AGENCIAUNO

Hay gobiernos que fracasan por su incapacidad técnica, otros por mala fortuna y otros —los más desconcertantes— por pérdida del sentido de realidad. El gobierno de Boric se inscribe en esta última categoría. Es una administración que habla para sí misma, celebra símbolos que solo su propio mundo comprende y parece vivir en un país distinto al del resto de los chilenos.

La brecha entre sus prioridades discursivas y las urgencias ciudadanas se ensancha semana a semana, pero pocas veces fue tan evidente como en el reciente episodio en que el Ministerio de las Culturas asignó recursos públicos al financiamiento de un festival de “arte” que incluía material pornográfico. El problema no es únicamente la decisión puntual —que ya constituye un grave error—, sino lo que revela sobre la profunda desconexión entre el Chile que el gobierno imagina y el que efectivamente existe.

En tanto el país enfrenta barrios tomados por el narco, homicidios cada vez más frecuentes, fronteras desbordadas por la migración irregular, estancamiento económico y alto desempleo, el gobierno responde con gestos sicalípticos destinados a satisfacer nichos ideológicos. La paradoja es doble. Por un lado, millones de familias viven con temor a usar el transporte público o a que sus hijos regresen solos del colegio, mientras el gobierno defiende su aporte a “expresiones artísticas de liberación sexual”. Por otro, se autodefine como un gobierno feminista, pero financia espacios que contradicen abiertamente los principios que dice defender, pues la pornografía, como han acusado desde esos propios movimientos, cosifica a la mujer. Es una incoherencia inexplicable.

Es difícil encontrar un símbolo más elocuente de desconexión. En un país que clama por orden, empleo y crecimiento, el gobierno ofrece experimentos culturales, discursos identitarios y debates sobre el “iliberalismo”. Es decir, cuando se necesitan resultados concretos, el gobierno entrega relatos simbólicos.

Esta disociación no es accidental. Forma parte de la matriz ideológica que ha acompañado al gobierno desde su inicio. Es una izquierda convencida de que modificar el lenguaje es más importante que transformar la realidad; que construir imaginarios es más relevante que disminuir la delincuencia; que expandir la regulación estatal es más útil que reactivar la inversión; y que inaugurar nuevos ministerios es más significativo que reducir la burocracia que abruma a pymes y emprendedores.

No sorprende entonces que, frente a las carencias sociales ineludibles, las medidas del Ejecutivo lleguen tarde, diluidas y sin convicción. La ciudadanía percibe que donde se necesita claridad hay ambigüedad, donde se requiere autoridad hay vacilación y donde se exigen soluciones hay discursos. La distancia entre el país real y el oficial se hace cada vez más extensa.

No se trata de restar valor a la cultura o a las artes; de hecho, en este caso hay alienación, cosificación y degradación de la persona. Se trata de algo más simple y más básico: gobernar con sentido de realidad. Comprender que, en tiempos de crisis, cada peso público debe estar orientado a aliviar emergencias y no a financiar expresiones de bagatela incomprensibles para la mayoría ni obsesiones de un pequeño círculo político. La pornografía financiada con fondos estatales no es solo un despropósito ético, sino también el símbolo de un gobierno que definitivamente perdió el rumbo.

Chile no necesita gestos ni discursos autorreferentes y tampoco relatos nostálgicos sobre las transformaciones profundas que pretendía realizar este gobierno. Lo que necesita son soluciones concretas a la inseguridad, el desempleo y el estancamiento económico, y un Estado que funcione con eficacia. Principio del formulario

La brecha entre las prioridades del gobierno y las necesidades del país ya no se puede soslayar. Cabe preguntarse cuánto tiempo más podría haber soportado Chile un gobierno que parece vivir en una realidad paralela si no estuviera a semanas de concluir. Porque, al tiempo que La Moneda justifica la insensatez de financiar dicho festival con total desparpajo, la ciudadanía sigue esperando algo elemental: que el gobierno se decida a gobernar.

Director ejecutivo Fundación Jaime Guzmán

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4 Comments

  1. Excelente. Por si las moscas, pareciera que 4 años de gobierno son suficientes, 5 habría sido terrible y seis una tortura……

  2. Tristemente no creo que este gobierno haya perdido el rumbo ni le falte sentido de realidad.
    Nos quieren llevar precisamente por ese rumbo de pobreza social y moral hacia la realidad que ellos aspiran: El control de las masas pobres, ignorantes y sin autonomía.
    En eso creen fervientemente.

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