéndolas pasar como de buena crianza, parece ser la orden del día. Yo no quiero hacer eso, porque el gobierno anterior no fue cualquier gobierno y sus ecos en la cultura aún nos persiguen y sus muy concretas acciones sí son responsables del estado de las cosas. Sí, este gobierno es mejor persona que yo. Pero es que el contraste entre el histrión de Gabriel Boric y el ser humano normal que es José Antonio Kast no podría ser mayor. Fue un discurso más bien largo, pero curiosamente no me distraje ni un poquito. Le puse atención porque JAK habló con honestidad, no trató de venderme un sueño (o pesadilla) de nicho y me habló desde la realidad.

Yo no sé el nivel de trauma que me cargo tras cuatro años tan radicalmente distintos, pero me anduve hasta emocionando. Atrás quedaron las apologías al octubrismo, el adanismo, los despliegues de karamanés, la voz impostada, los gestos inmensos, los chillidos de la barra brava, los “ciudadanos normales” invitados como a dar testimonio de la nueva fe, el “líder espiritual”, el gobierno de los elegidos, todo eso quedó atrás. En cambio, tuvimos a un hombre chileno, no muy buen orador, (¿por qué tendría necesariamente que serlo?), que se paró frente a nosotros y nos dio un sobrio reporte de las cosas, nos dijo cuál es nuestra realidad y cuáles son sus planes, ministerio por ministerio, para sacarnos de ahí. Nos recordó a figuras de nuestra historia que injustamente insistimos en olvidar; Portales, Bello, Alessandri, ¡oye! Eso se parece harto a dar la batalla cultural siono. Sí y de la mejor manera posible, porque la más radical de las izquierdas lleva décadas achicándonos, desconociendo que Chile no lo construyeron ellos y nos les corresponde destruirlo ¡pppff! Si yo les contara en la de carretes progre pre-2019 en la que estuve escuchando a gente muy gente decir que la derecha no tiene referentes intelectuales. JAK sí que ha dado esta pelea al recordarnos que no existe genuina libertad sin orden, que la derecha está por el crecimiento, no por los chuperricos, sino que para que más chilenos dejen atrás la pobreza, que todos, ricos, medios, pobres, chicos, grandes, feos, bonitos, todos como chilenos y desde donde sea estamos llamados a servir a la patria. Eso para algunos será dar empleos, invertir y para otros construir su propia familia, hacer su trabajo de la mejor manera posible, como sea, desde donde sea, la patria la hacemos y la cuidamos todos.

“El dilema entre la popularidad y la responsabilidad nosotros ya lo resolvimos”… ¡Oye que me gustó eso! Imagínate ya no tener un gobierno de influencers, ¡fantástico!

No crean que no se hizo cargo de todo lo que nos ha pasado estos años, sí que hubo un raspacachos antioctubrista, porque es justicia, eso está bien. Pero no con la histeria ni la beatería con la que en cambio lo defendía el Presidente anterior.

JAK le habló a Chile, a todo Chile, nos dijo que entiende la emergencia, sabe dónde está y dónde duele y nos propuso un plan para salir. Además, se dio el tiempo para agradecer, ¡agradecer! ¿Cómo se le ocurre a este monstruo fascista? Sip, este es un Presidente que agradece a todos los que trabajan por hacer grande a Chile.

Yo te diría que fue un tremendo upgrade. Fue un muy buen discurso, me gustaría haberlo escrito yo. Claro, podemos agarrarnos del moño todos los días del año por lo que faltó, los detalles, lo que no le gusta a la gente de lado y lado, como el registro de vándalos aquel. Esto último parece haber molestado mucho a la gente que jamás en su existencia ha visto mermar su calidad de vida por vándalo alguno. En algo estoy de acuerdo; hay que buscar cómo sancionar también a los niños ricos que se las dan de lumpen revolucionario o que andan pasteleando con sus intervenciones urbanas. Dale, hagamos eso también, vándalo es vándalo.

Cuando cerraba, pidiéndole a Dios que nos bendijera, un ciudadano sin nombre y sin rostro, con la valentía que les conocemos, desde algún lugar del Congreso le gritó: “¡Mentiroso!” y rápidamente JAK le respondió: “Y que Dios lo bendiga a usted también”. Respuesta brillante y sí, estoy disfrutando lo votado.

Esta pitonisa tiene perfecta claridad de que la política no es un deporte para santos, ni ángeles y ya les reconocí mis sesgos. Aun así, parece haber en JAK una misión, un genuino interés por recuperar Chile. Nadie puede imaginar lograr esa misión vaya a ser fácil o perfecto o que se pueden expulsar a cientos de miles de personas en un día, ni en una semana, capaz que tampoco en un año, pero las intenciones al menos parecen apuntar a las cosas correctas, están bien inspiradas. Son al menos, en fondo y forma, completamente distintas a las del gobierno que recién no más nos hizo tanto daño. Fue la misma Cuenta Pública que nos convoca todos los años, fue el mismo rito de la República, fue lo mismo, pero no fue igual.

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