Una breve mirada al currículum de la presidenta del Colegio Médico nos muestra su trayectoria de juventud militante, con el puño izquierdo en alto, la consigna de “el pueblo unido” en los labios y el odio de clases bien anidado en el corazón. Dicen que quien de joven no fue un revolucionario se saltó una etapa importante en su vida, y que aquellos que permanecen siéndolo es porque no maduran. ¿Es posible que Siches haya madurado al punto de considerar esperanzadora la propuesta de JAK en materia de salud? Analicemos las implicancias del paso que habría tenido que dar la joven revolucionaria para intentar dilucidar los grados de honestidad en que se afirma su supuesto apoyo al candidato republicano.
Primero, los hechos. El día 21 del presente mes, Siches se reunió con JAK en el marco de encuentros del Colmed con los presidenciables. Tras la reunión, Siches dio un espaldarazo al candidato republicano. ¿Es honesto o un gesto de impudicia descarada? La verdad es que es inverosímil que una persona que cree en la ley de la historia, la teoría del valor del trabajo, el derecho a la propiedad como el origen de todos los males y entiende la igualación como una práctica santificadora pueda, sinceramente, dar un mínimo de respaldo a un programa como el de JAK. Analicémoslo en detalle.
El candidato republicano propone privilegiar las decisiones de las personas en la elección de la provisión de la prestación del servicio, fortalecer el rol subsidiario del Estado y mejorar el sistema de salud a través de la competencia y la regulación. De ahí que, si le creemos a Siches, debamos entender su esperanza como un acuerdo con el neoliberalismo. Y es que es en el marco de esas ideas donde, gracias a la libertad, coexisten dos tipos de sistemas, uno privado y otro público. Dicho en otras palabras, si nos tomamos en serio a la presidenta del Colmed, ella apoya el principio de subsidiariedad y promueve la desigualdad que se sigue a la existencia de un sistema público y otro privado. Además, considera “de sentido común” los valores propios del neoliberalismo -eficiencia, eficacia, competencia y despolitización de la vida- de lo que se sigue la debacle absoluta del poder que el PC tiene al interior del aparato estatal.
Así las cosas, podemos afirmar que, quienes cayeron bajo los irresistibles efectos de sus ojillos sonrientes chispeando inusitada esperanza creen -aunque sin estar conscientes- que Siches ha madurado y entendido que el modelo de los Chicago Boys es preferible al Estado Benefactor y a la universalidad de los derechos sociales. Ja, ja, ja.
¿Qué hay detrás de tanta hipocresía? Una estrategia. Como toda estrategia se basa en un diagnóstico. Nos abocaremos a él para luego dejar en evidencia el recetario magistral con el que Siches pretende inocular a JAK.
En términos generales, cualquier médico de la cultura política -y el PC cuenta con muchos- se da cuenta de que, en nuestro país, la izquierda está viviendo su peor derrota cultural desde el quiebre institucional del ’73. Me refiero, específicamente, al desplome de la hasta ahora férrea creencia de la ciudadanía en la maldad congénita de la derecha y la bondad absoluta de la izquierda.
Específicamente, en lo que respecta a JAK, su demonización y caricaturización mediática parecía haber puesto una lápida definitiva al conservadurismo liberal. Así las cosas, la alegría del PC, del FA y de sus quintas columnas ubicadas al centro y en la derecha tradicional desbordaba en el espacio público. El problema es que, al mismo tiempo avanzaban la violencia, el narcoterrorismo, la decepción con la Convención Constituyente, la inmigración ilegal y el descrédito de la élite política.
Una vez pasados los efectos del embotamiento provocado por una colusión mediática de la que nadie habla, los votantes perdieron la fe y, habiendo caído el velo de la ignorancia, se han dado cuenta de quién es quién. Los malos son los revolucionarios, intelectuales que justifican la violencia, empobrecedores y miserables dispuestos a todo con tal de llegar al poder; y las caricaturas, los pelados mentirosos, dinosaurios y animé japoneses que habitan la CC.
En síntesis, Chile es una sociedad en la que los villanos tradicionales perdieron su rol. ¿Y quiénes quedaron al descubierto? Justamente los amigos de Siches, cuya legitimidad quizás no alcance para imponer el proyecto del socialismo del siglo XXI. Y es que la CC, que surgió de la cesión que hizo la clase política de todos nuestros derechos, sólo ha mostrado ser una versión más radical de lo que decían que iban a cambiar. Me refiero a una forma de hacer política que no mira el bien común, sino únicamente el privilegio de unos pocos. En lo que respecta al candidato republicano, ningún chileno razonable cree en la etiqueta de antaño que lo mostraba como una especie de guasón fascistoide. El cambio no sólo es gracias a que ha tenido espacio para llegar con sus ideas liberales y democráticas al público. Además, la ciudadanía ya percibe la amenaza totalitaria de una CC que propone extirpar de la realidad común los derechos individuales, destruir los símbolos patrios y desmantelar el aparato productivo. En suma, el diagnóstico nos habla de cómo la izquierda se autopropinó su propia derrota moral. Ahora son ellos los malos y los ridículos. ¿Qué hacer para revertir esta situación?
Simple: horadar el piso de coherencia y sustancia de JAK mostrándolo como un miembro más de la odiada clase política capaz de pactar con todos con tal de llegar al poder. ¿Cómo se hace eso? Sacándose fotos con él, convidándolo como el primer candidato a los encuentros con presidenciables de la Colmed, sonriendo con chispeza y afirmando la existencia de un propósito común. Así es como se logra instalar una nueva falsedad: que JAK es más de lo mismo.
