Silencio. Yo pensé que me invadiría la euforia, si me han leído antes, pueden intuir que no le hago el quite a las fiestas, pero no. A mi guasap llegaban por cientos las fotos y videos de amigos y familia con banderas chilenas, descorchando más que pa’ la pandemia y cantando nuestro himno nacional. Pero yo quedé sumida en el silencio. Un silencio que viene justo después del suspiro de alivio. Un silencio parecido al que viene después de escuchar por mucho tiempo una alarma enervante. Un silencio absoluto. Lo sé ahora, era paz, era gratitud, era la vivencia, poderosa en la adultez, de haberse sentido escuchada por Dios. Así fue para mí el 4 de septiembre de 2022, fecha que me he propuesto celebrar desde ese día y para siempre. No sé ustedes, pero, al menos yo, cuando hice el mapa mental de mi vida, jamás, pero jamás pensé en la posibilidad de perder el país que, ahora sé, amo profundamente. No era siquiera una nube que contemplar en mi horizonte y quizás por lo mismo ese 18 de octubre de 2019 se sintió tan irreal. Y todo lo que vino después. En especial ver a mis amigos y familia, a una generación completa activar una especie de chip que los hacía ver el mundo de una manera tan distorsionada. Una distopia en tiempo real y con acento chileno. Bueno, tampoco ahondemos tanto en el 18-O mismo, porque agarro vuelo y mucho carácter a la chuña.

Volvamos a la dicha infinita de ese 4-S y en qué estamos dos años después. Mis lectores queridos, ustedes saben que llevo prácticamente esos mismos dos años diciendo que esta coalición que nos gobierna iba a intentar meter por el ladito la cuchufleta de toda la locura contenida en el engendro constitucional. El Líbero lo ha expuesto a raíz de este aniversario, así es que más que pegarme la quebrá (era muy evidente, pero igual) voy a concentrarme en otra cosa que me parece tanto o más preocupante; el relato. Y aquí sí que me voy a pegar la quebrá porque siono que les he dicho que el Socialismo Democrático se disfraza de lo segundo cuando pierde no más, es cómplice e increíblemente oportunista. Porque los vimos en 2019 tratando de participar de la partusa de sus nenes como ese viejo verde creepy en la disco. Un arquetipo. Estaban dichosos con el fuego y la revolución, reviviendo su antiguo sueño húmedo adolescente revolucionario. Y después, chita que estuvieron por el Apruebo. Incluso nos quisieron engrupir con ese cheque en blanco que era el “apruebo para reformar”. Penca poh. Astutos, después de la paliza que se comieron, rescataron el disfraz ovino, le sacudieron la naftalina y salieron a decir que puchas que emberdá, no era tan buena la Constitución que presentaron y que, podrían haberse opuesto más a la violencia octubrista… peeeero y aquí viene la metida de cola, “que las legítimas demandas y la protesta pacífica”. Ese insólito, inverosímil e hipócrita enjuague bucal con el que toda la política hizo gárgaras. Un descaro, todos vimos que lo que no quemaban, saqueaban, o apedreaban, lo sodomizaban en público y frente a la Casa Central UC.  (un saludo a Las Indetectables, por su patriota ayuda a nuestra campaña).

De atrás viene, y era que no, todo aquello de la marcha del millón y el plebiscito de entrada. Ambas cosas me parecen de una patudez increíble. O sea, yo sé que las matemáticas burguesas y los contextos no significan mucho para ellos, pero 62% con 85% del padrón electoral votando es un tatequieto demasiado difícil de soslayar. Ah, pero no cuando uno tiene personalidad. Si nos dijeron desde “patricios” (¿Dónde dejé mi túnica a todo esto?) e insisten los más desvergonzados en una suerte de voto de elite… ¡con 62% en contra, loco! Los más descarados y octubristas han vuelto con la monserguilla de que la gente es tonta y desde luego que la primera línea protegía a los manifestantes de la represión de carabineros. Te lo juro.  Dos años estuvieron mansitos, o más o menos, hasta que el triunfo del “en contra”, la proximidad del quinto aniversario del 18-O y las elecciones municipales los hicieron resurgir del subsuelo como garrapatas al calor. Y ya estamos de nuevo con la cantinela octubrista, apelando a que fueron las formas y no el contenido del engendrito lo que estuvo mal. Que ellos en el fondo eran todos semi rechazones y que el mandato de la ciudadanía mayoritaria (e imaginaria, ¡loco, 62%!) sigue ahí, esperando, intacto. Te lo digo que el octubrismo es como Voldemort, dejando sus horrocruxes por todas partes y aprovechando el caso audio para patear la jaula del odio a los poderosos. Ahora están tratando de empatar con el triunfo del “en contra», pese a que no fue sólo de la izquierda, sino más bien del hastío con el manoseo a la Constitución. Por lo demás, esa “kastitución” (tan creativos) tampoco refundaba Chile y tampoco perdió por paliza. El 4-S, por ser tan increíblemente distinto, tuvo una mística especial. Es más, sin googlear, ¿se acuerdan de la fecha en que ganó el “en contra”? ¿de los porcentajes? Cri cri.

No sé, yo quisiera escribir de otras cosas, de cine, de libros, de viajes, de vinos, pero no se va a poder mientras no resolvamos este problemilla de salvar Chile. Ustedes dirán “ya, pero dale más colors”. Ya los subestimamos antes, créanme, yo, la primera y de no haber sido por el 4-S, ¿han pensado donde y en que estaríamos?

¿Qué es primero, la cultura o la política? Chan. Ando terriblemente profunda, puede ser por los antialérgicos. No, pero en serio. Todo aquel que crea que esta majadería de la batalla cultural no es más que los delirios conspiranoicos de ultraderechistas ociosos, no ha estado poniendo atención a los últimos 20 años de occidente. La izquierda refundacional que casi nos aniquila es tremenda pa’ armar relatos, jamás hay que subestimarlos porque parezcan tontos.

Y aquí viene lo más preocupante; ¿en qué está ese 62% hoy?

En la mañana misma del 4-S me dediqué a mandar guasaps de aniversario a mis amistades, harto sticker. Gente que como yo sufrió profundamente ante la perspectiva de perder Chile, que se tuvo que educar de manera fulminante en derecho constitucional, que estuvo atenta, vio lo que pasaba en la Convención, le gritó a la pantalla viendo Sin Filtros y aprendió a querer a nuestros amigos yellows que fueron llegando como la caballería en algún momento. Al menos tres personas me dijeron “¿por qué, que pasa hoy?”. Se me rompió un poco el corazón, pero tras hacer lo que cualquier mujer sofisticada como la que aspiro a ser, hubiera hecho, encumbrarlos, me puse a pensar que estamos fritos. Tuvimos ese día la mayor victoria cultural, no de la derecha, sino de todos quienes se oponen a este neomarxismo postmoderno revolucionario disfrazado de cosas buenas y bonitas al que llamamos progresismo, y no hemos sabido celebrarlo, promoverlo y difundirlo. Por puro cálculo político shiquitito, buenismo y candidez estúpidos y temor. Mi papá siempre decía que nada hace más daño que un cobarde y tenía razón. En todo ámbito de cosas. Hace dos años nos unimos para salvar Chile, millones de chilenos, ¿nos vamos a quedar calladitos y aplaudiendo mientras el octubrismo nos trata de nuevo de embolinar la perdiz y nos insultan con desparpajo?

Esta pitonisa, no los va a retar si lo olvidaron (ya superé esa etapa), en cambio, les quiero hacer una invitación; a celebrar cuando sea que lean esto, por ese hermoso 4 de septiembre en que nos unimos los distintos para salvar del abismo este lindo país por el que lucharon, murieron y se atrevieron a construir sus familias, tantos antes que nosotros. Por salvar esa gran identidad que es ser chileno, por el país de las sopaipillas y el humor chispeante. Por ese día en que nos paramos, valientes y dijimos que no, no queremos la refundación ni la división.

Y anótenlo en sus calendarios, descórchense algo y péguense su bailaita.

¡Feliz 4-S!

K-Sandra

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