Si nos quedamos calladitos todos podremos escuchar claramente el sonido de maíz estallando. Y es que el culebrón del caso audio ha dado material para que todo aquel que no está en ese guasap (la mayoría de nosotros) se siente a observar, cabritas en mano, el desarrollo judicial del caso.
Antes de ir al meollo del asunto, permítanme un paréntesis, y es que las reacciones a la imagen de Hermosilla, Luis, siendo esposado y luego enviado a Santiago 1, yo creo que dan pa’ un par de líneas. Y es que sería de un cinismo extremo no criticar esto de festinar con “la caída de los poderosos”, porque es parte del octubrismo filosófico que tanto he criticado desde esta humilde columna. Los mismos que lloraban como magdalenas por Jadue, saltan a celebrar (no sé sabe exactamente qué) en el caso de Hermosilla. Apelando una vez más a la lusha de clases y al resentimiento, semilla que dio frutos vomitivos ese 2019. Lo he visto de gente de “oposición” también y me parece, entre penca y muy penca, adoptar el mismo lenguaje y pancartas que la izquierda refundacional. Como que añoro épocas más prudentes y austeras, fíjate. Si la justicia ya parece estar haciendo lo suyo, pa’ que igual darle espacio a la cultura de la funa y la cancelación, ¿pa’qué? Y no, no estoy defendiendo a Hermosilla, aunque, como parte de mi anecdotario inverosímil, puedo contar que un tiempo fuimos practicantes en el mismo estudio de yoga.
Reitero, no estoy en ese guasap. Igual no, tampoco lo digo por lealtad a mi compañero de savasanas pasados, no. Lo digo porque ese germen, ese genuino discurso de odio que nos estalló en la cara hace casi 5 años, se me presentó muy claramente. Esa espeluznante sensación de que hay compatriotas que si pudieran lincharían a otros, o los pasarían por una guillotina y que fue tan real durante el not estashido, me pareció muy palpable esta semana. Más aun cuando, el Goku del octubrismo que se subió a una nube de gas lacrimógeno para llegar a La Moneda, tuvo que saber meter su cuchara. Un microsegundo sentí algo parecido a la empatía hacia algunos ministros de este gobierno que deben haber palidecido al escuchar al mercurial Boric unirse a la barra brava y celebrar el encarcelamiento del omnipotente Hermosilla. Hubo que actualizar el cartelito que hay en La Moneda “días sin meter las patas” de vuelta a cero. Sugiero modificar a un conteo en horas. Pero bueno, qué tanto dirán ustedes, si nuestro buen presi nunca ha entendido bien la separación de poderes del Estado y es como tonto pa’ andar de matón del curso. Bueno, lo diferente, y a esto quería llegar, es a quien se encontró al frente. Porque no es primera vez que como país nos quedamos suspendidos viendo el desarrollo de algún caso judicial de alta connotación o como sea que se les diga.
Pero, díganme si no, es primera vez que el abogado defensor nos ofrece un despliegue de capacidades, manejo y estrategia tan amplios. Y entretenidos, pa’que estamos con cosas. Y debo confesar que cuando Hermosilla, está vez Juan Pablo, (a quien llamaremos JP) se trenzó con la jueza en su debut, pensé “chita, pero yo pensaba que estos eran secos”. Me adelanté poh. Y es que tras los boricescos dichos de nuestro Presidente, saltaron a blindarlo, dese luego sus voceros de apoyo emocional, de interior y justicia, solo para ser silenciados en literales, horas por nuestro seco JP. Un tatequieto como no se había visto en años. Y ese vocero de justicia que otrora se nos presentó como el encantador de leyes, el papito del Flow de la jurisprudencia, el que ve la matrix del poder judicial, Cordero, fue devorado en dos jugadas por JP ¿Qué fue lo que hizo? En resumen, nos dejó super claro que es de izquierda, pero de izquierda izquierda, onda aprueboldo y todo. Boricista, desde luego. O sea, apeló al “observad la deslealtad, hermanos” que Isabel Amor también nos ofreció hace unas semanas.
El despecho como tema, siempre ha dado para mucho, mucho arte. Segundo, fue al casino, sospecho yo que, con las patas y el buche, pero fue y le subió la apuesta a todos; nos dejamos de guasappicking, mostrémoslo todo a ver quien sale. Ahí a Cordero hasta se le agudizó la voz como a Ross de Friends “I’m fine”. Y por último y quizás más importante, convirtió a su defendido en una víctima, un perseguido de los poderes facticos y todos los poderosos. Aplaudo de pie. Es cierto, al frente no tiene a lumbreras, partiendo por un Presidente con incontinencia (verbal hasta donde sabemos) y esclavo de sus pulsiones. Pero reconozcamos que el hombre es seco; nos montó un espectáculo en una semana que no habíamos tenido en años.
Ahora bien, ver correr a la política y a los tres poderes del Estado en círculos frente a dos hermanos como estos, me da un poco de nervio. O sea, me divierte, no voy a mentir, pero chita que es preocupante. Y es un poco patético que algunos quieran adjudicarle el occiso a un sector o lanzarse a esas fiebres legislativas que les bajan cuando no saben qué hacer.
Esta pitonisa se encuentra dividida entre la emoción de ver una serie bien escrita en tiempo real y confirmar con desazón lo que era evidente hace años, o ¿alguien va a tener cara pa’ decirnos después de esto, que el problema de Chile era su Constitución? No será más bien que nosotros también venimos empollando una casta bien transversal y endogámica que lleva décadas manejando nuestras vidas allá lejos. Probablemente ha sido siempre un poco o bastante así y en todas partes del mundo, lo que cambió es que alguien quiso llevarse pa’ la casa el botín de la rabia ciudadana y sobre el pony arcoíris mágico de la superioridad moral nos ofrecieron cambiarlo todo.
Resulta novelesco que, en ese contexto, sea JP el antihéroe de esta historia ¿será? ¿Llegaremos a conocer algún fragmento de algo parecido a la verdad? Capaz, Chile está estrenando esta temporada una nueva serie, de alcances y duración indefinida y tendremos que sentarnos a ver estupefactos su desarrollo. No sé ustedes, yo no me voy a perder Better call JP.
