Como se imaginarán, la columna de esta semana se centrará en el gran tema país que nos ha golpeado y acongojado; la renuncia de Vlado Mirosevic a su candidatura presidencial para apoyar a Carolina Tohá … ¡Ja, ja, ja, ja! Perdón, perdón, claramente me faltó Semana Santa.

No, no, hablemos mejor de doña Evelyn Matthei, o mejor aún de los verdaderos genios a cargo de su campaña. Hace rato que desde esta humilde columna estamos diciendo que algo no esta cerrando del todo bien en esta eterna campaña presidencial. Y partamos por decir que ese es un problema potencial que todo candidato que inicia su campaña con mucha antelación enfrenta. Es como esos pololeos eternos, se fijan, todos conocemos esas historias que, de estirar tantas promesas, suelen terminar bastante mal. No es el caso de todos los candidatos en circunstancias similares, desde luego, pero es que justamente por ahí es que va este conejito perdido (no incendiario), ese talento de quienes dirigen una campaña así.

Bueno, pero ¿qué pasó esta semana? Na’ poh que Matthei, hija de uno de los integrantes de la Junta Militar dijo, refiriéndose al golpe de 1973, que “no había otra alternativa” y que era “inevitable que hubiese muertos” y remató con que “íbamos derecho a Cuba” ¿se escandalizó? Yo tampoco. Pero pasó lo que tenía que pasar; la izquierda de todos portes, colores, edades, estofas encontró solaz a su permanente incompetencia en el gran tema unificador, con el consabido enjuague bucal de moralina que tantos triunfos electorales les ha dado. Ya, pero eso no sorprende a nadie. Y en el planeta de la realidad no dijo nada que pudiera resultar en escándalo, gente corriendo en círculos, subiéndose por las paredes ni despliegues de histeria. Para nada.

Sin embargo, en la oposición pasaron dos cosas interesantes, por un lado, los Evelynistas, por primera vez que yo recuerde (los noto lentos) abrieron mucho los ojos, apretaron sus perlas y se anduvieron encrespando porque “cómo se le ocurre decir eso”, donde el subtexto obvio es “cuando vamos ganando”. Por otra parte, la mejor respuesta para mi gusto vino por parte de JAK, que se afianzó en la postura que siempre han tenido y da en el clavo diciendo que “…no vamos a desviarnos del camino ni a perder tiempo en discusiones que no ofrecen soluciones a los problemas que los chilenos tienen hoy”. Claro, porque ese es el quid del asunto, ¿Cuántas generaciones de chilenos se tienen que sacrificar en ese altar? ¿Hasta cuándo se tiene que acomplejar la derecha frente a una izquierda que en este siglo avivó los fuegos para derrocar a un Presidente democráticamente elegido? Sí, la izquierda se apropió de la memoria, la historia, la cultura sin contrapeso y ¿para qué? Poder, plata, no busquen más poesía por ahí, que no la hay. Pero dejemos eso por un instante.

Concentrémonos en la errática campaña de CHV. Uno podría incluso preguntarse si en verdad quieren ganar. Y si lo quieren ¿para qué, salvar Chile? ¡Dios me libre! Porque esta campaña ha estado basada en muy malos diagnósticos, a saber; que Chile es un país de centro y moderado y no, el centrismo es un lujo que uno puede permitirse en tiempos de paz y prosperidad, no cuando lo que se enfrenta son dos visiones de mundo tan irreconciliables, ¿no? Los invito a recordar el engendro constitucional. Es allá o acá, en el medio hay una bola de pasto y tres escarabajos guachos. Segundo, el mundo ha cambiado tanto pero tanto en los últimos seis años que el no hacerse cargo de ello, no sólo es un mal diagnóstico, es derechamente estúpido. La campaña que han llevado hubiera sido excelente en 1998 o incluso 2002. Ya no estamos en Kansas, Dorothy, hace rato que no. Hay incluso una suerte de obstinación medio frenteamplista en dale con que la política de los acuerdos, como si pudieran convertir a Apruebo Dignidad en la Concertación con puro amor. No se puede.

Tampoco ha habido mea culpa alguna, de nuevo, medio frenteamplistón, pa’ que estamos con cosas. De modo que hemos asistido a una cascada de diagnósticos errados desde el 18 de octubre de 2019, ¿se acuerdan? Algo pasó ahí, sería bueno recordarlo. Pero lo peor para mi gusto ha sido este evidente desprecio por el votante de derecha, basado en el errado diagnóstico de que estamos como siempre obligados a votar por CHV porque no hay más. Bueno, alto problema poh amiguitos, porque hay más. Dos rucios tenemos pa’ elegir, igualmente alemanes que la candidata que nos proponen, pero bastante más consistentes.

Con todos estos malos diagnósticos hemos visto una campaña mala, mal estructurada y mal planteada en todo, que, de nuevo, lo más ofensivo es que trata como giles a quienes debiera seducir. Resulta que el votante de derecha es extremo, es facho, es tonto, no entiende lo secos que son en CHV, ellos son los llamados a hacer lo mejor para nosotros, se fijan. Claro, entonces, somos tan tontitos que no entendimos lo buena idea que es la reforma de pensiones, tampoco cachamos que es mejor tener un Ministerio de Seguridad que no tenerlo (una de las frases más tontas del último tiempo), tampoco cachamos bien que hay que llegar a acuerdos siempre, con quien sea porque eso es la política, cosa que no resiste análisis lógico. Suena medio parecido a ser “más rápidos que su propio pueblo”… Bueno y cuando ya estamos muy alborotados, arrancándonos con los otros alemanes ¡Pah! Tía, tía, diga que quiere pena de muerte, diga que le quiere arrendar su par de celditas a Bukele o mejor, sáquese del unicornio el Golpe, eso les va a encantar… Lo he dicho antes y lo repito, los asesores de esta campaña tienen menos calle que una pantufla. Y está un poco pasao’a Evópoli, sionó. No sólo tienen a Evelyn errática como un volantín sin cola o como dirían mis amigos gringos all over the place, sin ser capaz de mostrar liderazgo ni menos prometer gobernabilidad, ¿con quién? Además, la despojaron de sus atributos a cambio de un descafeinamiento que no se entiende ¿qué pasó con la Evelyn que enfrentaba el guanaco gritando junto a mis tías “Ingleses piratas, devuélvannos al tata?”.

Esa Evelyn no sería acomplejada por la izquierda y sería capaz de construir en base a un proyecto, de largo plazo y anclado en la realidad. Y les cuento un secreto; la convicción y la valentía seducen incluso a esas mitológicas criaturas que son los votantes de centro. Pero para eso se necesita más inteligencia y coraje. Y no primarias galleteadas altamente improvisadas que nadie quiere. Otra joya de diagnostico que no resiste análisis.

El nivel de chambonadas hace que uno entrecierre los ojitos y como que ve al Frente Amplio. Claro, a ellos les gusta decir que los extremos pa’ allá y pa’ acá, pero a la hora de los quiubos, blanquito por fuera, amarillito por dentro, lo pone la gallina… eso es un huevo.

Está difícil hoy por hoy creer que esta es la mejor opción para Chile.

Esta pitonisa les desea una muy linda Pascua de Resurrección. Y espero de todo corazón que todos, por el bien de Chile, encuentren sus huevitos.

K-Sandra

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