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Un estudio sobre longevidad en Chile elaborado por el Centro UC de Estudios de Vejez y Envejecimiento y la empresa ILC, ligada a la Cámara Chilena de la Construcción, nos entrega interesantes elementos para enfrentar el cambio demográfico que vive nuestro país. La idea es no sólo prepararse para los efectos económicos adversos que éste impone a la sociedad, sino ver también sus oportunidades de mejorar la calidad de vida de las personas y adecuar nuestras políticas públicas a una nueva realidad. Tenemos que dar espacio al optimismo.

La expectativa de vida al nacer en Chile aumentó de 74,6 años en 1992 a 81,8 años en 2026, un incremento de 7,2 años en poco más de tres décadas. Por su parte, la tasa global de fecundidad se estimó en 0,99 hijos por mujer en 2025 y se proyecta que permanezca por debajo del nivel de reemplazo. La esperanza de vida continuaría aumentando y alcanzaría 88,4 años en 2070.

Este acelerado cambio demográfico impone importantes desafíos a los sistemas de pensiones y de salud. Habitualmente los análisis se centran en el costo económico que podrían acarrear. Así como el mundo se benefició de un “bono demográfico” cuando la población joven, predominante, aportaba a la seguridad social y no utilizaba de manera tan frecuente los sistemas de salud, financiando así las pensiones de los mayores y su atención de salud; se teme ahora que suframos un “impuesto demográfico” dado que son menos los jóvenes que trabajan y más los jubilados.

En España, el presidente de Gobierno Pedro Sánchez ha planteado que un aumento de la inmigración se haría cargo del problema, pero sus adversarios replican que no es así porque pocos inmigrantes trabajan y aportan y más bien viven del estado de bienestar español. Atribuyen entonces la política de inmigración a un motivo electoral pues los inmigrantes votarían por los socialistas, agrandando así el problema de desfinanciamiento de la previsión y salud estatales.

En un seminario donde se mostraron los resultados del estudio citado más arriba, un panel integrado por las ministras María Jesús Wulf y May Chomali, el economista Francisco Gallegos, pro rector de la UC, y Roberto Méndez académico de la misma universidad, aportó elementos para enriquecer el concepto de nueva longevidad. Por su parte el economista español Iñaki Ortega del Centro Ageingnomics complementó esa discusión con una interesante charla.

El estudio de la UC e ILC afirma que la velocidad del cambio demográfico en Chile plantea una exigencia que no se agota en el sistema de protección social, sino que compromete al conjunto de la sociedad. El contexto demográfico no determina una única respuesta, pero sí modifica las condiciones en que deben adoptarse decisiones de largo plazo: cambian simultáneamente la disponibilidad de redes familiares y comunitarias, la composición de la fuerza de trabajo y las relaciones entre contribuyentes y pensionados, lo que exige ajustes tanto del Estado como del mercado, de las organizaciones de la sociedad civil y los hogares. La capacidad de adaptación de la sociedad en su conjunto se vuelve parte del propio problema público.

Dentro de los requerimientos mencionados por los panelistas estuvieron la formación continua en educación, la flexibilidad laboral para facilitar el trabajo de los mayores que hoy en un 50% son informales, la importancia de la convivencia en las familias y otras instituciones de la sociedad civil y del apoyo a los sistemas de cuidados. También destacaron que el aumento de las expectativas de vida es consecuencia de buenas políticas públicas en materia de saneamiento, salud pública, nutrición infantil que vienen de hace muchos años. Se mencionaron el envejecimiento activo y las bondades de trabajar más años, de practicar deportes, una alimentación sana y la prevención en salud.

De la exposición de Iñaki Ortega, rescato una visión optimista que destaca no sólo las externalidades negativas sino también aquellas positivas. Aludió al concepto de economía plateada, que comprende nuevos productos dedicados a personas mayores que emprendedores en todas partes del mundo han empezado a ofrecer: también que la cohorte sobre 55 años de edad aumenta su poder adquisitivo y contribuye a un crecimiento de la demanda agregada vía consumo e inversión. El turismo es un gran beneficiado por la nueva longevidad y hay países, como Portugal, que disfrutan de un boom en ese rubro.

En fin, una mirada optimista para ver las oportunidades que el envejecimiento saludable ofrece y que son parte de este concepto de nueva longevidad que da espacio al optimismo.

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1 Comment

  1. Larraín tiene razón al reconocer las oportunidades de una mayor longevidad, pero confunde una transformación demográfica con sus beneficios económicos potenciales.
    Vivir más años no significa necesariamente vivirlos con buena salud, autonomía o ingresos suficientes. La economía plateada puede abrir nuevos mercados, pero no convierte automáticamente a los jubilados en consumidores solventes, ni el trabajo prolongado constituye siempre una elección. La cuestión no es cuánto podemos venderles a quienes viven más, sino qué condiciones sociales y económicas les permitirán disfrutar esos años adicionales.
    El optimismo demográfico necesita algo más que oportunidades comerciales: necesita explicar cómo se distribuirán sus beneficios.

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