“Las luminarias LED de la comuna iniciaban su diario ritual vespertino, cuando la delicada bruma de abril empezaba a cubrir todo. Pasos en la distancia, apurados, dos zapatillas y tacos, ¿cuántos? Nadie sabe. La noche cae súbitamente y todo se tiñe de sepia, justo cuando se escucha el inconfundible “¡bum, bum, bum!” que anuncia la llegada de la merca. Algunos quiltros bravos ladran, pero el resto de los habitantes se encuentran sumidos en el sueño de los realities, ¿a quién eliminarán ahora? Nadie tampoco sabe. Una puerta oxidada se abre y de las entrañas de una bodega, una monja que no es monja saca una maleta con discos. Son las conversaciones olvidadas de un prominente abogado de la plaza. Pasa un carrito y se lleva la maleta, pero no tiene tiempo, tiene que hacer la fila virtual para matricularse en el colegio. La fila es larga y sólo hay algunos partidos esperando; abrazados en un gran pacto que haría levantar a sus predecesores de la tumba, porque con ellos Chile no está mejor. La noche se pone más oscura y no hay LED que aguante, tiembla el cielo y ruge pidiendo a Gabriel, nadie sabe dónde está, pero su bici tampoco está. Gritan los pajaritos en Ñuñoa, patalean en Santiago y en Providencia sólo hay delfines que desaparecen en el vapor de un tren que desde Caracas dicen que no existe. Nadie se enoja de verdad porque todos siguen la maleta y a las monjas que no eran monjas mientras el cambio de hora sólo nos hace preguntar, una y otra vez ¿cuándo amanecerá?”

Mis queridos lectores, no se asusten, es que como #estamalalacosa estoy considerando seriamente la posibilidad de dedicarme a un nuevo género literario, lo llamaré Chilenismo noir. Porque, ¿qué más podemos hacer con este Chile? No sé fíjate, tanto que nos quejamos de lo eterno de los meses precedentes que el guionista universal decidió cambiar la mano y ahora entramos en otra etapa. No quiero pensar que sea porque mis amigos gringos cantaron el himno durante el eclipse solar que la maldita desigualdad tuvo a bien depositar sólo en el hemisferio norte, figúrate. En fin, no sé qué fue, pero siento que estamos en una suerte de dimensión paralela en que las cosas más desquiciadas son posibles. Y ya sé que es un poco estirar el chicle, pero algún portal abrió el octubrismo que nos pasan cosas demasiado raras y nunca más volvimos a la normalidad.

Y justamente en eso me quiero centrar esta semana en que se inscribieron las candidaturas o primarias para determinar los candidatos de las próximas elecciones municipales. Primero un par de líneas para el pacto oficialista que incluye a la “alianza de gobierno”, que es como parece que hay que decirles ahora, hasta la DC. Como “Apruebo Dignidad” como marca está en completa bancarrota se pusieron “Contigo Chile Mejor” que suena a línea telefónica para pedir hora, siono. Hasta eficientón suena. Triste el espectáculo de la DC, de andar abrazados con el FA y el PC por el carguito que les lancen, pero a estas alturas como dice aquel meme inspirado en la serie Malcolm in the middle, “nunca espero nada de ustedes y aun así logran decepcionarme”. Sí, ese diríamos que es el sentimiento y no sólo respecto de la DC, después de todo, qué me tengo que meter ahí, aparte de mirarlos con la distancia y reprobación de una reina en el exilio. A mí lo que me inquieta es la oposición.

Primero, quizás usted sea una persona normal y no tiene tiempo ni ganas de meterse en las tripas de la política y se pregunte “oye, pero ¿por qué importan tanto las municipales?”. No se preocupe, pa eso estamos, faltaba más. Las municipales son importantes porque funcionan como un termómetro de lo que pudiera pasar en la presidencial que, Dios mediante, llegará algún día. No perdamos la fe. Además, yo opino que el cargo de alcalde, bien usado, desde luego, es una vitrina extraordinaria. No gastemos caracteres en ejemplos, todos sabemos. Porque, si uno lo piensa, es un cargo en teoría bastante práctico; que fíjate en el aseo y ornato, el plan no sé cuánto y no sé qué, pero igual ahí tenemos a nuestros alcaldes siendo protagonistas de la política contingente y metidos en inaugurar cosas y hablando de seguridad, salud, educación, etc. Es tremenda exposición. Además, es el primer contacto, si acaso el único, para muchos compatriotas con eso que llamamos el Estado. O más intuitivo aún, todos entendemos que no es lo mismo vivir en el Valparaíso de Sharp, o La Florida de Carter. Y esto, el FA lo ha entendido muy bien. Bueno, ellos se juegan mucho, si siempre han vivido de la manito del Estado. Y por eso entienden la importancia de la exposición y el poder local y van a darse baños de “territorio” (arruinaron esta palabra para siempre para mí)

Les confieso que tengo miedo, porque no veo en la oposición la épica que quisiera ver. No veo esa certeza y no logro entender qué clase de complejo moral pueden tener con quienes en este siglo y hace tan re poco trataron de pitiarse la democracia. Y digámoslo de nuevo; no son democráticos. Los dimes y diretes, Sichel, haciendo de niña bonita cuando no entendió lo que tenía que hacer por el sector y por Chile en la segunda vuelta…Te lo juro que no puedo. Y ya sé, ya sé, capaz el que saliera Boric nos salvó de que se aprobara el engendro ese y entrar en esos futuribles es como el clásico mito familiar del pololo alemán que la mamá de uno rechazó para casarse con el papito de uno. Pa’qué entramos en eso si nada sería igual y yo mi 4S no lo cambio por nada.

Lejos de mi afán presionarlos, ponerlos nerviositos, pero esta pitonisa les puede asegurar a toda la oposición que estas próximas elecciones son fundamentales para rescatar a Chile y que, si no arrasan frente a este gobierno, sería pa’agarrarlos a escobazos (75% metafórico). Entonces no sé qué van a hacer, meditar, alinearse los chakras, entrenar como Rocky, constelarse, no me interesa, pero ordénense y únanse detrás de una propuesta clara. No nos dejen una vez más, repitiendo, “nunca espero nada de ustedes y aun así logran decepcionarme”.

K-Sandra

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