Ahí estaba yo con mi clásica desorientación matinal. El que fuera lunes, solo agregaba a la injuria y me faltaba café, cuando mi mejor amiga me manda un link al WhatsApp, con el sugerente título “Dime que esto es mentira”. En ese mismo instante supe que algo tenía que ver con SE o con sus caballeros del zodiaco. No es que uno sea tan intuitivo, es que ellos son tan … ¿generosos? Digamos, generosos. Con cierto temor le di al requerido click. Era un video de nuestro arbóreo líder que, por esos días se encontraba representándose en Japón. Tanto que decir de Japón, siono. País de historia interesante, compleja, de creencias fascinantes y de una cultura que de tan distinta a la nuestra resulta incomprensible e hipnótica. Pensé en el Ukiyo-e y el impacto que causó en Europa, pensé en la Gran ola de Kanagawa, pensé en Haruki Murakami, de mis escritores contemporáneos favoritos (¡Dénle un Nobel de una vez por la misma chita!) y hasta pensé en mi noble autito, japonés y firme como ninguno. Por una fracción de segundo, de esos en los que me permito toda la candidez que mi apego a la realidad aguanta, quise creer que nuestro primer poeta de la república, se iba a mandar un discurso semi razonable, ¿con qué nos deleitó el niño poeta?
«La cultura japonesa es de las pocas culturas, me atrevería decir, que ha logrado disputar el espacio de la hegemonía estadounidense en el mundo»
«Yo soy de un lugar muy chico, en el sur del sur, en la región de Magallanes, cerca de la Antártica chilena. Pero cuando iba al colegio, me crié viendo Capitán Tsubasa (Los Supercampeones), siguiendo a Akira Toriyama con Dragon Ball, no podía perderme un capítulo de Los Caballeros del Zodiaco y jugaba con los disquetes de Pókemon Yellow”.
Y se pudrió todo. Aunque como ya he dicho en otras ocasiones, impacta, pero no sorprende. Pero impacta, todavía, gracias al Pulento, no me gustaría que nos acostumbráramos a esto. Ustedes me dirán, avispados, cómo sé que son mis lectores, están pasando cosas peores que una más de las “salidas” del presidente. Ajá, permítanme sacar la pokebola en la que guardo mi lógica y proceder a demostrarles que lo del presidente y sus caballeros del zodiaco son síntomas de una misma enfermedad incurable que afecta a todo el Frente amplio y sus adalides.
El presidente no usa corbata. “Está bien”, dijeron los viejos indulgentes que hubieran querido hacer lo mismo antes. “Da lo mismo”, dijeron otros, porque son detalles. Lo que importa es la bondad de su corazón socialdemócrata. Claro y yo soy caperucita con todo y canasto. A mí siempre me pareció que había algo profundamente narcisista en anteponer los caprichos sartoriales de uno, la expresión de la identidad, bien penca y más bien fome, si no resiste una corbata, por lo demás. Pero es que la mayoría de los seres humanos adultos, aprendemos que no solo nos vestimos para nosotros mismos, también lo hacemos como una forma de respeto al prójimo. El mensaje del presidente ha sido claro, él y sus deseos, pulsiones, la expresión de su identidad, siempre ha sido más importante que el cargo que ostenta por un eructo histórico. Del mismo modo, su estrambótico desempeño en materias de relaciones exteriores es otro gran ejemplo; Gabriel Boric se representa primero y ante todo a sí mismo y sus múltiples sentires, no a Chile. Solo así se explica… bueno, pa’qué nos vamos a latear enumerando las vergüenzas ajenas que nos ha hecho pasar. No quiero revictimizarlos. Este recuerdo infantil fue solo un pelillo más al caldito.
¿Y el resto? Bueno, ProCultura, Democracia Vivaracha, todo aquello no es más que una expresión de lo mismo. El conocimiento de nuevos antecedentes y conversaciones del caso procultura nos lleva a refregar la nariz en ese absceso que es el legado del Frente Amplio. Mares de tinta y caracteres se han gastado en detalles y leguleyadas, no los voy a aburrir con eso porque es como tratar de correr la infinita cancha de los Supercampeones. Se los resumo mejor; niños ricos, hijos de mami (no me voy a meter ahí, pero Freud se haría una parrillada y al día siguiente un ajiaco) sin un fundamento moral del que agarrarse, diríamos que son de una moral hidropónica. En la universidad siempre pensé que había gente que como que se eximía de ética, principalmente porque sus carreras políticas se interponían mucho con su dedicación al estudio y jamás entendí cómo aprobaron algunas materias. Hoy, en realidad creo que lo que natura non da, la Universidad de Chile tampoco lo presta, porque nos hemos estado ahorrando el latín y parece que también los esfuerzos. O sea, yo no soy presidente ni de un club de rayuela, pero no me imagino a mi dermatóloga llamándome pa’pedirme un carguito, una arregladita , un “no me dé, póngame donde hay”. Ahora, Huneeus era la psiquiatra del presidente, no su tutora, ni tampoco lo hipnotizó. A sus tiernos 39 sería bueno que dejaran de tratarlo como un niño o un interdicto.
Y, por último, sin afán de ser majadera, me sigue pareciendo importante señalar que nos han demostrado una y otra vez que tienen la moral sexual de un canasto de hámsteres. Se aman, se odian, se acuestan (figurativamente y no) unos con otros y cuando el excremento se acerca al ventilador, sacrifican al más débil y lo niegan más que San Peter a Nuestro Señor.
Yo también vi esos monitos cuando chica, pero claramente entendimos cosas distintas. O sea, yo jamás vi que Seiya, Andrómeda y el Cisne se pusieran de acuerdo para gestionarle la plata a la Saori, refundar las doce casas o avivarle la cueca a Saga de Géminis para que lo quemara todo…Me anduve entusiasmando, perdón.
Los caballeros del Zodiaco del presidente han quedado piluchos esta semana en su frivolidad aristocrática con la que hablan de plata y cargos, el desapego turístico, el culto al ego, el desprecio por la propiedad privada de los niños ricos indolentes a los que nada nunca les costó y su postureo moral. Y es lo que los llevó a diseñar un modelo de financiamiento de la política, y desde luego, de ellos mismos. Porque esa es la clave, en su cosmovisión todo esto se justifica para acceder al poder porque ellos sí que saben qué es lo mejor para nosotros, para todo el país. Obvio que merecen financiarse, lo merecen todo.
Esta pitonisa ve con claridad una sola cosa; esta coalición no puede seguir en el poder, usted vote por el descendiente de alemán que quiera, pero no vaya a pajarear un segundo. Y recuerden que hay un 25-30% de chilenos sectarios que da lo mismo lo que hagan, los van a seguir apoyando. Dan pa’un análisis completo, pero no todavía. Por ahora concentrémonos en que la mayoría que no puede más con ellos mantenga la calma y la claridad, y sobre todo la valentía para sacarlos del poder con un lápiz y un papelito. Esta es una pelea que tenemos que dar donde nos quieran escuchar. Por Chile, debemos tener, como en el tema central antiguo de los Caballeros del Zodiaco de verdad; coraje para vencer.
